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El resultado del 7 de mayo prolongará el Rechazo. Por Sergio Muñoz Riveros

Ex-Ante

La Moneda se está preparando para un nuevo trago amargo. Su aparato de comunicaciones, a diferencia de lo hecho para el plebiscito, no efectuó un esfuerzo especial para alentar la concurrencia a las urnas, con la esperanza de que, si vota menos gente, puedan mejorar las posibilidades de sus candidatos. Tienen suerte los partidos oficialistas de que la elección del próximo domingo no sea parlamentaria o municipal. Tienen suerte también de que la elección presidencial esté todavía lejos. Pero les conviene no abusar de la suerte.


Ansiosos por dejar atrás la derrota del 4 de septiembre, Boric y los partidos oficialistas convirtieron en bandera de emergencia el objetivo de “dar continuidad al proceso constituyente”, y se las arreglaron para pactar un nuevo experimento con la oposición sin pensar mucho en las consecuencias. Qué enorme ironía. Todo indica que lo que tendrá continuidad el próximo domingo será el Rechazo.

La Moneda se está preparando para un nuevo trago amargo. Su aparato de comunicaciones, a diferencia de lo hecho para el plebiscito, no efectuó un esfuerzo especial para alentar la concurrencia a las urnas, con la esperanza de que, si vota menos gente, puedan mejorar las posibilidades de sus candidatos.

¿Qué explicación darán los ministros del comité político en la noche de la elección? Probablemente, echarán mano a una forma singular de negacionismo: el resultado no toca directamente al Presidente, puesto que se trató de una competencia entre varías listas para elegir representantes en el Consejo Constitucional, un órgano creado por la reforma constitucional que aprobó el Congreso con el respaldo de los partidos opositores. O sea, el gobierno no tiene nada que ver con lo ocurrido. Ni ellos se lo creen.

El nuevo proceso fue una obsesión de Boric y los partidos que se jugaron por el Apruebo, precisamente para dar vuelta la página de la derrota y volver a respirar. El mandatario, además, extremó la utilización del poder presidencial para armar la lista del FA, el PC y el PS, con apoyo directo de la expresidenta Bachelet. Pero, no solo eso. La elección adquirió el carácter de un pronunciamiento ciudadano sobre la situación nacional y, especialmente, sobre el rumbo del gobierno.

Los partidos oficialistas se equivocaron medio a medio al creer que podían recuperarse de la derrota del plebiscito con una maniobra para lograr una especie de triunfo simbólico. Imaginaron incluso que así se perdería en la bruma la responsabilidad que tuvieron en la aventura refundacional de la Convención y en la elaboración del texto que trozaba a Chile. Sacaron pésimamente las cuentas. Recién se van dando cuenta de que el país no era el que pensaban.

Haber creído que el Rechazo era un hecho circunstancial y sin trascendencia, o consecuencia de la incomprensión de la gente de las virtudes del proyecto constitucional, o que se debió al hecho de que los líderes a veces se adelantan demasiado, como dijo Boric, ha conducido a las izquierdas asociadas a perseverar en el error. Si la realidad se resiste al paradigma luminoso que creen defender, pues peor para la realidad. Por eso, chocaron con el país real.

¿En qué punto se encuentra la reflexión de los asesores del Segundo Piso respecto de lo que viene? ¿Existe allí una reflexión verdadera, que trascienda los intereses de los partidos de gobierno y procure mirar a Chile globalmente? Sería valioso un intento de ese tipo. Desafortunadamente, no se divisa. ¿Qué es lo primero que deberían tener en cuenta? La necesidad de no generar dinámicas de inestabilidad que pueden causar grandes perjuicios al país (en la salud, en la minería, etc.).

Al gobierno solo lo favorece la estabilidad, y eso se juega en estos días en el plano de la seguridad pública. Se requiere restablecer la ley allí donde se vino al suelo. ¿Analizan en serio la situación de La Araucanía en La Moneda?

En la elección, gravitará fuertemente el deseo de orden y seguridad, el reclamo de poner freno a la delincuencia y la exigencia de controlar la inmigración ilegal. Está expresado en todas las encuestas y la campaña electoral lo reflejó elocuentemente, por encima de la cuestión constitucional.

De un modo u otro, volverá a expresarse en las urnas el sentir que sintetizó el Rechazo hace 8 meses. Hubo entonces y hay ahora una corriente muy amplia contra la violencia política, de resguardo y mejoramiento de lo que Chile ha construido en muchos años, a favor de las reformas que no desarticulen la vida nacional, de firme defensa de las libertades. Esa es la mayoría.

En este contexto, una proclama titulada “Abajo el espurio y antidemocrático Acuerdo Constitucional”, respaldada por dirigentes y agrupaciones de ultraizquierda, llamó a votar nulo. Fue firmada, entre otros, por el excandidato presidencial Marcel Claude, el académico Sergio Grez de la Universidad de Chile, el activista Dauno Tótoro y el exlíder del MIR Andrés Pascal Allende. También por varias agrupaciones, entre ellas el Partido Igualdad, la Lista del Pueblo y el Frente Patriótico Manuel Rodríguez.

El texto sintetiza el viejo programa de demolición que supuestamente hará surgir una sociedad igualitaria. Rezuma frustración porque los revolucionarios no se tomaron el poder en octubre de 2019, y un inconmovible resentimiento hacia lo que llama “el Chile de los 30 años”. Su llamado a votar nulo coincide con los efectuados por el exdiputado comunista Hugo Gutiérrez, la actual diputada independiente/PPD Camila Musante y el senador independiente Karim Bianchi. Y podría tener eco entre los votantes del Frente Amplio y el PC.

Tienen suerte los partidos oficialistas de que la elección del próximo domingo no sea parlamentaria o municipal. Tienen suerte también de que la elección presidencial esté todavía lejos. Pero les conviene no abusar de la suerte. Es evidente que el estado de agitación en que han vivido en estos años no les ha dejado tiempo para pensar en cómo aspiran a salir de todo esto.

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