Éxito inicial: cifras positivas. El inicio de la vacunación masiva permite pensar por primera vez que la crisis sanitaria está más cerca de su fin que de su comienzo. Y aunque la cifra de vacunados total sigue siendo baja por ahora, es particularmente alentadora, pues después de un año dolorosamente negro, es la primera gran señal de que hay luz al final del túnel. Y a pesar de que aún queda un largo camino por delante, es probablemente el paso más importante que se ha dado hasta ahora.
Encuestas: un alza por defecto. Es en este contexto que el oficialismo tiene mucho que ganar. En parte, porque no tiene nada que perder. En los últimos dos años, tanto el Presidente como el gobierno han roto todos los récords de impopularidad. Obviamente, entonces, cualquier impulso positivo sirve para crecer. Y en este caso hay buenas razones para pensar que un incremento en la aprobación de la gestión del coronavirus podría llevar a un aumento en la popularidad general.
Chaquetas rojas: vuelve la eficiencia, el optimismo. Un factor que ayuda a explicar tanto los buenos resultados iniciales del proceso de inoculación, como la percepción de una buena gestión por parte del gobierno, es el retorno al modelo de las chaquetas rojas, que caracterizó tanto el primer gobierno de Piñera como el comienzo del segundo, y que había desaparecido ante la senda crisis política que se desató a partir del estallido social de octubre de 2019.
Riesgo: rencillas políticas, expectativas y promesas sin cumplir. Los riesgos no son solo técnicos. Hay mucho en juego políticamente. Hasta el momento la oposición ha cooperado, y los aplausos a la buena gestión inicial han sido transversales. Pero no tiene por qué siempre ser así. Pues, considerando que la masa de la vacunación ocurrirá en medio del intenso proceso electoral, podrían empezar a ganar tracción críticas nimias que no tendrían validez alguna en un año normal.
Oportunidad: potenciar a la derecha en el trecho final, dejar una marca. Los beneficios de conducir un proceso de inoculación exitoso no son solo para Piñera, son para todos aquellos que aún se identifican con el oficialismo. Pues, cualquier alza en la aprobación presidencial sin duda vendría con un alza de la aprobación al gobierno y al sector en general. Entre otros, se beneficiarían todos aquellos que buscarán disputar las elecciones de abril y noviembre bajo la etiqueta de la derecha.
El secreto: repartir las ganancias a todos los sectores. No queda espacio para errores-no-forzados. No queda tiempo para improvisar. Hacer uso político de la pandemia, como lo ha hecho el alcalde de Recoleta Daniel Jadue, podría ser devastador. Si el Presidente busca sobreexplotar su gestión, encontrará resistencia de todos aquellos que hasta ahora se han encausado para colaborar. Si insiste en capitalizar personalmente, la misma gente será la que una vez más le de la espalda.
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