-Pareciera que José Antonio Kast aún no lograr aglutinar a todo su elector potencial. De hecho, solo la mitad de quienes votaron por Sichel lo hará por Kast, según Cadem. ¿Debería Sichel hacer un gesto?
-Tomaría con cuidado las encuestas, por múltiples motivos, pero me parece que sí dejan ver una cuestión: el traspaso de votos es más difícil para Kast que para Boric. En ese contexto, un gesto de Sichel sería muy importante. No resolvería de por sí el problema, pero ayudaría. Por otro lado, no se entendería que Sichel quedara al margen de esta disputa.
-Al parecer el voto femenino de Sichel es el más reacio a votar por Kast.
-No hay que sobrevalorar los hechos puntuales, pero es innegable que crean climas, sobre todo cuando se acumulan. En ese contexto, el episodio Kaiser hizo visible una dificultad objetiva de Kast: en su mundo, han estado presentes discursos reñidos con ciertos principios básicos que él mismo dice defender, como la dignidad humana. Eso lo deja en una situación complicada, porque devela cierta improvisación. Ya teníamos el (problema del) programa, ahora tenemos la selección de sus candidatos: si quiere ser alternativa de gobernabilidad, Kast debe revertir esa sensación. No es tarea fácil.
-¿Le sorprendió el apoyo de Ricardo Lagos a Boric, quien ha sido crítico de los gobiernos de la Concertación y del ex Presidente?
-No me sorprendió lo de Lagos, porque el hombre siempre ha sabido estar a una altura que sus críticos nunca han visto ni de lejos. Me pareció el modo más elegante de decirle a los jóvenes rebeldes que él está, definitivamente, en otra categoría; categoría cuya existencia ellos ni siquiera vislumbran, dicho sea de paso. Impresionante.
-El tema más relevante para la gente, según Cadem, es “Derechos sociales, salud, educación, vivienda”. ¿Esta demanda social se relaciona con el estallido social o es un fenómeno distinto?
-Está vinculado con el estallido. Siempre he pensado que la tragedia de esta elección es tener que escoger entre orden y protección, como si fueran opuestos y no complementarios. El programa original de Kast es una versión bien dura del liberalismo económico, y no creo que eso dialogue mucho con el país actual. En el mundo, las derechas han abandonado ese tipo de retórica, y ofrecen algo distinto. Hay que hacer una síntesis, y ambos candidatos están muy esquinados para ser convincentes en ese plano. Como fuere, queda mucho paño por cortar, y supongo que el o los debates jugarán un papel.
-¿Qué ajustes deben hacer los candidatos en sus prioridades temáticas?
-Haría un matiz antes de responder directamente: la elección reveló una fractura geográfica brutal. Nos encaminamos, si no hemos llegado ya, a un fenómeno propio de muchos países desarrollados: el quiebre es entre ciertas elites urbanas y las periferias. Desde luego, esto no es lineal (Boric tiene éxito en sectores populares de Santiago, Kast en sectores urbanos de regiones), pero permite dar vuelta la pregunta: en Chile no hay uno ni dos temas prioritarios, pues el electorado está muy fragmentado. Los problemas del mundo rural no son los del norte, que son distintos de la Araucanía, y así. El desafío actual de los candidatos es lograr hablar a distintos públicos, sin perder consistencia. Más allá de la pregunta, creo que a cualquiera de los dos le va a ser muy difícil gobernar Chile considerando esa fractura, pues tendrán —cada uno de ellos— legitimidades regionales muy dispares respecto de la legitimidad nacional. En mi opinión, es el dato más relevante y significativo de la elección (además, claro, del fin de la ilusión octubrista).
-Esta es una campaña intensa y corta. Un error puede ser garrafal. En ese sentido, ¿a quién has visto más seguro y activo?
-Boric estuvo muy mal el domingo por la noche, pero se corrigió en la semana: concitó apoyos y varió el discurso. Está por verse si ese cambio tan brusco de registro no le pasará la cuenta, porque hay una disonancia un poco fuerte al ver a Boric con la bandera chilena hablando de seguridad pública. Esa misma semana Kast debió enfrentar el episodio Kaiser, que no le resultó cómodo. En cualquier caso, la incorporación de Paula Daza es una señal positiva, pues se trata de una figura que le suma y le cubre puntos ciegos, incluso más que Izkia a Boric (que corre el riesgo de hablarle a un público muy parecido: es como un grupo de amigos).
-¿Qué aspectos, a su juicio, debería actualizar o modificar Kast?
-Me parece que, en rigor, el programa debería ser modificado sustantivamente, y no sólo en ciertos detalles. En todo caso, tiene espacio político para eso: no hay un PC sobre él haciendo presión. Pero tendrá que justificar discursivamente que su primer programa haya sido tan poco feliz, por decirlo de algún modo.
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