Chile Vamos, o la idea programática que desean representar, ya sea la centroderecha o una derecha liberal, está en su mejor momento. Su candidata lidera las encuestas y ha experimentado un aumento sustancial en todas las mediciones que hemos observado. Mientras tanto, su principal amenaza, el Partido Republicano con su candidato José Antonio Kast, se estanca o disminuye. De cara a octubre de este año, el oficialismo hace todo lo posible por mejorar la situación de la oposición.
Han quedado atrás los tiempos tumultuosos en los cuales los conflictos eran fratricidas entre Renovación Nacional y la Unión Demócrata Independiente, presentando candidaturas presidenciales más bien testimoniales o esperando beneficiarse del sistema binominal. También parecen lejanos los momentos complicados que Sebastián Piñera enfrentó durante su segunda administración, cuando ni siquiera logró contar con un tercio de sus congresistas para bloquear el primer retiro de fondos.
En este momentum, la figura del presidente Sebastián Piñera está íntimamente relacionada. No solo me refiero a su trágico fallecimiento, sino también a una de sus principales motivaciones: ampliar su sector hacia posiciones moderadas, incluso incomodando a la oposición. En estos días, les está yendo bien en ese aspecto; la firma del Compromiso por Chile selló lo que en algún momento también realizó el polo de centroizquierdas. Aunque mientras el PS y el PPD decidieron abrirse hacia la izquierda, Chile Vamos ocupa un espacio que parecía vacío, el de la moderación.
Estamos en un momento electoral, y la tentación será grande cuando se aborde la fórmula para obtener un mayor número de alcaldías y gobiernos regionales. Aunque la política tiene poco de testimonial cuando se trata de números, sería prudente reflexionar sobre los costos de los pactos por omisión. Las decisiones serán importantes; si todo sigue más o menos igual, están a poco más de un año de recuperar La Moneda, algo que en 2020 o 2021 parecía imposible.
En este escenario, es claro que el Gobierno y las coaliciones que lo respaldan también ayudan bastante. La primera semana de retorno a la realidad evidencia nuevamente fallos en la gestión y la política, lo que hace aún más fácil la tarea para la oposición. Chile vivió un proceso de búsqueda de cambios profundos; al poco andar, y motivados por los errores del oficialismo, el ánimo cambió. Primero con una eventual ola conservadora, pero ahora las aguas han tendido a calmarse.
Con todo, la centroderecha debe comprender que hay cuestiones que debe resolver antes de asumir el poder en 2026. Asimismo, debe demostrar signos de disciplina interna, algo de lo que carecen las izquierdas. Por último, debe estar dispuesta a dialogar más allá de cuestiones ideológicas-programáticas. La tarea es que este escenario positivo no sea efímero, sino consolidarlo.
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