En su último número, la revista The Economist publicó un artículo en el que recogió datos de un estudio que realizamos en Seminarium, que llamamos “Seminarium Index: Radiografía de la educación de los líderes políticos del mundo”.
La idea de realizar este estudio surgió con posterioridad a la publicación del mismo informe, pero para los líderes políticos chilenos. Teníamos comparaciones transversales para Chile entre décadas, pero no con el resto del mundo así es que -con la colaboración de alumnos de Sociología de la PUC, liderados por Carl Berndt- nos aventuramos en hacer una comparación de nuestras cifras con las globales. El estudio fue publicado por The Economist, junto a otras investigaciones, en su edición de esta semana.
Las principales conclusiones de la investigación indican que la educación de los políticos de los países alcanza niveles más altos que los que exhibe la población. La diferencia es máxima en países eslavos y asiáticos y entre los más bajos una mezcla de países en que figuran India y Tanzania y tres países europeos desarrollados.
Una similitud notable que se produce con esta mirada, es en el porcentaje de nuestros políticos que tienen postgrados. En efecto, en Chile el porcentaje alcanza un 41%, un punto más que la cifra global. Sin perjuicio de estos números, el porcentaje de políticos con educación superior o más es significativamente mayor en Chile: 92% versus 78% en el mundo como promedio. Lo anterior, que pareciera en una primera mirada ser beneficioso, refleja una distancia entre la educación de la clase política chilena mayor que la del resto del mundo respecto de la población en general.
En términos de edad, nuestra clase política es igual a la que se observa globalmente; 52 años en promedio en Chile misma cifra que en el resto del mundo.
Otra favorable comparación se produce en el género. En Chile un 37% de la clase política está compuesta por mujeres, mientras que en el resto del mundo la cifra es de 27%.
En sus hipótesis respecto de las cifras, The Economist plantea que la clase política es una elite, que es difícil entrar sin embargo a la papeleta si no se tiene condiciones de educación de elite y que por tanto este fenómeno podría ser una señal más del divorcio entre los intereses de los políticos en relación a las de la gente común y corriente. Siguiendo esta línea de análisis, la elite política chilena está aún más distanciada de la población respecto del nivel educacional el cual es de 75%, mientras que en promedio, en el mundo, esta es de 63% cuando se toma el nivel educacional de pregrado o superior.
Esta situación podría explicar la merma de la votación que se observa en varios países del mundo para los sectores progresistas. Se podría decir que influidos por sus niveles de educación, los progresistas han tenido una tendencia a hablar más en lenguaje intelectual y menos en el lenguaje que interpreta a la población.
De acuerdo a las cifras del estudio de los políticos chilenos que hicimos en Seminarium, esta distancia educacional se acorta en la medida en que los cargos de elección popular se acercan al nivel local. En efecto, mientras la diferencia es máxima entre los niveles educacionales a nivel ejecutivo y legislativo -73% de diferencia-, cuando se llega a nivel de alcaldes, la misma se reduce a un 46%, al considerar en ambos casos el porcentaje de cada grupo que tiene al menos educación superior completa.
Una discusión en términos similares está ocurriendo en círculos intelectuales respecto del análisis de los resultados electorales. Lo que este estudio sugiere no es que ser sobre educado sea perjudicial para trabajar en la política. A nuestro juicio, (tal como dijo Oscar Wilde uno nunca está sobre vestido o sobre educado), lo que falla es reconocer que el ciudadano que vota es a quien se debe servir y no usar la mayor educación o las posiciones de poder para probar diagnósticos de laboratorio o servir mezquinos intereses personales. Es para resolver los problemas de los ciudadanos para lo cual son electos los políticos de Chile y del mundo.
Revise a continuación el documento íntegro:
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