-Cumpliste 20 años en Santa Rita. ¿Cómo recibes este reconocimiento de Forbes?
-Es el resultado de todo un esfuerzo, que se empieza a notar después de años de búsqueda de valles, de los mejores vinos y de una consistencia para mantener la historia y fomentar el turismo enológico de alto nivel.
-Santa Rita hizo historia con el cabernet sauvignon Medalla Real 1984, que en 1987 ganó las Olimpiadas del Vino. Fue la primera distinción mundial a un vino chileno. ¿Hay una continuidad con ese vino?
-Claro. Alto Jahuel tiene una característica geográfica, geológica y climática especial. Si tomas un Casa Real, un Triple C o un Medalla Real, inmediatamente descubres un sentido de lugar. Sobre todo con el cabernet sauvignon.
-Se tiende a confundir el Casa Real que se vende en Chile, con el Casa Real Reserva Especial, que es uno de los grandes vinos chilenos.
-Sí, tenemos un pequeño enredo. Por eso ahora se llama Escudo de Casa Real Escudo el vino local, y Casa Real Reserva Especial el ícono que se exporta y es el mayor de nuestros vinos de alta gama.
-¿Valoras lo que hizo Ignacio Recabarren en su momento con el vino Medalla Real premiado en 1987?
-Absolutamente. Yo creo que aquí hay un legado muy importante, no solo de Ignacio, sino con Cecilia Torres, que estuvo al mando del Casa Real casi 20 años. Y también Andrés Ilabaca. Hay una tradición que se respeta.
-¿Qué legado representa Ricardo Claro, que ingresó a la propiedad de Santa Rita en 1980 y luego asumió el control de la viña, como visión del vino?
-Él es el gran gestor de todo esto. Si hay alguien que debe estar muy, muy feliz con esta noticia es Ricardo Claro, sobre todo porque él siempre fue un gran admirador de los vinos del Medoc, de Burdeos, Francia. Siempre tuvo asesores bordeleses. Fue clave en la apuesta por los vinos de alta gama. Quiso demostrar al mundo que Chile podía hacer grandes vinos, y era su orgullo.
-¿Su visión fue correcta?
-Absolutamente. Yo pienso que él tenía muy claro el potencial de Chile.
-También estás a cargo de Pehuen, el carmenere ícono de Santa Rita. ¿Cuál es tu aproximación a esa cepa difícil?
-Pehuen es mi guagua. Soy un enamorado del carmenere. Es una cepa impresionante, maravillosa. Hemos ido entendiéndola y hoy día produce vinos que se paran en la mesa de los mejores restaurantes del mundo. Cualquier coleccionista de vino tiene que tener un carmenere en su lista. Los sommelier se vuelven locos por un carmenere de Apalta.
-¿Es cierto que en blancos tienes un proyecto muy importante?
-Por supuesto. Un chardonnay de Limarí. Pensamos que va a ser una apuesta mayor. Estamos dedicándole mucho tiempo a un blanco de alta gama, llevamos ya un par de años trabajando en eso. Hay harta ambición en ese proyecto. Chile no puede ser solo de tintos.
-¿Qué opinas del momento actual del vino chileno?
-Efectivamente estamos viviendo tiempos complejos a nivel país y a nivel mundial. Las nuevas generaciones toman menos. Tenemos que replantearnos para qué es el vino. Una copa de vino al día hace bien, porque acompaña nuestras comidas, habla de la historia, de la cultura de un país. Yo soy bien categórico: es muy distinto una copa de vino a una piscola.
-Se han arrancado muchas viñas…
-Debiéramos empezar unos planes de arranque en algunos sectores, porque son uvas que hoy día están generando sobrestock. Todos tenemos que hacer nuestro mea culpa porque se plantó en lugares donde los vinos no tienen demanda. Como el consumo se empieza a achicar, la torta va a tener que ser un poco más pequeña nomás y van a quedar los que sean mejores, más eficientes, con las mejores calidades, que tengan más historia y que estén dispuestos a seguir en esto.
-¿Dices que se ha plantado por capricho?
-Un problema son las viñas chiches. Esa idea de tener una viña como motivo de orgullo, de tener tu apellido en una botella. Esas viñas ensucian los números, creo. Hay algo pretencioso en tener una viña, sin saber nada del tema. Y el vino al final no es bueno. Eso no le hace bien al vino chileno. Tampoco creo que sea positivo apostar al vino a granel, que puede ayudar a mejorar los números pero estropea nuestra imagen.
Hoy día estamos en una etapa de reformulación, porque hay escenarios complejos. Tenemos que apostar a lo que somos buenos, la calidad que podemos entregar. Estamos en una etapa crítica del vino, pero yo no tengo dudas que vamos a salir fortalecidos.
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