-Los colegios particulares critican el dictamen 75 de la superintendencia porque pone en riesgo su viabilidad financiera y les exige mayores desafíos, como discernir la situación económica de los apoderados. Cual es tu opinión?
-Sin ser abogado, me parece que contraviene la ley. Ésta permite cobrar copago bajo ciertas condiciones. Si yo permito el cobro, debo permitir todo aquello que se sigue del cobro (por ejemplo, que el no pago tenga consecuencias). Supongo que la intención es buena, pero el resultado inevitable será un empobrecimiento de aquellos establecimientos que se verán en dificultades para cumplir su propia misión.
Dado que el Estado no cuenta con margen para suplir esos recursos, resulta al menos injusto que imponga a otros esa obligación. Dicho sea de paso, el Estado no tiene problema alguno en rematar casas en caso de deudas por contribuciones, así sea la primera vivienda.
-Además de extralimitarse la Superintendencia -según varios observadores-, ¿el dictamen vulnera la libertad de enseñanza que ampara la Constitución?
-Sí, me parece que vulnera la libertad de enseñanza y afecta directamente a un grupo de colegios que lo hace razonablemente bien, pero que requiere de recursos para seguir cumpliendo con su labor. La supertintendencia no puede ir contra la ley y la Constitución, debe aplicar las leyes. Me parece que está yendo mucho más allá de sus atribuciones.
-El ministro de Educación y el Colegio de Profesores apoyan el dictamen que exige no desvincular a niños por problemas económicos. ¿Hay exceso de ideología en el gremio o en la cartera?
-El apoyo explícito del ministro a la medida mostró que acá hay una agenda: todos sabemos lo que piensa el gobierno. Ahora bien, si ellos quieren eliminar ese copago, deberían ir al congreso y defender su argumento. O bien, suplir con fondos estatales la disminución de recursos que le están imponiendo a terceros. En todo caso, la declaración del ministro, en orden a que esto no producirá ningún efecto, es puro realismo mágico: es evidente que estas decisiones inciden en las conductas de las personas. Esos colegios sufrirán dificultades a partir de esto, dificultades que el ministro no va a asumir.
-Respecto de la campaña electoral, en la derecha hay bastante tensión. Desormeaux dijo que un posible triunfo de Kast traería menos paz social. ¿Ves un riesgo de canibalizarse, fantasma que suele acechar al sector?
-El argumento de Desormeaux me parece delicado: la democracia supone respetar al que gana con votos. Esas son las reglas, y patear el tablero no forma parte de ellas. Yo creo que debería insistirse en ese aspecto. Ahora bien, también es cierto que el último gobierno de centro derecha no garantizó la paz social: acá el problema es estructural y no tiene que ver con tal o cual persona, más allá de las debilidades del mundo republicano.
Como fuera, el problema central de la derecha, a mi juicio, es generar las condiciones para contar con algo así como una mayoría políticamente operativa. Si gana Kast, necesitará a Matthei y ChileVamos; y, si gana Matthei, necesitará a Kast y republicanos. Ese es el dato fundamental que, me temo, muchos olvidan al fragor de la campaña. Mirarse el ombligo no le sirve a nadie, me parece.
-A su vez la campaña de Jara dice que con Kast habrá un retroceso de beneficios sociales. ¿Hay una campaña del terror en ambos lados?
-Supongo que es el tono propio de toda campaña, pero vuelve difícil una auténtica deliberación política. Hasta ahora, hemos visto poco debate de ideas, y yo espero que eso cambie. En todo caso, la izquierda debería comprender que el ataque al adversario (propio de las campañas) no basta de cara a una elección: hay que proponer algo positivo, ofrecer una narrativa. Ese es el desafío. La ficha del antifascismo ya fue empleada, y me temo que no servirá una segunda vez.
-¿Crees que Jara ha sido torpedeada por el PC o más bien es una estrategia política de Lautaro Carmona para defender la identidad del partido y su suerte electoral?
-Ambas cosas son compatibles. Carmona quiere preservar la identidad de su partido, quiere defender las tesis históricas de su partido, y la candidatura de Jara no es funcional a esos objetivos. Por ese motivo el PC se resistió mucho a su candidatura desde un inicio. Si a eso le sumas que sus perspectivas de triunfo son bajas, tienes la tormenta perfecta. Creo que vale la pena hacerse esta pregunta: en caso de derrota, ¿qué papel jugará Jara en la reconfiguración de la izquierda y al interior del PC? Me parece que eso es lo que está en juego, y esa es la pregunta que Carmona está intentando responder. Su respuesta es clara: no quiere dejarle a Jara ningún espacio para esa discusión post elecciones.
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