Hace ya tres meses, un 61,8 % de los ciudadanos rechazó una propuesta constitucional que debilitaba nuestra institucionalidad y nos desmembraba como país. Se trató de un grito democrático que no puede ser desoído y que no sólo rechazó un fallido, desgastante y mal proceso constituyente , sino también rechazó situaciones cada vez más graves que atraviesan los chilenos en materia de inseguridad, inflación, educación y mucho más.
No hay duda alguna que necesitamos contar con una nueva Constitución , en un plazo breve y que no distraiga de las soluciones que requieren los chilenos. La negociación avanzó muy rápido para acordar los 12 puntos que hacen a la esencia de la Constitución y en el mecanismo de fiscalización de ese acuerdo.
Lo difícil ha estado en el procedimiento a llevar a cabo para contar con una nueva Constitución para Chile. Sorprenden los cálculos numéricos y especulaciones que se hacen en función de si son las derechas o las izquierdas quienes tengan mayoría en el número de constituyentes forzando a que el procedimiento que se elija sea el de otro proceso constituyente. Se cuestiona el rol de los expertos: que mejor sin voto, lo que quiere decir que no pueden defender lo que proponen y piensan. ¿Otro plebiscito de entrada? ¿Es eso lo importante para los ciudadanos? Se argumenta legitimidad democrática para sostener estos argumentos. ¿No es acaso legitima nuestra democracia representativa?
Se niega con estas dilaciones lo acordado en la sustancia que son los 12 puntos. Se niega nuestra democracia representativa, al no aceptar que sea el Congreso, democráticamente electo hace poco, el que asuma su poder constituyente. Se esgrime que la ciudadanía tiene un gran rechazo por el Parlamento.
Si dejasen de especular y hacer cálculos numéricos de conveniencias para derechas o izquierdas, y dejasen al Congreso trabajar seriamente lograríamos dos cosas: primero, recuperar la credibilidad en el mismo y que demuestre su capacidad de llegar a acuerdos y segundo, lograríamos que se proponga una nueva Constitución que exija una sola elección, que sería un plebiscito de aprobación de la misma y no atravesar otro caro proceso constituyente.
Esto es democracia. Es ocuparse de los problemas acuciantes que hoy atraviesa Chile y que requieren ir despejando el camino para avanzar concretamente en la solución de los mismos. No más sumas y restas. No más derechas o izquierdas. No dejemos de escuchar a los chilenos, a quienes nada le importan cálculos numéricos o especulaciones políticas que no resuelven su vida y sus problemáticas cotidianas.
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