De todos los escenarios electorales posibles, parece haber solo uno inevitable: que Jeannette Jara estará en la segunda vuelta. Más allá de eso, todo parece estar abierto. En la derecha, el orden puede revertirse de la noche a la mañana, y en el centro, cualquier cosa puede pasar. Por lo mismo, a esta altura de la elección, lo que queda por definir es ¿quién acompañará a Jara en la segunda vuelta?
En las próximas semanas y meses se escribirá mucho sobre esto: desde las rencillas y la disciplina en la derecha, hasta la rareza de tener dos candidatos antisistema más moderados que los tres candidatos que encabezan las encuestas. Por lo mismo, por ahora, lo importante parece ser examinar lo único que sabemos con algún grado de certeza.
Así, vale la pena preguntarse no solo por la naturaleza de Jara, sino también por lo que puede, o está dispuesta, a hacer para asegurar su paso a la segunda vuelta.
Sobre lo primero, su naturaleza, es relevante entender el marco en que se desenvuelve. No es un dato menor que milita en el Partido Comunista desde los 14 años. Hacerlo subestimaría el nivel de disciplina que tiene, y el grado de fieldad que tiene con su partido, que incidentalmente, no es solo un partido más, sino el partido ideológicamente más dogmático y programáticamente consistente que ha existido y existe en Chile.
El PC es, por lejos, el partido que ha cambiado menos en su historia, y no es por error, es por diseño. No es que las ideas de Marx hayan sobrevivido a la prueba del tiempo gracias a sus resultados; es porque las cúpulas comunistas se han negado a dejarlas morir.
Hay una trazabilidad casi perfecta entre lo que era el Partido Comunista de mediados de siglo pasado y el actual. Esto no significa que los demás partidos carezcan de convicciones o principios, sino que, son simplemente más capaces de adaptarse a los tiempos que corren.
Volviendo al punto central: no da lo mismo que Jara sea comunista. Esto implica que su posición política será más rígida que la de otros candidatos desde el inicio, y que sus propuestas e ideas provendrán directamente del comité del partido.
Si hay alguna duda, basta con revisar lo ocurrido esta semana en un foro presidencial: la candidata declaró ante la audiencia que no estaba a favor de la nacionalización del cobre, aunque su programa, presentado al Servel, dice exactamente lo contrario.
La medida número 10, de su lista de 20 medidas prioritarias, establece con claridad que, de ser elegida presidenta, no solo nacionalizará el cobre, sino también el litio.
Esto deja dos posibilidades: o la candidata desconoce el programa que ella misma le presentó hace un par de semanas al Servel, o intenta distanciarse de su pasado porque entiende que le perjudica electoralmente. Ninguna alternativa es mejor que la otra: si no está actuando como emisaria del Comité Central, está haciéndose pasar por alguien que no es.
No hay una peor que la otra. Si no viene con un mandato explícito del comité central, está tratando de engañar a los chilenos.
El precedente es peligroso por múltiples razones, entre ellas por lo peligroso que resultaría abrirle las puertas a un partido que no solo no ha mejorado ningún país por el cual ha pasado, sino que además lo ha conducido, inequívocamente, al autoritarismo y la decadencia.
Diego Ibáñez, el ex presidente de Convergencia Social, partido asociado con ProCultura hasta antes de desaparecer del mapa, sostuvo esta semana que el Partido Comunista “siempre ha sido socialdemócrata”, lo que no solo confirma que es parcialmente correcto que la candidata está mutando pero además constata que la estrategia del Frente Amplio y el Partido Comunista de neutralizar y reemplazar a su competencia está sana y en marcha.
Por lo mismo, pareciera ser buena hora para que el socialismo democrático se ponga a pensar si Jara es lo que de verdad les conviene.
Claro, hay una afinidad política natural entre ambos sectores luego de haber compartido el poder los últimos años, pero, al mismo tiempo, es tan obvio lo que está pasando que simplemente abre la interrogante si la centroizquierda entiende no solo las consecuencias para el país de apoyar a tal candidata sino también las implicancias para su propia supervivencia.
Lamentablemente, todo apunta a que la reflexión nunca llegará a materializarse, en tanto los principales delegados y administradores de la ex Concertación, la élite política e intelectual que va quedando al menos, parecen estar más preocupados de no perder lo que poco que les va quedando, que de dar la pelea haciendo no solo lo que deberían sino también lo que les conviene.
La burda impostura “socialdemócrata” de Jeannette Jara. Por (@jschaulsohn). https://t.co/vK0bRTtzIA
— Ex-Ante (@exantecl) August 8, 2025
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