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Junio 21, 2025

Jeannette Jara y el almacenero. Por Andrés Velasco

Decano de la Escuela de Políticas Públicas del London School of Economics and Political Science (LSE)
Jeannette Jara durante su campaña en un "casa a casa" en Puente Alto. Foto: Agencia UNO.

No hay una meta específica o un indicador cuantitativo con el que se pueda medir el desempeño de un eventual gobierno del Partido Comunista. Menos aún algún indicio de cómo se pretende hacer lo que Jara propone o cuánto costaría. Los únicos números en el documento son el 1 de la primera medida, el 2 de la segunda, y así sucesivamente. Ahora, no por breve el documento carece de malas ideas.


Después de escuchar a Jeannette Jara, un almacenero tiene una idea brillante: se hará rico vendiéndole a quienes viven en su cuadra, y a nadie más.

La idea es tan brillante que el almacén pierde la gran mayoría de sus clientes, y a poco andar entra en bancarrota y debe cerrar sus puertas.

Es la propuesta principal del programa de Jara: “un modelo de desarrollo guiado por la demanda interna”. Suena bonito, pero no es otra cosa que la estrategia del almacenero. Todo Chile junto equivale a 0,3% de la demanda mundial (así es: menos de un tercio de 1%). ¿Es imaginable prosperar si nos “guiamos” por esa demanda interna y nada más?

Me lo dijo un amigo periodista: para eso tendríamos que comernos todos los salmones y tomarnos todo el vino. Un agrado, pero al día siguiente la “mona” sería monstruosa.

Lo que más arriba llamé el programa de Jara en realidad no es tal cosa. Se trata de un texto breve, lleno de declaraciones genéricas (“impulsaremos” tal cosa, “lideraremos” tal otra, “consolidaremos” la de más allá) y casi nada concreto.

No hay una meta específica o un indicador cuantitativo con el que se pueda medir el desempeño de un eventual gobierno del Partido Comunista. Menos aún algún indicio de cómo se pretende hacer lo que Jara propone o cuánto costaría. Los únicos números en el documento son el 1 de la primera medida, el 2 de la segunda, y así sucesivamente.

Ahora, no por breve el documento carece de malas ideas.

En materia previsional, la ex ministra Jara, principal negociadora de la reforma de pensiones recién promulgada, nos dice ahora que quiere eliminar las AFPs. En esa reforma las AFPs mantuvieron el nombre, pero cambiaron en lo sustantivo: de aquí en adelante tendrán que competir en licitaciones junto a muchos otros oferentes, con el beneficio casi cierto de que los ciudadanos pagarán comisiones más bajas y las utilidades de las administradoras serán menores. Parece un logro, pero ahora la negociadora de la reforma afirma que estuvo mal hecha. Cuesta entender la ilógica de tamaña vuelta de carnero.

En materia laboral, la candidata del Partido Comunista reflota demandas del siglo pasado: incrementos insostenibles en el salario mínimo, eliminación del tope de 11 años en las indemnizaciones, reducción de las causales de despido y negociación ramal. Al almacenero no le habría gustado ninguna de ellas: le resultaría imposible negociar sueldos junto a Walmart y Cencosud, y reemplazar a un vendedor que saca la vuelta podría costarle todo su capital en pago de indemnizaciones.

Los principales perjudicados con esas medidas serían los jóvenes y los trabajadores con menos calificaciones, a quienes les resultaría difícil encontrar empleo. Pero nada de eso parece importarle a la exministra Jara.

Y a propósito de ideas del siglo pasado: la candidata del Partido Comunista propone nacionalizar el cobre y el litio. No hay problema conceptual con que algunas empresas mineras sean públicas. Pero…. ¿cómo harían esas empresas nacionalizadas (contra la voluntad de sus actuales dueños) para atraer inversión y para obtener las tecnologías de punta que el país no tiene?

¿Cómo podría una empresa nacional del litio (que aún no comienza a diseñarse) aprovechar la breve ventana de oportunidad que ofrece ese mineral, y que los cambios tecnológicos pronto podrían cerrar?

El documento de Jeannette Jara no se da la molestia de explicarlo.

Leyendo este cuasi programa uno entiende por qué Carolina Tohá dijo lo que dijo de Jara: “Representa a un sector que, donde ha gobernado en el mundo, los países se han estancado socialmente y ha cundido la pobreza”.

El sector en cuestión no solo aplica políticas insensatas. Además acaba con la libertad, amordaza a quienes piensan libremente y empuja a la gente al exilio. Un ejemplo es Venezuela, donde siete millones de personas han debido salir del país y el producto nacional es un quinto de lo que fue antes de Chávez y Maduro.

Los voceros de la campaña de Jara dicen que esta crítica no es justa, porque China y Vietnam son países comunistas que crecen. Cuesta saber si es una objeción seria o un chiste de dudoso gusto.

En China y Vietnam los partidos gobernantes aún cargan con la etiqueta de comunistas, pero las economías son capitalistas a más no poder. Se trata de un capitalismo de amiguetes, como dicen en España: con negocios privilegiados para los compinches y sin tribunales autónomos, sindicatos libres o normas ambientales creíbles.

Si el PC aboga por ese tipo de sociedad, con operarias encerradas en los talleres para que no dejen de producir ¿puede alguien creer que es el partido de la clase trabajadora?

Para el que piense que mi crítica es sesgada: reconozco que el documento del PC contiene un par de ideas interesantes.

En materia de probidad, propone la pérdida de derechos políticos para quienes malversen recursos públicos. Una propuesta digna de estudio que —sospecho— no será del agrado del exalcalde Jadue.

El PC también propone reformar el sistema político, “fortaleciendo partidos programáticos, estableciendo listas cerradas, y la pérdida de escaño en caso de renuncia o expulsión”. Esa reforma podría generar un sistema menos fragmentado, con partidos políticos más serios. Tendría muchos beneficios. Uno de ellos: evitar que se constituya una mayoría parlamentaria populista para aprobar medidas tan nefastas como las que plantea Jeannette Jara.

El balance global no podría ser más claro: en la primaria de la izquierda y el centro hay solo una candidatura sensata, con una plataforma programática plausible: la de Carolina Tohá. Por ella votaré, con entusiasmo, el próximo domingo.

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