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Octubre 10, 2025

“Guerra sucia” en la derecha: ¿Por qué Matthei cuestiona credenciales democráticas de Kast? Por Jorge Schaulsohn

Ex-Ante

El comando de Matthei se convenció que la mayoría del electorado de derechas ya está comprometido con Kast, que ahí ya no hay votos para que pase a segunda vuelta. Su desafío es conquistar el centro, a los de ese sector que votaron Rechazo. Pero si se aleja mucho de Kast puede erosionar su base electoral; si no lo hace, no atraerá votos centristas. Es un equilibrio casi imposible, pero necesario.


Escalando la confrontación. En la derecha se ha desatado una “guerra sucia”.  Lo que comenzó como una competencia legítima entre una derecha liberal y otra ultraconservadora, se transformó en una contienda personal, cargada de acusaciones y descalificaciones.

  • Primero, la candidata de Chile Vamos denunció una campaña de desprestigio en su contra por medio de “bots” en los que se cuestionaba su capacidad mental, digitada por los republicanos, a la que siguió una fuerte caída en las encuestas, que la relegó a un tercer lugar, del cual no ha logrado salir.
  • Pero esta vez, escalando la confrontación llegó mucho más lejos: Cuestionó las credenciales democráticas del candidato republicano, poniendo en duda su apoyo en la segunda vuelta; aduciendo que “tiene temor” de que el republicano traspase los límites de lo permitido si llega a ser presidente.
  • Las palabras de Matthei no fueron impulsivas, sino el reflejo de una estrategia meditada, aunque muy arriesgada y que ha causado desconcierto en un amplio sector de Chile Vamos; sobre todo entre los candidatos al parlamento, muchos de los cuales aspiran a conquistar también el voto republicano, invocando la bandera de la unidad.
  • No hay que olvidar que existen pactos por omisión en varias circunscripciones senatoriales.
  • Su comando ha llegado al convencimiento que el electorado de derechas ya está mayoritariamente comprometido con Kast, que en esa “cantera” no hay votos suficientes para dar vuelta el resultado y pasar a la segunda vuelta.

El verdadero desafío de Matthei. La candidata tiene que conquistar el centro, ese amplio sector que se identifica con la estabilidad, con la sensatez y con el rechazo a los extremos. Son los mismos votantes que alguna vez apoyaron a la Concertación y, sobre todo que luego votaron Rechazo en el plebiscito constitucional.

  • Es un electorado pragmático, que teme el desorden y la incertidumbre, pero también desconfía de los fanatismos. Que consideran que sería una “fatalidad” que Kast llegara a la moneda.
  • Muchos en el propio entorno de Matthei temen que ese enfrentamiento sea suicida. Sobre todo, insinuar que Kast posee tendencias autoritarias que lo podrían llevar a “traspasar los límites” del Estado de Derecho.
  • Lo anterior legitima el argumento favorito de la izquierda, esgrimido con éxito por las huestes de Gabriel Boric en la elección pasada.
  • Porque para la derecha en su conjunto el verdadero “mal” que hay que conjurar sigue siendo impedir que una militante del Partido Comunista llegue a la Moneda.
  • El electorado chileno se ha fragmentado, y la derecha “razonable”, la que antes representaban los gobiernos de Piñera o el ala liberal de la UDI y RN, hoy carece de base suficiente.

Ampliar las fronteras. De ahí que la única posibilidad de Matthei para superar a Kast es ampliar su frontera política hacia un territorio ideológicamente incómodo, por no decir hostil: el de los votantes de la antigua Concertación, los socialdemócratas pragmáticos, los independientes de centro.

  • El mismo miedo que ese mundo siente hacia la derecha podría ser la tabla de salvación de Matthei. Su candidatura se sostiene precisamente sobre ese temor: el de un país entregado al dogmatismo, y al discurso anti institucional.
  • Matthei se ve obligada a ampliar el campo de la derecha apelando a un electorado que no quiere ser parte de ella. Debe seducir a votantes que no se identifican con su sector, pero que podrían votar por ella por una razón instrumental: para frenar a Kast. El concepto europeo del “cordón sanitario”.
  • Lo que aún está por verse es si la centroizquierda moderada se atreverá a cruzar el río. Porque no se trata solo de simpatías personales: hay un componente emocional y simbólico profundo. Muchos de esos votantes crecieron enfrentando a la derecha de los noventa, de la que Matthei formó parte.

Un equilibrio casi imposible. Votarla hoy implica un ejercicio de pragmatismo político que no todos están dispuestos a hacer. Pero también un reconocimiento: para la izquierda, en este ciclo, la amenaza no proviene del liberalismo ni de la economía de mercado, como en los 90′, sino del ultraconservadurismo.

  • Si Matthei consigue que parte del progresismo vea en ella no a “la candidata de la derecha”, sino a la única barrera efectiva contra Kast, podrá pasar a segunda vuelta. Y con ello, no solo redefinir la correlación de fuerzas del momento, sino el mapa político completo del país.
  • Pero si la izquierda moderada se queda en la comodidad de la neutralidad del voto nulo u opta por Jara, el desenlace será otro: Kast pasará al balotaje como único representante del mundo opositor y será el próximo presidente de Chile.
  • Esa es la verdadera batalla de Matthei: no tanto convencer a su propio sector, sino volver políticamente aceptable para el mundo progresista la idea de votar por ella. Y eso implica desmarcarse del estilo de Kast, hablar un lenguaje distinto, de responsabilidad, empatía y madurez cívica.
  • Por eso sus últimos movimientos no son improvisados. Cuando Matthei advierte que “le da miedo” un gobierno de Kast o que no todo vale en política, está haciendo más que una crítica interna: está enviando señales hacia el centro político, donde la palabra “miedo” no suena a ataque personal, sino a alerta.
  • Es un mensaje diseñado para resonar entre quienes no quieren que Kast defina la agenda del país.
  • Algo muy difícil de ejecutar; Matthei debe tensionar sus vínculos con la derecha dura, pero si se aleja demasiado de Kast, puede ser percibida como “traidora” al sector por una parte de su base; y si no lo hace, no logrará atraer a los votantes moderados que necesita. Es un equilibrio casi imposible, pero también indispensable.

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