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Septiembre 28, 2025

Boric y el amuleto Bachelet. Por Jorge Ramírez

Cientista Político. Libertad y Desarrollo.
La expresidenta Michelle Bachelet en la Asamblea General de la ONU.

Si se trata de usar la figura de Bachelet como amuleto, esta vez en la esfera internacional, Boric no ha de dudar. Y lo hará hasta el límite, aunque aquello, por cierto, pueda significar desgastarlo por completo.


De un tiempo a esta parte, la izquierda ha incurrido en un error reiterado. Bacheletizar la agenda, empleando su liderazgo como amuleto en tiempos de poca claridad o abierta adversidad.

Así lo hicieron en el plebiscito constitucional de 2022, cuando la opción Rechazo se encumbraba en las encuestas, y en ese interregno que habitualmente se produce entre la fase de negación y la desesperación, la izquierda apostó todo por la irrupción de Bachelet, quien supuestamente vendría a frenar la arremetida contraria al nuevo texto constitucional, especialmente en las mujeres de extracción popular.

Por cierto, nada de aquello aconteció. Las lealtades en política son cada vez más efímeras y el sabor de boca que dejó su primera administración no fue el mismo que dejó su segundo mandato. Recordemos que fue en el apogeo de la retroexcavadora de MBII que se aprobó una reforma tributaria tras la cual el país nunca volvió a crecer como lo hizo en el pasado, su reforma educacional asfixió la educación particular subvencionada y su reforma electoral fragmentó el Congreso, polarizando y debilitando severamente la gobernabilidad del país.

En un escenario igual de desolado para la izquierda, el Presidente Boric fijó como gran objetivo estratégico de su periplo por la Asamblea General de Naciones Unidas el postular a la ex Presidenta Bachelet al cargo de Secretaria General del organismo.

Los móviles detrás de esta empresa pueden ser dos, no siendo mutuamente excluyentes entre sí. En primer lugar, generar una tensión al interior de la derecha, ya que forzaría a este sector a tomar una definición respecto de un liderazgo que es a todas luces controvertido, puesto que Bachelet ha estado lejos de jugar un rol de árbitro moderadora en nuestra política interna.

Pero una hipótesis alternativa es que, a sabiendas de que el camino de la ex Presidenta para arribar a la secretaría general de la ONU deberá enfrentar una serie de dificultades objetivas —como un eventual veto del miembro permanente del Consejo de Seguridad, EE.UU.—, Boric está empleando la nominación de Bachelet como artificio para rivalizar con el bloque crítico al globalismo, liderado por Trump, Milei y otros, que poco a poco ha ido ganando fuerza en la comunidad internacional, evidenciando de paso la excesiva burocratización, ineficacia y captura política a manos de la izquierda de este tipo de órganos.

No sería la primera vez que Boric y el Frente Amplio usan el liderazgo de Bachelet. Su segundo gobierno fue una suerte de ensayo de laboratorio para que muchos de los cuadros del Frente Amplio conocieran el Estado, trazaran el diseño y pilotearan la implementación de la reforma educacional que en el ámbito escolar puso fin al lucro, el copago y la selección y en el ámbito de la educación superior consagraran la aprobación de la gratuidad universitaria.

Luego, ante la actual falta de liderazgos con tonelaje presidencial, fue el Frente Amplio quien tentó a Bachelet para asumir un tercer intento para llegar a La Moneda. La expresidenta jugó con el suspenso y dilató los tiempos con su hermetismo característico, terminando por asfixiar de entrada el intento de Carolina Tohá por ser la abanderada presidencial del oficialismo.

Una salida no del todo negativa para Boric, porque nadie mejor que él sabe que Jeannette Jara probablemente no triunfará en la elección presidencial, ni tampoco será líder de la oposición en un eventual futuro gobierno de derecha: el líder continuará siendo él.

Por eso, si se trata de usar la figura de Bachelet como amuleto, esta vez en la esfera internacional, Boric no ha de dudar. Y lo hará hasta el límite, aunque aquello, por cierto, pueda significar desgastarlo por completo.

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