A muchos les ha sorprendido el auge del Partido de la Gente (PDG). La votación de Franco Parisi en las elecciones pasadas fue notable y logró reunir una bancada de diputados para el nuevo ciclo legislativo, después de haber quedado vacía en el anterior. Los analistas sostienen que Parisi podría ser presidente. La tesis es conocida: Chile estaría inserto en una lógica pendular desde la oposición y, después de haber gobernado la izquierda y derecha, sería el turno del populismo.
El PDG es un producto de nuestros tiempos. Surge de la lógica de consumo instalada con la modernización capitalista. En ese sentido, la colectividad es fiel a su origen: no atrae los votos de las personas; los persigue como si fuesen consumidores. Con un discurso anti-élite, ofrece beneficios y mejoras económicas para grupos específicos. Basta recordar los guiños de Parisi a los TENS, a los profesores de educación física y los jóvenes con auto tuneado. El sociólogo Aldo Mascareño lo calificó como un “partido digital”, y tiene sentido, pues interactúan con la gente a través de las redes sociales.
Si antes figuras como Sergio de Castro, Edgardo Boeninger, o Ricardo Lagos aparecían asociadas a la promesa de mejorar la vida material de las personas, hoy Pamela Jiles y Franco Parisi intentan ocupar ese espacio. Y quizá exista conexión entre ambos, porque, de algún modo, estos últimos son los hijos no reconocidos de los primeros. Una parte de la sociedad producida por aquel proceso de modernización vino ahora a exigir su pensión alimenticia, denunciando a la clase política tradicional.
A diferencia de los partidos del siglo pasado, que contaban con líneas de pensamiento capaces de orientar a su militancia y definir sus líneas de acción, el PDG carece de doctrina. ¿Qué defienden, realmente, sus militantes? Intuiciones y sentires. El partido no necesita elaborar un proyecto político coherente: le basta con mantener su capacidad de crecimiento. Por eso, en lugar de intelectuales, prefieren reclutar analistas y expertos en comunicación política. Su acción parece subordinada a un objetivo: acumular apoyo y acercarse al poder.
Una apelación más concreta del PDG ha sido la defensa de los intereses de la clase media. Sin embargo, es probable que pocos de sus militantes tengan claro quiénes integran este grupo. La clase media en Chile es una de las categorías más heterogéneas en composición y en sus aspiraciones (hasta Sebastián Piñera se definía como parte de ella). Pese a eso, la estrategia del partido pareciera estar clara: lograr que sus miembros aparezcan en la agenda pública de manera constante.
Las noticias para mantenerse vigentes pueden consistir en cualquier cosa: desde la expulsión del diputado Cristian Contreras (más conocido como Dr. File), hasta subirse al acuerdo de la megarreforma, bajarse del mismo acuerdo, o incorporar a un diputado cuya única gracia es posar con una capa militar.
Teniendo en cuenta sus ansias de crecer, pueden entenderse sus actuaciones. Mientras consideraron que podían obtener réditos políticos, se distanciaron de la oposición y apoyaron la reforma levantando dos demandas: la devolución del IVA en productos como pañales y medicamentos. Parisi se instaló casi como un estadista. Poco después, cuando los cálculos indicaron que era más beneficioso oponerse al acuerdo, el partido se restó horas antes de su votación. La tendencia, por tanto, parece ser esta: cuanto mayor sea la desaprobación del gobierno y más impopular resulte un proyecto, más férrea será la oposición.
Esa actitud, dependiendo de cómo se vea el panorama, puede ser autodestructiva. La unidad del partido se ve débil y probablemente se distienda el control sobre sus miembros cuando sufran presión. En esa línea, su principal desafío será mantener la cohesión de la bancada estos cuatro años. Y podrán hacerlo si sus ganas de llegar a controlar el Ejecutivo priman por sobre los intereses personales.
Este es el hijo que los políticos tradicionales han mirado con cierto desprecio, pero que logró algo sustantivo: se está identificando con los sectores que sus padres también crearon y no han sabido interpretar.
Algunos creen que pueden utilizar a Parisi. En realidad, él los está usando a todos.
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