–El fracaso de la acusación contra la ministra Tohá fue un triunfo del gobierno y una derrota de la oposición. ¿Chile Vamos se dejó arrastrar por el Partido Republicano?
-Estamos en una escenario, a dos semanas de la elección, polarizado, donde hay poco espacio para los matices, para el debate y la reflexión. Y parte de eso explica que Chile Vamos se haya visto sin estrategia. A los republicanos la acusación les servía si la ganaban, aunque nunca tuvieron los votos, pero también ellos sentían que eran ganadores si es que perdían, porque marcaban un punto, marcaban su relevancia.
En el caso de Chile Vamos todavía no hay un debate sobre qué hacer respecto del Partido Republicano. Una parte de Chile Vamos lo ve como un socio y otra parte lo siente como adversario. Esa dualidad en Chile Vamos sobre los republicanos arrastra a RN, UDI y Evópoli a situaciones que terminan siendo erróneas; o al menos sin una estrategia definida ni acordada.
-No es la primera vez que pasa. Hubo una moción de censura contra la mesa de la Cámara encabezada por la diputada Karol Cariola (PC). O la acusación contra Carlos Montes. Ambas impulsadas por los republicanos.
-Sí. Porque muchas de estas acciones tienen un tono electoral de competencia al interior de la derecha más que competir con la izquierda o el oficialismo.
-¿Hay una disputa hegemónica desatada en la derecha?
-Hace cuatro años que la hay. Lo más probable es que veamos un nuevo episodio de esta disputa en la elección del 26 y 27, que no se termine de resolver. Todo indica que las dos fuerzas (Chile Vamos y el Partido Republicano) van a terminar siendo bastante equivalentes. O hay un espíritu de colaboración o lo único que se van a repartir son las derrotas.
-Algunos critican que Chile Vamos se ha transformado, en ocasiones, en el vagón de cola de los republicanos. ¿Qué piensas?
-No creo que sea así, pero es un peligro evidente. En la medida que no hay estrategias que sean debatidas, no hay una definición sobre si se va a generar una instancia de unidad o se va a competir con los republicanos. Esa dualidad que existe al interior de Chile Vamos es lo que genera esa sensación de verse arrastrados. Para el Gobierno esa disputa es la mejor noticia que puede tener. De esa manera las fuerzas de oposición se disputan entre sí y no le disputan al Gobierno. No lo ponen en apuros.
-Coincidentemente, aunque no sea significativo, Matthei baja tres puntos en la encuesta Criteria, y Kast sube tres.
-Desde el minuto en que Matthei tomó el liderazgo se transformó en un problema para el mundo republicano. Y eso se ha notado en la falta de cooperación o de una estrategia común. Sucede que el ambiente polarizado favorece al Partido Republicano y ellos lo saben.
-¿Cuál debería ser la estrategia de Chile Vamos: buscar las diferencias o las coincidencias con los republicanos?
-El peor escenario es el actual, cuando no tienes una definición. Peor que tener una mala estrategia es no tener ninguna.
-¿Eso es lo que está pasando hoy día?
-Eso es lo que pasa ahora. No hay una definición sobre qué hacer y por lo tanto hay espacio para las dos opciones. Estar en la indefinición conspira contra la dinámica propia de Chile Vamos, que ya está sujeta a tensiones producto del episodio de Chadwick, de Cubillos. Hay mucha tensión que le ha costado administrar y que de alguna manera ha llevado a una indefinición al interior de Chile Vamos y a una falta de liderazgo.
-¿A Chile Vamos le falta un proyecto claro y diferenciador respecto de los republicanos?
-No estoy de acuerdo con esa crítica. A estas alturas a Chile Vamos le falta un proyecto diferenciador respecto de la izquierda y del Gobierno. En la medida que construya su proyecto para diferenciarse de los republicanos, es el camino equivocado.
-¿Es una buena idea que se transforme en un partido único Chile Vamos?
-Lo primero que tienen que hacer es cuidar los liderazgos propios. Evelyn Matthei no puede pagar las consecuencias del desorden de Chile Vamos. El liderazgo de Matthei tiene que ver con su rol con la ciudadanía y no con los partidos. Si no van a ayudar, los partidos tienen la obligación, por lo menos, de no causarle problemas. El desorden de Chile Vamos conspira contra Evelyn Matthei. Chile Vamos lo único que tiene que hacer es no convertirse en una mochila pesada para ella.
-¿Una mochila pesada fue Andrés Chadwick, que renunció a la UDI?
-Todos esos episodios obviamente la afectaron en el corto plazo, pero no de manera permanente. Porque no fueron responsabilidad de ella.
–El 40%, según la misma encuesta Criteria, asocia el caso audio con Chile Vamos. ¿Otra carga pesada?
-Es un tema a resolver de manera urgente, porque está afectando a su candidata y a los candidatos municipales y regionales a dos semanas de la elección.
-A cinco años del 18-O, ha perdido apoyo el estallido. ¿Es un tema que puede complicar al Gobierno, que en principio lo celebró?
-El Gobierno está muy complicado con el estallido social. Así como algunos sacan cuentas rápidas de que el caso audio le puede pasar la cuenta a la oposición, si el gobierno se equivoca en las señales que da en torno al 18 de octubre le puede generar un costo electoral. Por eso hasta el PC ha suspendido celebraciones y el Gobierno no quiere hacer nada.
-La encuesta CEP dice que el 50% lo considera malo o muy malo.
-Nadie quiere reivindicar ni las imágenes ni lo que pasó y eso habla del temor que significa el estallido. Eso puede generarle en las elecciones un costo importante al Gobierno. Veo que los alcaldes y los gobernadores que celebraron el estallido social, que fueron elegidos gracias al 18-O, van a guardar silencio ese viernes, preocupados de que nadie lo recuerde y no les pasen la cuenta.
-¿Qué debería hacer Matthei?
-Al revés, ella debería hablar. Van a haber múltiples instancias de reflexión para consolidar esta mayoría que condena el estallido.
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