Jiles es producto de una izquierda ambiciosa y complaciente que la necesitaba para sumar escaños en la elección de 2017 (en esa oportunidad también apoyaron a Florcita Motuda). Es producto de un diseño estratégico del Frente Amplio que buscó privilegiar el potencial electoral de sus candidatos por sobre su integridad moral. Y también de la centroizquierda, que nunca levantó muros para prevenir el ascenso de liderazgos populistas y autoritarios. En vez de defender su legado de moderación y éxito, apoyó la polarización apoyando a figuras populistas.
El fenómeno Pamela Jiles. La curiosa interpelación de la diputada Pamela Jiles a su par Diego Schalper es cualquier cosa menos una sorpresa. Hace bastante tiempo ya que la diputada ha estado usando la misma agresividad para referirse a sus pares. Lo único que realmente sorprende es por qué una figura de su estatura (una representante popular) ha tenido tanta soltura para hacer lo que ha querido en el congreso, serialmente violando protocolos, tradiciones y estándares éticos.
La purga del Frente Amplio. Pamela Jiles no es el único ejemplo que presta soporte a la tesis de la exagerada ambición electoral del Frente Amplio en 2017. En esa elección también apoyaron al otrora cantante Florcita Alarcón que fue elegido diputado en la región del Maule con apenas 6 mil votos. Como Jiles, Alarcón también ha destacado por todo menos por su contribución legislativa. Desde su estrambótica apariencia a sus reiterados incidentes legales.
La ausencia de la centroizquierda. El ascenso de Jiles no es sólo producto de los vaivenes del Frente Amplio en su búsqueda de identidad y poder. Es también producto de una centroizquierda ausente y deferente. La otrora Concertación y Nueva Mayoría nunca levantaron muros para prevenir el ascenso de liderazgos populistas y autoritarios en su extremo más cercano. Cuando tenían que defender su legado histórico, de moderación y éxito forjado en base al diálogo y la tradición republicana, callaron.
Los costos de potenciar a Jiles. La explicación del auge de Jiles está clara. Mientras que fue el Frente Amplio quien la apoyó y endosó para entrar a la cámara, fue la centroizquierda la que permitió que creciera y se instalara como una figura de alcance nacional. Jiles es, en ese sentido, un liderazgo enteramente forjado por la oposición. Por eso, quizás, resulta tan irónico ver que quienes la parieron y criaron hoy la buscan enterrar.
El camino hacia adelante. El impacto de Pamela Jiles sobre la carrera presidencial será relevante. Con una oposición ya diluida, la diputada será sin duda un elemento de dispersión más. Incluso con una primaria amplia de la oposición que la excluya, su presencia en la primera vuelta inevitablemente forzará una segunda vuelta, en la cual ella no endosará a ninguno de los candidatos que pasen a la segunda ronda. Más evidencia de que la derecha corre con ventaja para ganar la elección.
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