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Junio 22, 2025

Matthei: dualidad, consistencia o cambio de libreto. Por Jorge Ramírez

Cientista Político. Libertad y Desarrollo.

Mientras Kast avanza con paso firme, Matthei navega entre múltiples registros, sin terminar de consolidar un perfil presidencial reconocible. En tiempos de definiciones, los electores no premian la ambigüedad calculada: tienden a votar por la coherencia. Quizás sea tiempo de un cambio de estrategia, porque en el pasado la centroderecha ya ha pagado caro la confusión de libreto.


¿Quién es Evelyn Matthei? La respuesta no es obvia. ¿Es Evelyn? La alcaldesa carismática, que diseña sus blusas, jardinea, cocina en un programa de televisión y es capaz de vestir un chaleco reflectante para escapar corriendo de la prensa y dirigir el tránsito de las arterias de Providencia en pleno estallido. ¿O es Matthei? La exparlamentaria y ministra, que propone medidas, se despliega en el norte para presentar un plan que blinda la frontera, busca edificar una megacárcel en el desierto y lidera un dream team económico para reactivar la alicaída actividad productiva del país.

Las encuestas muestran un cambio de tendencia: quien ha pasado al alza no es un candidato dual, sino uno cuya fisonomía política no varía según el prisma desde el cual se le observe: José Antonio Kast. Ante la dualidad y la consistencia, los electores parecieran estar privilegiando esta última.

La virtud de Kast no es otra que haber transformado una amenaza incipiente —como lo fue el ascenso del libertario Johannes Kaiser— en una oportunidad para proyectarse como un candidato más serio, con más temple y menos estridencia. Ello le ha permitido ofrecer una imagen de mayor moderación en las formas, porque en el fondo su convicción no se altera: ante problemas radicales como el crimen organizado, la inseguridad, la permeabilidad de nuestras fronteras y la fragilidad de la actividad económica, las respuestas no pueden ser moderadas.

Además, Kast ha elaborado una estrategia invariable, centrada en propuestas alineadas con sus principales atributos y fortalezas, que coinciden con las principales preocupaciones ciudadanas: seguridad, control migratorio y crecimiento económico. Alejándose, por cierto, del rol polemista con el Gobierno y perfilándose con una estatura presidencial más definida.

En contraste, Evelyn Matthei comienza a ver en una de sus principales fortalezas —esa dualidad entre una alcaldesa cercana y carismática, y una líder con autoridad— una dificultad. Su campaña ha experimentado un desbalance entre esa faceta más blanda, lúdica, basada en su experiencia municipal, y una dimensión presidencial más sustantiva, centrada en propuestas. Esto ha redundado en una campaña con dificultades para proyectar una estrategia clara, en la que a menudo predomina la reacción frente a la coyuntura por sobre una agenda de corte más propositiva y programática.

Mientras tanto, algunos personeros de Chile Vamos cometen el error de augurar un escenario de agitación social e ingobernabilidad similar al del estallido, en el caso de que Kast triunfe en la presidencial. Aquello no solo refleja a una derecha presa de miedos y complejos, que se autoinhibe de la posibilidad de gobernar si no complace a los instintos tribales de la izquierda radical, sino que además aleja a Matthei de la base del electorado de derecha, que necesitará no solo para pasar a segunda vuelta, sino también para ganarla.

El libreto empleado en el pasado por las campañas de Lavín y Sichel es el que hoy está deprimiendo las opciones de Matthei. Quizás el problema de su campaña vaya más allá de la dualidad de su diseño, y se vincule al temor de su sector a abrazar con claridad una dirección. Mientras Kast avanza con paso firme, Matthei navega entre múltiples registros, sin terminar de consolidar un perfil presidencial reconocible. En tiempos de definiciones, los electores no premian la ambigüedad calculada: tienden a votar por la coherencia.

Quizás sea tiempo de un cambio de estrategia, porque en el pasado la centroderecha ya ha pagado caro la confusión de libreto.

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