-Mientras la candidata Evelyn Matthei lidera las encuestas, la oposición sale mal parada. La desaprobación a este sector llega al 67 % según Criteria. ¿Hay una especie de desacople entre la presidencial y Chile Vamos?
-En primer lugar, los partidos políticos están mal evaluados desde hace décadas. Y de hecho, en los últimos cinco o seis años, no hay ningún cambio sustantivo que a uno le haga pensar que haya mejorado la confianza en los partidos. Sean del signo que sean. Qué mejor muestra de eso es la pequeña cantidad de militantes que tienen los partidos políticos respecto a lo que veíamos hace dos o tres décadas atrás.
Ahora bien, si los partidos están mal, uno podría predecir que el resultado en los votos no va a ser auspicioso. La verdad es que yo no creo que sea así. Lo central va a ser el relato que se construya en la campaña. En el caso de Chile Vamos el leitmotiv será el descontento que hay en relación al Gobierno.
-Sin embargo han habido fricciones para nominar al candidato en lugares como Santiago, Ñuñoa o Providencia.
-Pero no recuerdo una oportunidad en que ocho ex ministros de derecha estén participando en una elección. No es poco. Por ejemplo, Jaime Bellolio, Karla Rubilar, Sebastián Sichel. Y así sucesivamente. ¿Significa esto que el resultado está predicho? La verdad es que no, porque hay un problema que se llama Republicanos.
-¿En qué sentido?
-Claramente Republicanos es un partido que ha renunciado a sus pretensiones de ser gobierno. La caída de Kast en las encuestas es elocuente. Ya pasó el momento de José Antonio Kast. Chile Vamos, en cambio, quiere ser gobierno en las próximas elecciones. Al mismo tiempo, la renuncia de Republicanos a ser parte de un buque de futuro junto a la centroderecha, los obliga a trabajar para el partido y eso significa cierto grado de confrontación o conflictividad. Es probable que eso se traduzca en que la oposición pierda municipios importantes, como Concepción, y muchos otros lugares. Ese es el elemento complejo que enfrenta la derecha.
-Dices que el momento de Kast pasó. ¿Por qué?
-Lo que vemos es que Kast no ha logrado, después de la elección presidencial pasada, posicionarse como el líder. Porque incluso dentro de su partido hay sectores más radicales. Piensa en Kaiser y otros más que se han ido de frentón del partido. Creen que con un discurso bastante más radical pueden atraer más votos. De hecho, algunos han creído que esa fórmula a lo Milei podría funcionar en Chile.
-En contraste con Kast, ¿cuál es el momento que está viviendo la candidatura de Evelyn Matthei?
-Lo que sabemos es que hasta ahora Matthei aparece con mucha mayor intención de voto y confianza. Este último es un factor importante. Tú puedes tener un buen conjunto de votación probable, pero si no confían en ti no vas a crecer como candidato.
-El hecho de que la oposición sea tan mal evaluada, ¿se explica en parte por la performance en la negociación de ciertas reformas?
-No creo que en esta elección -ni en otras- lo central sea el tema legislativo. Al momento de votar, la gente no va a pensar si la oposición votó a favor de la isapre o no. Esa lógica es típica del romanticismo del Frente Amplio: “Nosotros tenemos principios y por eso votamos así”, dicen algunos en la izquierda dura. No creo que esa actitud les vaya a favorecer para que saquen más concejales o más alcaldes.
Cuando yo le pregunto a una persona ¿usted cómo evalúa la oposición? Responde: “Mal, muy mal”. ¿Y cómo evalúa el Gobierno? “Mal. Muy mal”. El punto es que en la elección municipal no estás eligiendo entre oposición y gobierno.
Además, no hay que olvidar que nunca las personas tenemos la oportunidad de votar entre lo mejor y lo peor, sino que siempre tenemos que elegir entre lo malo y lo menos malo. Es la vida cotidiana de todo elector. Estamos condenados a eso. El asunto no es tan lineal como la gente a veces trata de leer la política. Esto tiene que ver con otro tipo de consideraciones. A veces tiene que ver con rabia o con emociones de afecto.
-Según analistas, la derecha llega con expectativas para esta elección municipal. Incluso Tatiana Urrutia (RD), del oficialismo, dijo que “probablemente vamos a perder”. ¿Qué te parece?
-Bueno, eso es una mala declaración. No puedes hablar como analista cuando te dedicas a la política. Es un craso error. Y obviamente con esa frase debilitas moralmente a tus propios sectores. Es como ponerse el parche antes de la herida, pero la política es un poquito más sofisticada que lo que plantean algunos en el Frente Amplio.
-En el oficialismo, de hecho, hay una cierta dificultad para tener un candidato fuerte para las presidenciales. Bachelet bajó nueve puntos en la última Cadem. ¿Cómo ves ese vacío de liderazgo en la izquierda?
-Yo creo que es un hecho de la causa. Ahora, hasta el momento Bachelet ha sido la candidata de izquierda más fuerte, la que tiene más fortalezas. Sin embargo, también hay una suerte de cansancio por parte de la población, de ciertas candidaturas. Pero esa orfandad que tiene el oficialismo es un dato de la realidad.
-¿A qué crees que se debe?
-Tiene que ver con esta carga que significa ser gobierno. Estar en La Moneda en estos tiempos no es fácil. Más aún cuando tienes una situación económica pobre. A veces se dice que está mejorando, pero esa mejora es lenta y el nivel con respecto al cual está mejorando es muy bajo. El termómetro de la gente es el bolsillo. Y ese bolsillo tiene ciertas restricciones. Entonces, si tú antes ganabas 100, después ganaste cero y ahora ganas 50, igual sigues pensando en los 100 que ganabas antes. Porque con esos 100 pagabas una serie de cosas que eran tus gastos cotidianos.
En definitiva, ser gobierno es complicado. Yo creo que queda en evidencia la falta de sofisticación por parte de ciertos sectores del oficialismo. Sobre todo en el frenteamplismo, los grupos vinculados más a lo que se ha llamado el octubrismo, que nacieron en la oposición y se acostumbraron a eso. Pero cuando estás en el gobierno cambia completamente tu perspectiva.
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