Algo importante está por llegar

Tiempo restante
00 Días
00 Horas
00 Minutos
00 Segundos

Agosto 29, 2022

Extracto del libro “La historia oculta de la década socialista”, de Ascanio Cavallo y Rocío Montes: La difícil decisión de Bachelet sobre Hugo Chávez

Ex-Ante

En “La historia oculta de la década socialista” —(Ediciones Uqbar, 418 páginas, lanzado el martes pasado)—, los autores relatan cómo en su primer año en La Moneda la Presidenta Michelle Bachelet tenía sentimientos encontrados respecto del gobierno de Hugo Chávez y cómo reaccionó a la fuerte presión de Washington para votar en contra de que Venezuela se instalara en el Consejo de Seguridad de la ONU. “Alejandro no entiende a Hugo. No se da cuenta de lo que está tratando de hacer en un país que podría ser más igualitario con su inmensa riqueza”, dijo Bachelet respecto de la posición del canciller Alejandro Foxley, muy crítico del chavismo. A continuación el extracto donde se narra ese episodio.


“En la noche del 15 de enero de 2006, noche del triunfo, uno de los primeros en llamar a la centralita del Hotel San Francisco ha sido Hugo Chávez:

–¡Un saludo a la nueva presidenta socialista de Chile! –exclamó, con su entusiasmo usual–. Michelle, el pueblo de Venezuela celebra tu triunfo.

En seguida agregó que viajaría a Santiago y que la presidenta podía contar con su apoyo para enfrentar “las presiones que tendrás del Imperio”…

–Hugo –dijo Bachelet, tratando de abreviar–, yo soy una mujer de izquierda.

El “Imperio”, Estados Unidos, también estaba atento. En los días siguientes llegó a la presidenta electa una de las primeras invitaciones internacionales, justamente del presidente George W. Bush, que la esperaba para una visita oficial a Washington en junio.

Una cosa preocupaba en especial al gobierno de Bush. La Venezuela de Chávez había presentado su candidatura para ocupar el sillón no permanente que correspondía a América Latina en el Consejo de Seguridad de la ONU para el período 2007-2008, que se votaría el 16 de octubre de 2006.

La Casa Blanca estimaba que la actitud de Chile podía ser decisiva, porque su gobierno socialista era un contrapunto con el “socialismo del siglo XXI”. Chávez ya se había hecho de aliados peligrosos, como Corea del Norte e Irán. En Teherán gobernaba Mahmud Ahmadi- neyad, uno de los estudiantes islámicos que se tomaron la embajada de Estados Unidos en 1979, en Irán, y mantuvieron como rehenes a cincuenta y dos funcionarios durante más de un año. Washington estaba tratando de frenar el programa nuclear de Irán, por lo que nada le parecía peor que un aliado de ese país en el Consejo de Seguridad.

El 20 de abril de 2006, el canciller Foxley viajó a Washington para concordar la agenda de la visita de la presidenta. En la primera reunión, a bocajarro, la secretaria de Estado Con- doleeza Rice le planteó lo que más le interesaba a su país: no la visita, sino el voto para el Consejo de Seguridad. Ese voto, dijo, “apunta al corazón de los intereses norteamericanos” y su gobierno “derechamente no entenderá” que Chile apoyase a Chávez.

Rice casi no prestó atención a otros puntos que a Foxley le parecían de fondo: la pro- fundización del TLC, la declaración de Chile como “aliado (militar) extra OTAN”, la sus- cripción del Tribunal Penal Internacional, la cooperación tecnológica. Su desinterés era un mensaje en sí mismo: la agenda de relaciones sería fácil o difícil según ese voto.

Foxley estaba más que incómodo. No podía revelar que ya había tenido esta discusión con la presidenta. Él le había dicho que al iniciarse el gobierno no se podía dar una señal tan equívoca como apoyar a Chávez. Ella había respondido que el nuevo gobierno no podía empezar dando la espalda a América Latina. Pero no había una decisión tomada sobre el voto. En sus conversaciones con otros asesores, la presidenta resentía el rechazo de Foxley al régimen venezolano.

–Alejandro no entiende a Hugo –le dijo a Ernesto Ottone–. No se da cuenta de lo que está tratando de hacer en un país que podría ser más igualitario con su inmensa riqueza.

–Yo creo que lo entiende perfectamente –respondió Ottone–. Es que Chávez no es un demócrata, es un militar…

Al día siguiente recibieron al canciller chileno el subsecretario para Asuntos del Hemis- ferio Occidental, Tom Shannon, y el secretario de Estado adjunto Robert Zoellick. Este último volvió sobre el asunto venezolano. Foxley intentó defenderse siguiendo la línea pre- sidencial: Chile no había tomado una decisión, pero no podía desentenderse de su contexto regional. Zoellick, sofisticado e irónico, lamentó la “idea ingenua” de la solidaridad suda- mericana, que “nunca se ha realizado”, y luego puso un clavo ardiente:

–Chile parece avergonzarse de su éxito –dijo–. Quiere parecerse a los que han fracasado y al mismo tiempo, mantener su prestigio con los actores globales.

Fue un poco más lejos todavía. Recordó que cuando era secretario de Comercio, dos años antes, Chile no quiso dar su voto para la invasión de Irak y su gobierno pensó en con- gelar el TLC, que estaba por ser aprobado. Él argumentó en Washington insistiendo en la seriedad de Chile y el positivo efecto hemisférico que tendría la firma del TLC. En este caso, concluyó, no podría repetir esa defensa.

La agenda bilateral sería “decisivamente dañada” por un voto a favor de Chávez. ¿Am- pliación del TLC? Imposible. ¿Aliado extra OTAN? Forget it. ¿Cooperación? Hmm.

