Las propuestas del líder. A solo semanas de la próxima elección presidencial las encuestas son claras en mostrar que Gabriel Boric es quien lleva la ventaja. Y aunque los sondeos se han equivocado en el pasado, en esta ocasión son todas consistentes en mostrar que la tendencia es inapelable: Gabriel Boric lidera en primera vuelta y se impondría con facilidad ante Sebastián Sichel, Yasna Provoste o José Antonio Kast en la segunda.
La izquierda de Boric. En un conocido artículo de 2006 el académico Mexicano Jorge Castañeda resumió el avance de la izquierda en América Latina como una batalla de dos izquierdas: una democrática y fiscalmente responsable (como las de Chile y Uruguay) y una expansiva y populista (como las de Argentina y Venezuela). Y si bien es una matriz simple para describir un fenómeno complejo, sigue siendo utilizado como un faro para pensar en la distribución de las izquierdas en la región.
¿Quién gobernará?. Lo interesante del análisis es que, en el caso chileno, en el caso de Boric, hay que separar al candidato de los sectores que lo apoyan. Pues, después de todo, los matices son importantes. Boric no es Evo Morales ni tampoco Nicolás Maduro. Como político, ha sido hábil en entender dónde y cuándo ceder, y de ese modo, desactivar potenciales crisis. Siempre ha escogido la democracia por sobre el autoritarismo.
La hora de las definiciones. Lo anterior es un flanco abierto para Boric. Quizás no en lo inmediato, considerando su ventaja en la carrera electoral, pero sí en un eventual gobierno. Abre preguntas sobre gobernabilidad y estabilidad económica, política y social. Que parte de la izquierda que lo apoya sea indiscutiblemente autoritaria es preocupante. Lo único que eso garantiza, en un país de tradición democrática, es inestabilidad y tensión.
La resistencia. Cuando se revisa el registro de lo que pasó con los países de América Latina que giraron a la izquierda en los dos miles, en la marea rosada, como le denominó Castañeda, los números son lapidarios. A los países que siguieron la primera senda les fue bien y a los otros les fue mal. Así lo demuestran índices de democracia, economía, corrupción, desarrollo social, y bienestar en general. Obviamente, no es el fin de la historia, pero algo indica.
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