Un descubrimiento chino. Neil Gaiman –un inglés demasiado plagiado acá– cuenta en uno de sus ensayos que en 2007 visitó China, en lo que dice debió haber sido el primer congreso de ciencia ficción en ese país, y que un funcionario del Partido Comunista le explicó que se habían propuesto promover el género porque habían investigado que los ingenieros de Silicon Valley y otros lados de niños habían leído esos libros.
El problema de los tres cuerpos, El bosque oscuro y El fin de la muerte cuentan la confrontación de la humanidad con Trisolaris, una civilización que envía una flota para enfrentar a La Tierra. La Revolución Cultural; las consecuencias de enviar mensajes a las estrellas y sobre todo el rol de la ciencia y de China en el mundo del futuro es el que está en el corazón de la historia.
Recientemente llegó a las librerías La era de la supernova, que cuenta las inquietantes posibilidades que la exposición a una supernova podría provocar a la humanidad. Liu Cixin imagina que todos los adultos terminan muertos pero con tiempo suficiente para entrenar a los niños de la tierra para que ellos se hagan cargo de hospitales, centrales de energía, gobiernos, ejércitos y bombarderos. Visto desde China, claro.
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No todo es culpa de las fake news o de quienes promueven engaños y quimeras. A veces somos nosotros mismos quienes preferimos no ver la realidad y terminamos inmunizándonos -por miedo, por vergüenza o por falta de coraje- contra verdades que nos son incómodas. En su último libro, Mark Lilla analiza el fenómeno.
“Días de juego” cuenta una historia que tiene mucho de autobiografía. Su autor, estadounidense radicado en Londres y que hace poco estuvo en Chile, también jugó al básquetbol y vivió los dilemas de quien se sabe bueno para jugar, aunque no excelente para quedar a la altura de sus ambiciones.
La nueva edición de “Todo Santiago” recoge más de cincuenta crónicas adicionales que el autor publicó después que apareciera este libro en 2012. Es una obra fundamental que permite entender mejor la ciudad y reconocerle genuina estatura literaria a la crónica como género periodístico.
Un escritor francés, Jean-Nöel Orengo, retoma los cabos sueltos y las incongruencias de la gestión de Albert Speer en las altas esferas del Tercer Reich, del cual llegó a ser su número dos. Fue un gran arquitecto. Fue un ministro especialmente competente. Pero quizás también un gran embaucador.
Tal vez no es exactamente una novela, porque tiene mucho de testimonio, de memorias, de ensayo y de autoficción. Nadie debiera extrañarse, sin embargo, porque su autor, Julian Barnes, siempre ha escrito desde zonas híbridas y sin temor a la experimentación. El libro acaba de llegar a Chile.