A seis meses del cambio de gobierno, no puedo no detenerme a analizar lo que ha sido el cambio de discurso del Presidente de la República y cómo hemos visto, a juicio de varios, una maduración política de nuestra máxima autoridad que, discusión aparte, me lleva a cuestionar si es oportuno llegar a ostentar dicho cargo para evolucionar no sólo en el relato, sino en las formas de hacer las cosas pensando, al final del día, en lo que es mejor para los chilenos.
En mi opinión esto no es maduración, sino más bien una resignación política, ya que como se dice criollamente “otra cosa es con guitarra” y, quizás tal como lo han señalado algunos expertos, este cambio de relato responde a un choque con la realidad del país y con sus propias responsabilidades al estar en el poder.
Podemos concluir entonces que procesos refundacionales no son bienvenidos, debemos hacernos cargo de nuestra historia y el legado de nuestros antepasados. Revalorar lo que hemos avanzado como país, nuestros logros como nación en las últimas décadas, es algo indiscutible.
Es aquí donde debió tomar la agenda el pragmatismo y la eficiencia, el desarrollo sostenible para nuestro país, más que la ideología pura y dura, pero quiero ser enfático que el cuestionamiento no es a la gente que tiene causas, pero sí a quienes usan el Estado sólo para defenderlas.
Teniéndolo todo para hacer modificaciones significativas, en términos de modernización del Estado, el gobierno hizo muy poco. Recuerdo cuando fuimos parte de la comitiva chilena que asistió al Mobile World Congress 2023, el evento más importante a nivel mundial sobre nuevas tecnologías y telecomunicaciones, y participamos en diversas reuniones para discutir políticas públicas digitales, además de establecer convenios con autoridades y empresas internacionales.
Sin embargo, no se movió la aguja, sino que se avanzó por otro camino. No hubo voluntad política para hacer cambios por parte especialmente de los sindicatos de los trabajadores del Estado como, por ejemplo, en el ámbito logístico que es el que más conozco. Finalmente se perdieron cuatro años valiosos dejando de atender a las personas.
Tema crítico son las listas de espera en salud. Recién hace dos semanas el gobierno anunció la inyección de $73 mil millones adicionales al sistema de salud pública, como parte de una serie de medidas destinadas a reducir los tiempos de espera en consultas médicas, cirugías y tratamientos especializados. Por qué no se hizo antes cuando sabemos que existen más de 3 millones de personas esperando atención médica u operaciones.
Tampoco se entienden las deficiencias en programas públicos con bajo desempeño, que suman recursos por más de US$40 mil millones, según un informe de la Dirección de Presupuestos del 2024, o el más de un millón de funcionarios públicos que hoy tiene el Estado, con un aumento significativo en los últimos años especialmente en los gobiernos locales.
Precisamente al hablar del mundo municipal, otro conflicto adicional, más allá del gobierno de turno, es el pago de los servicios que hace el Estado especialmente a través de las municipales. El pago a 30 días que hemos trabajado fuertemente en el mundo privado, no tiene un correlato en el sector público. Por ello los prestadores privados no pueden llegar a colaborar en tiempo y forma con el Estado porque, al ser tan malos pagadores, al privado se le hace insostenible el costo. Sin duda, hoy el mayor deudor son los municipios, con un grave problema de falta de transparencia.
El Congreso Nacional no se queda atrás en esta deuda. Requiere avanzar en una transformación digital integral, acelerar procesos legislativos, potenciar la participación ciudadana, y fortalecer la transparencia y la rendición de cuentas para que sea una institución más moderna, eficiente y legítima frente a los ciudadanos.
En cuanto al Poder Judicial, con los últimos casos de corrupción por todos conocidos, se necesitan reformas estructurales que fortalezcan principalmente la independencia judicial, mejorando el sistema de nombramientos, además de separar funciones administrativas y jurisdiccionales, y optimizar la gestión de sus recursos.
De cara al nuevo gobierno, no todo está mal, estoy convencido de ello. Pero parece que en cuanto a modernización aún está todo por hacer. Urge un enfoque estratégico, a largo plazo y con persistencia para transformar el Estado, progreso que debe incluir mejoras concretas en infraestructura y gestión, como en el caso de los puertos, para mantener la competitividad del país, o el uso de tecnología – inteligencia artificial – para eficientar los procesos relacionados con la obtención de permisos sectoriales, idea que compartí hace algunas semanas con el candidato Harold Mayne-Nicholls.
La modernización del Estado requiere reformas profundas, paciencia, perseverancia, coordinación real entre sectores público y privado, y un balance no ideologizado entre desarrollo económico y sustentabilidad, mientras se mejora la gestión estatal para que sea más eficiente y menos burocrática.
Cuando se hacen las cosas bien, como dicen “el dato mata relato”, pero hasta hoy me quedo con la sensación de que este gobierno se quedó en el relato y nuevamente llegó tarde para lograr avances más contundentes en cuanto a modernizar el Estado ¿Lo viviremos en el próximo gobierno o también solo será parte del relato?
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