-Ha vuelto a intensificarse la protesta estudiantil, incluyendo saltar los torniquetes y provocar interrupciones en el Metro. ¿Por qué no se soluciona de una vez?
-Porque no existe voluntad política y temo que para algunas autoridades este matonaje tiene cierta épica. Recordemos que los entonces diputados Jackson y Boric, agradecieron a los estudiantes que evadieron el Metro en el estallido y calificaron esta acción como un acto de “desobediencia civil”. Espero que entiendan que ahora son autoridades y que no pueden avalar las evasiones que antes celebraron, ya que afectan la calidad de vida de millones de trabajadores y ponen en riesgo un sistema de transporte estratégico para el funcionamiento de la ciudad.
-Algunos dicen que si hubiera ganado el Apruebo esto no hubiera pasado. ¿Es una forma de chantaje?
-Totalmente. Es un chantaje y una amenaza a la democracia, que debe ser condenada y sancionada con prontitud. Es inaceptable que a pocos días de un acto plebiscitario ejemplar, que se desarrolló sin violencia, un grupo pequeño de escolares radicales decida cambiar la voluntad popular a golpes y patadas. Además, estos escolares ya demostraron ser muy eficientes y coordinados. Si el Gobierno no toma medidas, este asunto puede escalar peligrosamente.
-Los colegios afectados son emblemáticos, de clase media. ¿Por qué esto no pasa en colegios ABC1?
-Porque los políticos e intelectuales que empujaron la destrucción de liceos son ex alumnos o apoderados de colegios ABC1. Así es fácil jugar a ser revolucionario. Es lo mismo que el estallido. Calificaban de “manifestaciones” ataques incendiarios porque sus barrios nunca corrieron riesgos. Nunca les quemaron templos, supermercados, o estaciones de Metro.
Es una postura clasista y egoísta, ya que se joden a los liceos que generaban la movilidad social en Chile, acentuando la brecha con los colegios particulares de los cuales son ex alumnos o apoderados.
-¿Cuándo empezó esta debacle de la educación pública? ¿Quiénes son los principales responsables?
-Según lo que pude ver al escribir el libro “Siete Kabezas”, se arrastra desde los 90, pero tuvo su peak luego de la revolución pinguina, ya que sus líderes fueron acusados de amarillos por los estudiantes, lo que radicalizó su posición. Por ello, las manifestaciones del 2011 fueron considerablemente más violentas, y como eso catapultó a la generación que hoy gobierna, los que vinieron después quisieron ser más radicales aún.
Responsables políticos hay varios. En 2018 el diputado Winter acusaba a la policía de abuso y violencia, por sacar a los estudiantes violentos del Instituto Nacional y la actual alcaldesa Irací Hassler apoyó a estos grupos y apoderados radicales cuando era concejala. Curiosamente los dos estudiaron en colegios de elite del barrio alto. Son políticos ABC1 que juegan a ser revolucionarios con los liceos de clase media.
-¿Está reviviendo de alguna manera el estallido social?
-El estallido fue una mezcla de acciones coordinadas, con acciones espontáneas, donde participaron múltiples grupos o cabezas, que no estaban coordinadas. Por lo tanto, el estallido no es algo que pueda revivir por la acción de una de estas cabezas, que son los estudiantes radicales. Pero igual pueden hacer mucho daño. Además, la plata de los retiros se terminó y se viene un escenario social y económico muy complejo en 2023, que podría generar mucho pasto seco para expandir estas acciones violentas
-¿Le ha faltado mano firme al Presidente Boric para enfrentar a los violentistas?
-Como diputado tuvo una actitud de coqueteo permanente con la violencia, que incluyó la celebración de las evasiones masivas. Entiendo que ha cambiado de opinión, pero no le ayudó tener una pésima ministra del Interior que no logró dar pie con bola en el control del orden público y la seguridad. Eso le impone un enorme desafío a Carolina Tohá, especialmente si los malos perdedores del Apruebo siguen intentando quemar la pradera.
-¿Cómo recibes la llegada de Carolina Tohá al gabinete? ¿Refleja un giro importante en términos de seguridad y búsqueda de acuerdos?
-Carolina Tohá es una política brillante, con muchísima experiencia en el Parlamento, los municipios y a nivel central. Pero asume en un escenario extraordinariamente complejo, ya que la coalición de Gobierno apoyó muchas de las acciones violentas que ella debe controlar, cuando era oposición, tanto en el estallido como en el conflicto de la Macrozona Sur.
Por lo tanto, Tohá no tiene más remedio que ser la Dama de Hierro, si quiere cumplir con éxito su labor y no sé cuanto respaldo político tenga para hacerlo. Y tiene poco tiempo para demostrarlo. Es muy compleja su tarea.
-¿Crees que cuando fue alcaldesa de Santiago mostró personalidad para enfrentar la violencia estudiantil o tuvo una postura blanda?
-Creo que tuvo dos posturas. Al principio se mostró muy ambivalente con la violencia en los liceos emblemáticos. De hecho el ex rector del Instituto Nacional dijo que ella armó un equipo de abogados para defender a los estudiantes radicales que eran expulsados. Eso fue fatal, porque les permitió seguir en los colegios haciendo daño y radicalizando a otros alumnos
Cuando se da cuenta del error, cambia de posición, se pone más dura con las tomas e incluso ordena desalojos. Y es entonces cuando Gabriel Boric la critica, como diputado amigo de los secundarios. Hoy Boric es Presidente y deberá respaldarla para reprimir y controlar a los estudiantes radicales que antes apoyó. Parece un guión de novela, pero es real.
–El martes, durante el cambio de gabinete, las protestas llegaron a metros de La Moneda. ¿Es un tema de seguridad nacional que debe encararse con otra perspectiva?
-Por supuesto. Recordemos que durante el estallido se coordinaron acciones para invadir La Moneda como lo denunció Sergio Micco. Tres veces estuvieron a punto de pasar el segundo anillo de seguridad, exponiendo al Presidente y su gabinete, a hordas violentas que no respetan nada. Eso es, a todas luces, una amenaza para la seguridad del país y la estabilidad de la República.
-¿Que representan los overoles blancos?
-La mayoría son anarquistas, que nadie controla y por lo mismo, no deben confundirse con los secundarios de las evasiones del Metro, que operan organizadamente con cierta jerarquía.
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