-Lo que pasó ayer en la derecha, ¿es señal de una división mayor?
-Se demostró que es una oposición que no ha logrado alinearse detrás de una acusación constitucional, en ninguno de los cuatro intentos. Es un capítulo más que muestra que es una oposición dividida y lo único que genera es frustraciones en su electorado.
-¿No hubo coordinación en los cuatro partidos de oposición?
-Para nada. Aquí cada uno arranca por su lado, cada uno ha hecho su propia acusación y de manera independiente, sin ninguna coordinación, ni en los temas ni en los capítulos. Eso es lo que hemos visto. Y una oposición dividida es el sueño de todo mal gobierno, porque se vuelve ineficaz en la fiscalización.
-También dañaron mucho a la acusación las declaraciones de gente como Cordero o Aranda.
-Sin duda. En el fondo esas declaraciones lo que hicieron fue extremar las posiciones hacia un lugar que era incómodo para gran parte de la coalición. Hay muchos diputados de derecha que votaron a favor, muy incómodos. Por el lenguaje, por el tipo de expresiones que se estaban utilizando.
-De hecho Guillermo Ramírez (UDI) dijo: “Nosotros nos sentimos ofendidos cuando nos tratan como homofóbicos”.
-Se cayó en la trampa que tenía preparada el gobierno en esa materia. Caímos en el eje comunicacional que había elegido la defensa. Y obviamente que al enganchar a través de las lamentables declaraciones de la diputada Cordero y de la señora Marcela Aranda, ellas le terminaron haciendo el favor al Gobierno.
-La derecha criticó mucho a la oposición de Piñera, que hoy día está en el gobierno, por hacer 11 acusaciones. Ahora la oposición lleva cuatro. ¿No hay inconsistencia? ¿Es un mal camino insistir en estos libelos?
-Una coordinación política pasa por generar una opinión pública favorable. Aquí se hizo todo lo contrario. Se generó una opinión pública en contra de la acusación. Se hizo todo mal. Y por eso que no extrañó el resultado.
Aún así, creo que la acusación constitucional no está hecha para ser una herramienta de de fiscalización, ni una herramienta política de la oposición. El abuso de cualquier herramienta produce que se pierda el efecto deseado.
-Se criticó mucho que esta no tuvo fundamentos sólidos.
-Debiera subirse mucho el estándar necesario para que se acuse constitucionalmente. Pero esto demuestra la debilidad de la oposición. Una oposición que no dialoga, no conversa, no se coordina. Para algunos, la acusación constitucional se transformó en una manera de demostrar que se es más opositor que el resto. Pero de manera ineficaz. Lo único que hace es alienar al electorado de la derecha. Los errores propios le dan oxígeno a un gobierno que estaba pasando por un mal momento.
-También dos diputados Republicanos se ausentaron. RN amenazó con retirar un par de parlamentarios en una comisión de Evópoli. ¿Puede haber más consecuencias de la derrota?
-El punto de fondo es: si la oposición no es capaz de generar gobernabilidad interna y de construir una alternativa de gobierno, podrá ganar elecciones, pero no va a poder dar gobernabilidad, que es lo que el país necesita.
La verdad, no creo que escale mucho ni que llegue la sangre al río. Sería un poquito hipócrita. En ocasiones anteriores han sido otros los que han boicoteado.
-¿Qué clase de oposición está siendo la derecha? ¿Cuál es la estrategia?
-No hay estrategia y queda claro que no hay una coordinación y ni siquiera hay una conversación sobre el tipo de oposición que se quiere hacer. Eso quedó a ojos de todos los electores y ha generado mucha frustración y malestar. Todos los partidos, no solo Evópoli, tienen que hacerse cargo, de lo contrario es algo inviable hacia el futuro.
-¿Hay relaciones quizá compartimentadas entre cada partido, no hay una gran fluidez o amistad política entre ellos?
-La hubo para el plebiscito del rechazo. Pero eso se tendió a desdibujar en las elecciones de consejeros y hoy día prácticamente no existe la coordinación. Eso debilita mucho a la oposición. Si desde Republicanos a Evópoli no entienden que se requiere una oposición unida y eficaz, es la mejor noticia que recibe el gobierno.
-¿La oposición no aprovecha de forma más contundente los errores de gestión del Gobierno?
-A ratos parece que los partidos de oposición están más preocupados de competir entre ellos que ser un contrapeso del Gobierno.
-¿Cómo complica esto la opción presidencial?
-Yo creo que hoy día estamos viendo un gobierno que sufre los efectos de no ser mayoría, de no dar gobernabilidad y de tener un conflicto interno entre sus dos coaliciones. Eso lo está sufriendo el presidente Gabriel Boric. Y la duda es si eso sería muy distinto en un eventual gobierno de derecha en dos años más.
-Pero, ¿cambia o influye en la elección presidencial que viene?
-Genera esa inquietud en muchos electores. Los problemas que hoy día sufre el gobierno ¿serían muy distintos en un gobierno de derecha o serían básicamente iguales en términos de gobernabilidad? Es una tarea pendiente.
Lo que ha quedado demostrado en la última década es que es mucho más fácil ganar una elección que gobernar. Algunos dicen: nosotros podemos ganar la elección. Sí, puede ser. Gabriel Boric con menos de 1/3 de los votos, en primera vuelta sacó un 26%, terminó ganando la elección. Pero no puede gobernar. Tuvo que incluir al Partido Socialista, al PPD. Y esas coaliciones no han logrado generar gobernabilidad.
-¿Se hace cada vez más difícil gobernar?
-Yo creo que esa es una lección muy importante. Si no se trabaja ese tema de la gobernabilidad interna, quien gane la elección presidencial, sea Evelyn Matthei o José Antonio Kast, va a sufrir lo mismo.
La lógica en la últimas elecciones es que el componente de voto de castigo tiene que ver más con lo que haga o deje de hacer el gobierno y no con lo que haga y deje de hacer la oposición. Las expectativas siempre están puestas sobre el gobierno. Si este gobierno fracasa, finalmente eso le va a dar una oportunidad a la derecha. Yo creo que es muy probable que la derecha pueda ganar la elección presidencial. La duda está puesta en si va a poder gobernar.
Con la acusación fallida, quedó revelada la falta de gobernabilidad de la oposición y eventualmente que el desafío de dar gobernabilidad podría ser un problema hacia el futuro.
-El Gobierno celebró como pocas veces…
-El Gobierno celebra que ha salvado a su ministro de Educación de la acusación constitucional. Pero es un ministro que está mal evaluado por la ciudadanía, que presenta graves problemas de la gestión de su ministerio y por lo tanto es difícil de entender: ¿qué celebra tanto el Gobierno?
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