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In memoriam Vicente Ruiz (1958-2025): misterios del acontecer. Por Lucy Oporto Valencia

Ex-Ante

La concepción estética de Vicente se desarrolló en torno al tiempo, la realidad del acontecer, la tragedia, el cuerpo, el conflicto social, y la proposición de una nueva vitalidad, entendida como conjunción entre vida, creación y obra.


Vicente Ruiz, artista de la danza y la performance, murió el 18 de diciembre de 2025, a los 67 años de edad, exactamente un año después del pre-estreno de su lecture performance “Yo escogería quedarme con la gente” en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. A esta presentación, siguieron dos funciones, los días 20 y 21 de diciembre de 2024, en el Centro Cultural CEINA.

Fue su última actuación pública.

En medio de la conmoción causada por esta muerte temprana, esa misteriosa coincidencia significativa se muestra como un hecho pasmoso y abierto a la reflexión.

La concepción estética de Vicente se desarrolló en torno al tiempo, la realidad del acontecer, la tragedia, el cuerpo, el conflicto social, y la proposición de una nueva vitalidad, entendida como conjunción entre vida, creación y obra.

Fijó su época de las performances –su acción más reconocida– entre 1984 y 1993, en el marco de aquella escena artística underground que floreció a pesar de la dictadura.

El 7 de enero de 2022, en el Centro Cultural CEINA, se estrenó el documental Vicente Ruiz: A tiempo real, de Matías Cardone y Julio Jorquera, que señala los siguientes registros: Las novias (1983), Hipólito (El Trolley, 1984), En vivo (1985), Medea (1985), Mishima (1986), Teorema (1987), Antígona (1991), y Por la cruz y la bandera (1992). Finalmente, La desaparición del tiempo (2021), grabada en una sala sin público durante la peste.

Otras fuentes señalan, además: Zaratustra (1985) y Travesti Shakespeare (1988).

Entre sus más importantes formadores, estuvieron Óscar Estuardo y Verónica Urzúa. Durante diez años, fue director de la Escuela de Danza, de la Universidad Mayor. Dejó de bailar en 2014, viajó fuera de Chile y, luego de soñar con la danza, la retomó en 2021.

En enero de 2025, donó su archivo artístico personal a la Biblioteca Nacional. Después, realizó actividades de formación.

Vicente entendía la performance como “el tiempo real, (…) es el sacrificio del artista por poner a la vista de los demás su propia experiencia vital”.

A fines de 2024, presentó su lecture performance “Yo escogería quedarme con la gente”, inspirada en El gavilán, de Violeta Parra (1917-1967). Coincidía con la celebración de los 40 años del debut de Hipólito, y de la aparición del álbum La Voz de los ’80, de Los Prisioneros, grupo que integraba esa misma escena cultural.

Esta lecture performance consistía en una disertación sobre El gavilán, leída en vivo por mí, basada en El Diablo en la música. La muerte del amor en El gavilán, de Violeta Parra (2008 / 2013), obra de mi autoría, seguida de la interpretación de Vicente bailando dicha composición, según la versión grabada por Miguel Letelier en 1959 ó 1960.

Contó con música en vivo, a cargo de María José Levine (voz); Alan Paillán (guitarra e instrumentos mapuche); y DJ FAT Pablo, quien creó una atmósfera sonora subyacente al espíritu de esta pieza.

Compuesta a fines de la década de 1950, El gavilán fue concebida para ballet, orquesta sinfónica, voces, guitarras, arpas, tambores y trutrucas. Pero nunca llegó a ser montada en vida de Violeta. Quedaron cuatro grabaciones distintas interpretadas por ella, en voz y guitarra, ninguna en estudio. Por eso, Vicente la consideraba una work in progress, afín a la performance.

El gavilán había sido parte de su vida, mostrándola y dirigiéndola: “(…) no sabía antes que ella lo pensaba como un ballet, aunque yo siempre lo bailaba para mí”. Con ocasión del estreno del documental, presentó una versión de esta obra, interpretada por él.

A Vicente le interesaba el fondo trágico de El gavilán, su carácter de exorcismo, su relación entre disonancia y dolor, y, en especial, el tritono, usado sistemáticamente por Violeta en esta composición, para exponer el mal.

Dicho intervalo –la distancia entre una nota y otra– fue prohibido en la polifonía medieval. Se pensaba que, a través de ese sonido disonante, entraba el Diablo en la música, alterando así las consonancias perfectas, correspondientes al orden divino.

Las tesis principales de mi estudio eran: 1. El gavilán expone un proceso de persecución y sacrificio cruento de una víctima inocente por su propia comunidad, según la fórmula todos contra uno. 2. El gavilán prefigura inconscientemente la muerte de Violeta Parra y la catástrofe histórica posterior de Chile.

Vicente concedía una importancia capital a la respuesta de Violeta: “Yo escogería quedarme con la gente”, cuando Madeleine Brumagne, quien la entrevistó para la televisión suiza en 1964, le preguntó cuál de todos sus medios de expresión elegiría.

Tal afirmación, referida al fundamento del arte polifacético de Violeta, señalaba un proceso de transformación de su concepción estética. Quizás, con vistas a una forma ritual de arte que incorporara directamente a su público.

Al reactualizarla, en contraste con El gavilán, Vicente apuntaba “al llamado a superar la fobia al otro y la desconfianza, la inseguridad en la cual estamos siendo dirigidos a sospechar de los demás en un camino en que nos vamos deshaciendo poco a poco”.

Con su muerte, dicha respuesta adquiere aún otro sentido, dado el carácter prospectivo de El gavilán, como si esta lecture performance continuara de otro modo.

El gavilán contiene una irradiación que pareciera reactivarse con cada nueva interpretación in situ. Como si la propia obra hubiese querido existir en este tiempo, para dar forma a un misterio esencial no sólo ofrecido a sus ejecutantes, sino también a Chile.

Desde su juventud, y hasta poco antes de su muerte, Vicente declaró su valoración de la vida como puesta en obra de dar y crear: “La satisfacción máxima durante la dictadura era vivir. (…) Lo que teníamos que alcanzar era la vida. No morir”.  Se basaba en la sentencia de Artaud: “Vivir es arder en preguntas. No concibo la obra separada de la vida” (El ombligo de los limbos, 1925).

Gracias, querido Vicente, por haberme invitado a participar en tu trabajo, que seguirá siendo una fuente de conocimiento.

Mis condolencias a su familia y a sus amigos de toda una vida.

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