-¿Cuál es el balance de la última vendimia en VIK en términos de convocatoria y posicionamiento de sus vinos?
-El balance es muy positivo. Celebramos una nueva edición de Vendimia VIK, que duplicó su convocatoria respecto del año anterior y reunió a 400 asistentes, con un ticket promedio de entrada de $500.000. Para nosotros, ese crecimiento refleja el interés que existe por experiencias de alto estándar vinculadas al vino, la gastronomía, la naturaleza y la hospitalidad.
Esta vendimia, además, estuvo marcada por un hito muy relevante para la marca: el reconocimiento de VIK como la viña número uno del mundo por World’s 50 Best Vineyards. Ese logro valida el camino que hemos desarrollado desde Chile y refuerza nuestra mirada de largo plazo: producir vinos de clase mundial, con una identidad territorial clara y una experiencia integral en torno al vino.
–¿Cómo evalúan el momento que vive la industria vitivinícola chilena? ¿Dónde ven las principales brechas y oportunidades?
-Chile vive un momento muy interesante desde el punto de vista de la calidad. El país cuenta con terroirs (terruños) excepcionales, diversidad climática y conocimiento técnico para producir vinos de clase mundial. Sin embargo, todavía existe una brecha importante en percepción, especialmente en el segmento premium y ultra premium.
Durante años, Chile fue reconocido internacionalmente por una oferta de buena relación precio-calidad, lo que fue clave para abrir mercados y ganar presencia global. El desafío actual es avanzar hacia una narrativa de mayor valor, donde el origen, la identidad del territorio y la capacidad de producir vinos de alta gama tengan un rol más protagónico. Ahí vemos una gran oportunidad. Proyectos como VIK demuestran que Chile puede competir al más alto nivel no solo por la calidad de sus vinos, sino también por la experiencia completa que ofrece alrededor de ellos.
–En un contexto de menor consumo de alcohol a nivel global, ¿cómo impacta esto a proyectos como VIK, que apuntan a nichos de alto valor más que a volumen?
-El menor consumo global de alcohol no afecta de la misma manera a todos los segmentos. En nuestro caso, lo vemos más como una oportunidad que como una amenaza, porque el consumidor está cambiando su forma de relacionarse con el vino, y sí, bebe menos, pero busca mejor calidad, mayor origen y experiencias más significativas.
Hoy el consumidor premium no busca solo una botella; busca una historia, un territorio y una conexión más profunda con la marca. En ese contexto, creemos que los proyectos con identidad, consistencia y una propuesta diferenciada tienen una posición favorable para seguir creciendo.
–Se ha visto un aumento en la venta de viñedos y ajustes en la industria en el último tiempo. Desde su mirada, ¿esto responde a un reordenamiento del sector o a un problema más estructural?
-Lo vemos más como un reordenamiento natural de la industria que como un problema estructural. El mercado está cambiando y eso obliga a muchas viñas a revisar sus modelos, especialmente aquellos más dependientes del volumen o de categorías con menor diferenciación.
La industria está transitando hacia una etapa donde el valor, la marca, el origen y la experiencia pesan cada vez más, ese proceso puede generar ajustes, pero también abre oportunidades. Desde nuestra perspectiva, el futuro del vino chileno pasa por fortalecer su posicionamiento en segmentos de mayor valor y por mostrar con más fuerza aquello que hace único a cada territorio. Chile tiene calidad para competir globalmente; el desafío está en capturar mejor ese valor y comunicarlo de manera más consistente.
–VIK ha apostado fuerte por el enoturismo de lujo. ¿Qué rol juega hoy este negocio dentro del modelo y cuánto potencial de crecimiento le ven en Chile?
-El enoturismo es central en el modelo de VIK. No lo vemos solo como una línea de negocio, sino como una plataforma estratégica para construir marca, generar conexión directa con los consumidores y mostrar el universo de la viña de una manera más profunda.
Hoy la viña ofrece distintas experiencias, tanto para visitas por el día como para quienes buscan alojar en el hotel y vivir una estadía más completa. A eso se suma una propuesta gastronómica con tres restaurantes, incluyendo VIK Zero, nuestro tercer restaurante en Chile, que nace con una mirada sustentable e integrada al huerto orgánico. Creemos que el país tiene un enorme espacio para crecer en enoturismo de lujo, especialmente si logra comunicar mejor la calidad de sus destinos y experiencias.
–¿Dónde están hoy las principales oportunidades de expansión para VIK?
-Estamos avanzando simultáneamente en tres dimensiones: expansión geográfica, con mercados clave como Brasil, USA, Asia y Europa, fortalecimiento de marca a nivel global, y desarrollo de experiencias que amplifican nuestro posicionamiento. La internacionalización de Vendimia VIK, con su próxima edición en Brasil, es un buen ejemplo de cómo estas tres dimensiones se cruzan y potencian entre sí .
También estamos construyendo un Retreat VIK en Brasil, en las afueras de Sao Paulo, Hace poco abrimos Vik Zero, el tercer restaurante de VIk Chile, en donde la propuesta es 100% sustentable e integrado al huerto orgánico.
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