Es cierto y así lo advertimos. Todo o casi todo lo relacionado con la conmemoración de los 50 años del Golpe le ha salido mal al gobierno y al presidente Boric. Hace ya meses, desde el discurso a la nación el primero de junio, que la ciudadanía venía sintiendo que el Mandatario, más que conmemorar republicana y sobriamente, buscaba sacar algún provecho político del 11S.
También es cierto, y también lo advertimos, que la pretensión de aunar una verdad histórica, aquello que no se había buscado ni para los 30 ni para los 40 años, terminaría abriendo un debate sobre las causas del Golpe y sus responsables que terminaría dividiendo al país. Así lo muestran hoy distintas encuestas.
Podríamos abundar en los errores del presidente. Todo ello es cierto y ha tenido consecuencias para el gobierno que ha visto aumentar su desaprobación y que, de acuerdo a la reciente encuesta Criteria, es conducido por el presidente que más ha afectado la convivencia entre los chilenos desde el retorno a la democracia.
Todo es cierto, pero también lo es que desde el momento en que ChileVamos le siguió el juego polarizador al gobierno, negándose a firmar un acuerdo conjunto, pasó también a ser cómplice de la creciente polarización que está intoxicando a la sociedad.
Porque al fin de cuentas, ¿quiénes podrían negarse a firmar conjuntamente un acuerdo tan básico como el de estos 4 puntos?
En un ambiente de polarización creciente, ¿quiénes podrían negarse a dar una señal de diálogo y acuerdo republicano al conjunto de la sociedad? Por de pronto, ninguno de los expresidentes se negó. ChileVamos sí, y optó por timbrar otro acuerdo que dice prácticamente lo mismo y alimenta el imaginario social de que nada más que adversarialidad es lo que se puede esperar de la política.
Acción y reacción. Ningún mínimo común para hacer frente a la fragmentación tribal. Cómplices activos todos de una polarización que peligrosamente está permeando a la sociedad. Eso hizo la clase política durante el gobierno de la UP, alentó la polarización social. Algo similar está haciendo el gobierno y la oposición a 50 años del Golpe. Juegan con fuego, lo saben, pero pareciera que no les importa. Hablan de aprendizajes, pero parece que no hubieran aprendido nada.
Ni sal ni agua para nadie. Ojo por ojo, diente por diente. Esa esa es la fumarola que ha terminado por impregnar el ánimo de diálogo entre los ciudadanos.
Eso al menos es lo que refleja una reciente encuesta de Criteria que aborda la polarización. Las personas no sólo creen cada vez menos en los políticos, sino que descreen más que hace unos años en el resultado de la acción de los políticos. Lo que digan ya da lo mismo. Los llamados a los acuerdos son frases para la galería, pantomimas o electoralismo populachero e inverosímil.
La rabia contra esa clase que no lucha por nadie más que por ellos mismos, por la casta como ya se la empieza a llamar, sólo crece y se expresa. Se expresa en el ánimo rechacista contra todo lo que del mundo político emane (¿no es eso lo que está pasando con el proceso constitucional?), en una demanda creciente por derivas autoritarias que se salten el parlamento y en una mayoritaria insatisfacción con el funcionamiento de la democracia.
Si lo anterior es preocupante, más lo es el que la sociedad parece haber perdido la inmunidad a la polarización. La gente cree menos que hace unos años en el valor del diálogo, en la disposición a dejarse convencer por los argumentos de los otros, en la diversidad de puntos de vista y en las soluciones comunes.
Y son las generaciones más jóvenes las que menos creen. La corrosiva polarización de la clase política está ganando adeptos entre la juventud e instalando una verdadera bomba de tiempo para nuestra convivencia y para la democracia.
Sí, llegó el momento en que la polarización está corroyendo a la sociedad y los cómplices de ello, de gobierno y oposición, ya están notificados. Es ahora cuando tendrán que demostrar si realmente algo aprendieron de los últimos 53 años de nuestra historia.
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