-¿Está satisfecha con los contenidos del documento final del acuerdo constitucional, el Acuerdo por Chile?
-Creo que es un acuerdo razonable, partiendo de la base del tiempo que nos tomamos para llegar a él, sumado a que trabajamos en bordes o bases institucionales. Siempre uno puede pensar que pudo haber sido mejor. Pero, insisto, pienso que es razonable y que cumplió su objetivo, como es dar una ruta clara respecto de cómo sigue el proceso.
-Sin embargo, esa misma noche o al otro día de firmado el acuerdo aparecieron voces disidentes dentro del mismo oficialismo, ¿cómo se interpreta eso?
-Quienes estábamos representando a los partidos oficialistas en la negociación teníamos un mandato claro y llegamos al mejor acuerdo que podíamos conseguir en las circunstancias que teníamos. Creo que los disensos sobre el acuerdo se tienen que trabajar al interior de la coalición y no por los medios. Hay muchos entretelones, conversaciones, periodos, tiempo en que esto demoró. Entonces, ¿al otro día de firmado que salgan voces disidentes?…conversémoslo primero al interior del pacto y después vemos. No corresponde salir de inmediato a comunicarlo a la opinión pública.
-En el caso de la presidenta del Federación Regionalista Verde Social, Flavia Torrealba, advierte que el acuerdo se podría caer, ¿coincide con ella?
-¿Sabe lo que me pasa? Pienso que hay que aprender a ser Gobierno, con todo lo que eso implica. Cuando uno es gobierno, las discrepancias se trabajan al interior de su alianza y no las notifica por la prensa. Y trabaja incansablemente para que los parlamentarios se alineen.
-¿Coincide que este acuerdo limita la participación y el carácter del proceso, como lo ha afirmado Comunes?
-Creo que este acuerdo cumple con un principio, que era que fuera una convención electa, con apoyo de expertos que van a ser asesores y que van a tener una incidencia pero en un ámbito del desarrollo de la misma. Porque ese era el mandato de principio que nosotros teníamos y no de números. De modo que si alguien no está contento con el número, conversémoslo. Pero no hemos violado los principios que teníamos al comienzo de esta negociación.
-¿Qué pasa si las diferencias se profundizan? ¿El Presidente debe intervenir para ordenar la coalición oficialista?
-No sé si es el Presidente quien debe intervenir. Pero creo que el Ejecutivo debe procurar que los partidos del oficialismo nos ordenemos. Porque esto no puede ser la teoría del amante, que cuando estamos juntos es puro amor pero cuando nos separamos, cada uno por su lado. Esto es con costos, como el matrimonio. El matrimonio tiene cosas buenas y cosas malas, pero asumimos juntos todos los costos.
-El Presidente Boric dijo “es preferible tener un acuerdo imperfecto a no tener acuerdo”. ¿Es este un acuerdo imperfecto?
-Como todo en la vida. Es imperfecto, sí. Porque lo hicimos los humanos, con presiones, con cansancio, con posiciones distintas…Pero es un acuerdo. Y eso es lo valioso.
-El hecho que se haya restado un sector (Republicanos y PDG), ¿puede ser una causa de conflicto al momento del debate parlamentario?
-Si todas las fuerzas que concurrimos al acuerdo aprobamos la reforma, tenemos el quórum para hacerlo. Espero que una mayoría que trabajó institucionalmente para darle una respuesta a Chile, no use este momento para dividirse ni atomizarse por darse gustitos chicos. Eso sería dejar este proceso y lo valioso del acuerdo en manos de fuerzas más bien populistas.
-La existencia de 12 bases institucionales inamovibles e inalterables, ¿asegura que la mayoría de los chilenos podría confiar en esa propuesta de Constitución y aprobarla?
-Las 12 bases tienen dos cosas importantes: lo primero, es que se hacen cargo de aspectos que fueron complejos en el proceso anterior. En las bases se establece el tipo de país unitario, la separación de poderes, etc. Creo, además, que estas bases ayudan a circunscribir la discusión en lo que es una Constitución. Una Constitución no es un programa de gobierno ni programa de reparación para minorías o para personas determinadas. La Constitución es un andamiaje institucional para la convivencia. Y esas 12 bases son el rayado de cancha para escribir la arquitectura institucional.
-¿Y la presencia de expertos garantiza que se respete ese rayado de cancha?
-Los expertos, por sí solos, no garantizan nada. Lo que garantiza el éxito de este proceso es que estos expertos asesoren a toda la convención. Porque uno de los errores de la convención anterior fue que cada convencional que defendía su causa, su bandera, su dogma, tenía al lado asesores que reivindicaban o relevaban esa causa, esa bandera o ese dogma. El espíritu de tener expertos transversales para asesorar a toda la convención tiene que ver con personas que ayuden a mirar de manera más amplia y con experiencia en los temas en deliberación.
-¿Qué pasará con el proyecto en el Congreso? Ya hay voces de parlamentarios que advierten que, al no ser tomados en cuenta en el debate previo, usarán el derecho a introducir las indicaciones que les parezcan pertinentes, lo que no asegura una discusión legislativa rápida, como se ha propuesto el Gobierno.
-Se quiere hacer rápido porque queremos terminar este proceso en 2023 por razones obvias: Usted no puede tener a un gobierno estresado con elecciones todos los años. No se pueden juntar dos elecciones, un plebiscito constitucional y una elección municipal. Lo otro, es que fuimos los presidentes de partido los nominados para estas conversaciones. Entiendo que los parlamentarios tienen una voz, pero la obligación de los presidentes de partidos es interactuar con ellos para llevar esa voz al proceso. Pero ellos no son un poder aparte porque no es posible que el partido sirva para cuando lo tiene que llevar de candidato y después no le sirva y sea una estrella en el firmamento a la cual hay que consultarle todo.
-¿Es decir, deben acatar el acuerdo, sin discusión?
-No estoy diciendo que no haya que conversar con los parlamentarios ni tomarlos en cuenta. Lo que estoy diciendo es que este proceso de negociación se llevó adelante con la institucionalidad partidaria. Y parte del desorden que tenemos hoy día con los parlamentarios es por lo mismo. La verdad es que en Chile hace mucho tiempo se perdió el voto programático y se empezó a votar por figuras. Y espero que, por el bien de la democracia, avancemos en volver a votar por propuestas y no por rostros. Porque si cada parlamentario piensa que si alguien no tomó el teléfono y no lo llamó para preguntarle algo eso no es válido, entonces se complejiza mucho más la gobernabilidad democrática.
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