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Agosto 10, 2025

Jara: fraude programático. Por Jorge Ramírez

Cientista Político. Libertad y Desarrollo.
Jeannette Jara durante un encuentro esta semana con estudiantes de la Universidad de Valparaíso. Foto: Agencia UNO.

El bochornoso episodio en torno al programa de Jara no solo le hace un flaco favor a su propia credibilidad como candidata; también contribuye, en una dimensión más profunda, a degradar la política como un espacio de deliberación mínimamente honesta.


Siete páginas con un diagnóstico: la vida de los chilenos está marcada por los abusos. Un compromiso: que las familias trabajadoras tengan una vida digna.

Contenidos, ideas y propuestas de política: salario vital de 750 mil pesos, crecimiento económico sostenido en la demanda interna, impuesto a los súper ricos, negociación ramal, entre otras. Escuetas y todas malas ideas para Chile, por cierto, pero una “plataforma programática”, a fin de cuentas, como se titula el documento que la abanderada del Partido Comunista inscribió en el SERVEL para las elecciones primarias, como obliga nuestra legislación electoral.

Lo que no obliga la legislación es a leerlo, ni menos a ser fiel a él. Aquello queda en el ámbito de la honestidad intelectual, la responsabilidad política y un mínimo de coherencia.

Habíamos conocido casos también en el mundo de las izquierdas y centroizquierda de presidentes de partidos que no leyeron el programa de gobierno de su abanderada, como aconteció con Ignacio Walker al apoyar el segundo gobierno de Michelle Bachelet bajo el alero de la Nueva Mayoría, pero lo que sucedió esta semana en el seminario de la minería desarrollado en la Universidad Católica es realmente inédito.

Jeannette Jara negó tajantemente que durante la elección primaria del oficialismo se haya abordado la idea de nacionalizar el cobre y el litio, en circunstancias de que su plataforma programática lo dice textual, como bien se lo recordó José Antonio Kast: “promoveremos una minería sustentable y con valor agregado, nacionalizando el litio y el cobre”. Jara incluso fustigó al candidato del Partido Republicano indicando que “yo lamento cuando el debate obliga a tener que desmentir cosas que se tiran al aire, a la pasada y un poco a la maleta también”.

Luego, al quedar de manifiesto su falta a la verdad, reconoció el error, sin señalar cuál fue éste: ¿haber incluido la nacionalización del cobre? ¿no manejar los contenidos mínimos de su breve programa? ¿haber acusado a Kast de “maletero”?

Sin duda que estamos ante un inédito caso de fraude programático. Promover propuestas en la antesala de una elección, para luego no solo no hacerse cargo de ellas, sino que negarlas públicamente. Cuando la política se transforma en aquello, queda reducida a un mero juego de imposturas, una puesta en escena lamentable para el camuflaje de ideas y un juego de máscaras para ocultar sus verdaderos propósitos.

Tras su impasse, resulta completamente atendible preguntarse: ¿Quién es Jeannette Jara? ¿Cuáles son sus reales ideas para el país? ¿Son las contenidas en las siete páginas de su programa comunista o las múltiples correcciones y objeciones que, por ejemplo, su propio encargado económico Luis Eduardo Escobar se ha encargado de dar a conocer urbi et orbi?

Jara parece hacer gala de esa cómica frase de Groucho Marx que decía: “Estos son mis principios; si no les gustan, no se preocupen, tengo otros.” La abanderada oficialista ha montado una candidatura programáticamente falsa, es decir, una que no es honesta ni fiel a su ideario ni a sus propuestas. Porque renegar del programa es faltar a la promesa sobre la cual descansa el acto de la representación política, suponiendo que esta se trata precisamente de ideas y no solo de carisma, afectos y meras señales de empatía.

El bochornoso episodio en torno al programa de Jara no solo le hace un flaco favor a su propia credibilidad como candidata; también contribuye, en una dimensión más profunda, a degradar la política como un espacio de deliberación mínimamente honesta.

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