Las cosas empeoraron un poco más el 12 de mayo de 2006, cuando se realizó en Viena la III Cumbre Unión Europea-Latinoamérica. Chávez agendó una reunión con Bachelet para después del plenario y mantuvo una torrencial conversación con ella hasta cerca de la medianoche. Sólo facilitó su término el hecho de que la presidenta chilena debía reunirse con el líder boliviano Evo Morales a las 6 de la mañana siguiente.

Al otro día, en el largo estrado para la foto oficial, Chávez se situó detrás de Bachelet, le puso las manos sobre los hombros y se inclinó varias veces para hablarle al oído. La foto se convirtió en un desastre diplomático. Los gobiernos de Estados Unidos y Europa inicia- ron una frenética búsqueda de fuentes para saber cuánta era la cercanía de Bachelet con el comandante venezolano.

Cuando se hizo pública la presión de EE.UU. sobre el voto en la ONU3, se armó un alboroto en la Cancillería. Algunos pensaron que ahora el gobierno no tendría más opción que apoyar a Chávez. Entre ellos, el principal asesor que Foxley se había llevado a su piso: el exministro y exsenador Edgardo Boeninger, la mente más precisa de la Concertación. Pero faltaban cinco meses para la votación. El director general de la Cancillería, Carlos Portales, enfrió el clima:

–No es necesario apresurarse. Los venezolanos se van a equivocar.

En junio, la presidenta, que tenía aún el conflicto de los “pingüinos”, quiso hacer un gui- ño a la educación iniciando su viaje con una visita a la Westland Middle School de Bethesda, Maryland, donde fue alumna en 1963. Luego partió a Washington, para pasar en primer lugar por la avenida Massachusetts, al sitio del asesinato del excanciller Orlando Letelier. Ese día almorzó con el presidente Bush, que se declaró “impresionado” por su visita a la escuela de Bethesda. En la tarde asistió a una cena ofrecida por Hillary Clinton con mujeres influyentes en el hotel Ritz Carlton, un ambiente en que todas las asistentes querían fotos con ella. Según The Washington Post, la representante republicana por Illinois Janice Schakowsky “se colgaba de su brazo” y la republicana por Nueva York Carolyn Maloney “no la dejaba sola”.

Nada de eso atenuaba la presión de la Casa Blanca sobre Chile. El jueves 25, la presiden- ta Bachelet se reúne con Condoleeza Rice. La secretaria de Estado radicaliza los argumentos que dio a Foxley en abril anterior y califica a Chávez como un enemigo “de máximo riesgo”. La presidenta repite su único argumento: Chile no ha decidido.

Casi a la misma hora, quien “se va a equivocar” es finalmente el embajador venezolano en Santiago, Víctor Delgado, que en una entrevista con el portal Terra.cl acusa a la DC y a Soledad Alvear de actuar con Venezuela como lo hizo con Allende y de haber formado parte de la conspiración contra Chávez en 2002.

Al término del encuentro con Rice los funcionarios le entregan a la presidenta las de- claraciones de Delgado. Entonces cita al canciller y al director general de la Cancillería para anunciar su decisión:

–No votaremos por Venezuela. Nos vamos a abstener”.

Lea podría interesar:

Entrevista: Ascanio Cavallo y Rocío Montes develan la década socialista de Lagos y Bachelet

Publicaciones relacionadas

Ex-Ante

Julio 27, 2026

[Editorial] Test positivo de droga: La Moneda confundió actuar rápido con actuar bien

Incluso si un nuevo test al ex subsecretario confirmara que consumió estupefacientes, su despido inmediato seguiría siendo indefendible: nada justifica saltarse procedimientos indispensables para tomar una decisión. Está bien extender al Congreso los exámenes, pero si eso no incluye cambios para equiparar nuestros estándares a los del Primer Mundo, esas decisiones seguirán siendo exclusivamente políticas. […]

Ex-Ante

Julio 27, 2026

Qué dice la reforma del presidente Kast que obliga a parlamentarios y otras autoridades a hacerse test de drogas

Kast realizándose un test de drogas. Imagen: Agencia Uno.

La iniciativa determina la pérdida del cargo si se comprueba el consumo de drogas. El proyecto lo presentó Kast este lunes, a 4 días de la salida del subsecretario de Hacienda por ese motivo. El texto no menciona que la divulgación de los resultados debe ocurrir solo tras una contramuestra (solo así se puede probar […]

Marcelo Soto

Julio 27, 2026

El último plan para reconvertir el Club de la Unión y salvarlo de la quiebra

Una especie de centro urbano, con gimnasio, restaurantes y sectores comerciales en tres pisos, dejando los  otros dos pisos para un club social moderno. Esa es la propuesta que se está negociando. La idea es potenciar el casco histórico junto a la nueva Bolsa de Comercio y otros proyectos como un gigante sector de Bandera […]

Ex-Ante

Julio 27, 2026

Golpe arancelario: El análisis interno de La Moneda sobre las críticas del ministro Barros a EE.UU.

Las declaraciones del ministro de Defensa cuestionando el arancel de 12,5% adicional a parte importante de las exportaciones chilenas sorprendieron a La Moneda, en medio de las negociaciones de la Cancillería para amortiguar el golpe y evitar un conflicto con la administración Trump.

Manuel Izquierdo P.

Julio 27, 2026

Por qué el Gobierno eligió a Arturo Fermandois para defender la megarreforma ante el TC

El Ejecutivo, que busca evitar el revés que enfrentó en junio con el proyecto de Escuelas Protegidas, escogió al constitucionalista para diseñar la estrategia jurídica frente a la arremetida opositora contra la invariabilidad tributaria y la regulación ambiental del plan Quiroz. Ambas normas forman parte del corazón de la reforma. La decisión se atribuye a […]