La relación entre la DC y el PS se parece a la que habría existido entre Brutus y Julio César si éste último hubiese sobrevivido al intento de asesinarlo. La centroizquierda quedó en el peor de los mundos: desprestigiada por una movida política amateur, vil y mal ejecutada.
La traición del PS. Tras el apabullador triunfo electoral del Partido Comunista y el Frente Amplio en las elecciones de constituyentes, alcaldes y gobernadores la cúpulas de Partido Socialista (hoy denominado “el partido de Allende”) resolvieron , en secreto y sin avisarle a sus socios de Unidad Constituyente cambiarse de caballo. Es decir, tirarle la cadena a la alianza con la Democracia Cristiana que dio gobernabilidad a Chile por 35 años y revivir la vieja e histórica alianza con el Partido Comunista, sumándose a la primaria única de la izquierda con su candidata Paula Narváez.
El comienzo del fin: Con el advenimiento del segundo gobierno de Michele Bachelet todo cambió. Renació la vieja izquierda “revolucionaria” nostálgica de la Unidad Popular que reanudó sus lazos con el Partido comunista en desmedro de la Democracia Cristiana; se puso término a la Concertación, surgió la Nueva Mayoría y se construyó un relato negacionista de los enormes logros de la transición, denostando a sus líderes.
El golpe: En solo cuestión de horas, como se hacen los golpes de estado, Elizalde comunicó a una atónita Carmen Frei su giro estratégico.
El portazo que Elizalde no esperaba: Pero faltaba lo peor. Ni es sus peores pesadillas el senador Guido Girardi ni Francisco Vidal, guaripolas de la radicalización del PPD, dispensadores por años de certificados de “izquierdismo” y lealtad política, imaginaron que serían expulsados del paraíso por el Partido Comunista que hoy maneja sus llaves, como indeseables políticos tóxicos, representativos del antiguo régimen que el pueblo acababa de repudiar en las elecciones.
El fracaso: El veto al PPD descolocó totalmente a Elizalde; era inasumible para él. Su golpe fracasó y lo obligó a buscar refugio en la incendiada, maltrecha “Unidad Constituyente”. La traición era demasiado audaz, con demasiados cadáveres en el camino. Elizalde (que ya había degollado a Ricardo Lagos por Alejandro Guillier) es el malo de la película, el victimario en todo este vergonzoso episodio.
Los malos de la película: El Partido Socialista y Girardi han tratado de culpar el Frente Amplio y al PC de lo ocurrido, pero eso objetivamente no es verdad. Heraldo Muñoz nunca fue partidario de hacer una lista única con la extrema izquierda y esa era la postura oficial de su comando.
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