Política para una izquierda racional. Con referencias actualizadas al libro Política para una izquierda racional (1993) del intelectual británico Eric Hobsbawm, el Socialismo Democrático elaboró un documento marcado por una profunda autocrítica y una alusión a la crisis de identidad del sector, al que identifican con una agenda más proclive con la de los siglos 19 o 20 que la del 21.
“Ñuñoismo o ñuñork”. “Para capturar el futuro es necesario reconocer la magnitud y las causas de la crisis del presente”, señala el Manifiesto. Es aquí donde abordan cuáles son sus valores permanentes, que contrastan con el ideario del Frente Amplio, el que no es citado en el documento de 9 páginas. Actualmente el FA está en proceso de unificación en una solo bloque político.
A continuación párrafos íntegros del texto, al cual tuvo acceso Ex-Ante.
Una evolución impulsada por la Inteligencia Artificial. “El Estado de bienestar europeo, las reformas profundas en Chile durante el siglo pasado, fueron producto de fuerzas socialistas con proyectos nítidos, en torno a los problemas del momento, en una constante representación del mundo popular. Pues bien, hoy en día carecemos de esos proyectos, aunque tenemos cada vez más pistas y sabemos más cosas de las transformaciones que están ocurriendo ante nuestros ojos. Sin que nos hayamos percatado, se instaló -de manera gradual, inicialmente de modo imperceptible- una evolución civilizatoria impulsada por la Inteligencia Artificial y nuevas tecnologías, que genera desafíos éticos y políticos fundamentales”.
Un socialismo desdibujado. “Se han desdibujado los conceptos de capitalismo y socialismo tradicionales, conformados en el siglo XX. El socialismo real fracasó, también el capitalismo neoliberal, aunque convengamos que su capacidad de resilencia y adaptación a nuevos estados del mundo es sorprendente”.
Un nuevo Estado de Bienestar: “Pretendemos salir del neoliberalismo, pero haciendo como si esa salida nos llevase automáticamente a una sociedad de bienestar. Pues no, no es así. Entre la salida del neoliberalismo y la edificación de una sociedad organizada por un Estado de bienestar, hay todo un trecho por el cual transitar”.
“Lenin y la negociación con los adversarios”. “Es fundamental que sepamos diferenciarnos sin complejos de la derecha, así como del formato neoliberal de organización del capitalismo. Una vez que lo logremos, a partir de las pistas que aquí estamos entregando, será posible avanzar en la construcción de grandes mayorías sociales sobre las que se asientan mayorías políticas, sin perder de vista que la cooperación y la negociación con quienes son nuestros adversarios naturales no constituyen coordenadas de traición, sino de progreso: si Lenin pudo diagnosticar el mal de la izquierda de su época en el lenguaje de “un paso adelante, dos hacia atrás”, proponemos invertir la fórmula en clave realista y racional, “dos pasos adelante, uno hacia atrás”, reconociendo que el cambio social está hecho de luchas en las que se gana y se pierde, pero en donde lo que manda es el norte, que nos permite aceptar retrocesos sin dejar de avanzar”.
No es solo el sufragio universal. “No hay avance democrático sin un futuro que oriente la acción conjunta. El socialismo democrático debe contribuir a un proyecto de futuro compartido y construido con vasta participación. Esta forma de enfocar el futuro exige grandes dosis de imaginación con suficiente capacidad de recepción por esos agentes imprescindibles que son los partidos. Es probable que este ideal de participación no descanse solo en el sufragio universal”.
La articulación público-privada: “Es esencial establecer nuevas formas de articulación público-privada para el desarrollo productivo y tecnológico y el progreso social en todo el territorio nacional. Esta colaboración ha sido descuidada por los sectores de izquierda tradicionales, aunque la reciente oficialización de la estrategia nacional del litio es una excelente fórmula para expresar la potencialidad de alianzas racionales entre actores públicos y privados, teniendo a la vista un interés común”.
Lea también: “¿Por qué el Socialismo Democrático se niega a poner orden en la casa? Por Kenneth Bunker”.
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