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Diciembre 9, 2025

La campaña de segunda vuelta y los resultados del domingo. Por Pepe Auth

Ex-Ante

Gracias al voto obligatorio, Kast será el presidente electo con más votos en la historia de Chile, unos 6,9 millones. El récord hasta ahora lo ostenta Gabriel Boric, con 4,6 millones en la segunda vuelta de 2021, la última con voto voluntario. Apostaría que Jeannette Jara también destronará a Boric, con unos 4,9 millones de votos.


Me gustaría poder abstraerme de que escribo este artículo a sólo cinco noches de que se despeje la incertidumbre -siempre hay alguna en elecciones democráticas- sobre quién se sentará en el sillón presidencial y liderará el abordaje de los principales problemas del país en los próximos cuatro años. Pero a quien le pregunte me dice que no puedo rehuir el análisis de lo ocurrido en estas semanas de campaña y la medida en que ésta ha incidido sobre mi propia proyección de la distribución de los 6,4 millones de votantes que prefirieron candidaturas que no llegaron a segunda vuelta y de los resultados finales de ésta.

El 24 de noviembre publiqué aquí una proyección con 10,1% de Blancos & Nulos (1,347 millones), 58,5% para Kast (7,085 millones) y 41,5% para Jara (5,019 millones). En mi experiencia previa, cada vez que modifico mis proyecciones en función de los hechos de la recta final de campaña me he alejado de los resultados en lugar de acercarme.

El primer hecho relevante fue la decisión de Franco Parisi y el PDG de seguir la iniciativa de la diputada Jiles convocando a anular o dejar en blanco la papeleta de votación. Mi análisis es que esa decisión aumentaría el caudal de Nulos & Blancos sólo en unos 300 mil votos respecto de mi proyección inicial, puesto que hará crecer al doble esa opción en los votantes de Parisi pero al mismo tiempo la reducirá en los votantes del resto de los candidatos, pues muchos se resistirán a ser contados como caudal de Parisi y Jiles.

El segundo hecho más relevante de estas semanas es el giro estratégico de la campaña de Jara. Casi inmediatamente después de triunfar en la Primaria, asumió el rol de favorita para ganar la primera vuelta, cosa que hizo con menor ventaja de la prevista, luego de haberse situado en posición defensiva, encajando con estoicismo los golpes de todos sus contendores de izquierda y de derecha, contenida, sin arriesgar, incluso rehuyendo algunos debates y, en todo caso, buscando no cometer errores, enfocada principalmente en mostrar un liderazgo cercano, amable y dialogante, intentando que los electores se identificaran con su origen popular y condición meritocrática.

Ahora tiene que remontar una distancia gigantesca, porque 7 de cada 10 electores votaron por candidaturas opositoras al gobierno y la mitad del total de votantes de primera vuelta escogió a alguna de las tres candidaturas que se reconocían en la derecha. Los analistas que cuestionan la conveniencia de que Jeannette Jara haya pasado a la ofensiva, emplazando a Kast cada vez que puede, pasan por alto que ésta era la única manera posible de sacar a su sector de la depresión y recuperar, sino la esperanza de dar vuelta el resultado, al menos de acortar la distancia evitando una derrota humillante.

Ha hecho bien la candidata identificando las debilidades de la candidatura opositora, golpeando insistentemente en el flanco de la protección social, porque el temor de muchos a la pérdida de beneficios es la kriptonita de José Antonio Kast, particularmente en los sectores más vulnerables, votantes que le fueron esquivos a la candidatura de izquierda en primera vuelta. Aun mejor ha sido su performance comparada en los debates, mostrándose más solvente, con mucho más experiencia de gobierno y proactiva para acoger propuestas de otras candidaturas, mientras su contendor aparece ahora en una posición defensiva, con menos solvencia argumentativa, rehuyendo tomar partido en demasiados temas relevantes.

De lo que se trataba para Jara era de reducir la dimensión de plebiscito al gobierno de turno que tiene toda elección presidencial y ha hecho esfuerzos ilimitados para despegarse del presidente y su gobierno, no trepidando en emplazarlo cuando era necesario, esto con la colaboración del presidente Boric, que después de un protagonismo inusitado en la campaña de primera vuelta, ha estado totalmente ausente en la segunda vuelta.

El otro objetivo estratégico de la campaña de Jara era salir del eje Apruebo/Rechazo alejándose de toda pretensión refundacional, con un discurso tranquilizador y un programa muy moderado respecto de lo que fuera la campaña de Boric en 2021. Y adicionalmente, competir con el eje seguridad/crecimiento introduciendo la preocupación por la continuación del proceso de construcción de un estado y una sociedad de bienestar, apuntando a su rival y sus iniciativas explicadas insuficientemente de reducir el gasto y modificar el financiamiento de la PGU, aprovechando lo que quizás fue el único error de campaña de Kast en la primera vuelta, que introdujo innecesariamente la sospecha de que podía venir a revertir la reforma de pensiones, que ya comenzó a entregar sus primeros beneficios.  

Mi impresión es que en estas semanas Jeannette Jara -con la complicidad pasiva de Kast- creció levemente en su potencial de atracción de votantes de Parisi, reduciendo la ventaja inicial de Kast en ese electorado, favorecida por la decisión de Parisi de llamar a anular. También creo que aumentó levemente el drenaje de votantes que prefirieron a Matthei en primera vuelta, particularmente mujeres y antiguo electorado concertacionista.

Su punto débil, en mi opinión, es que no ha podido mostrar más apoyo del que tuvo en primera vuelta, con el escuálido resultado conocido. Todo está centrado exclusivamente en el talento de la propia candidata. Tampoco ha logrado cambiar la percepción de que la suerte está echada y la percepción ultra mayoritaria después del 16 de noviembre es que el camino está despejado para Kast. No contribuye a modificar esto la sensación de que está echando la casa por la ventana en materia de propuestas, sin trepidar en promesas populares irrealizables e inconvenientes para el país.

La candidatura de José Antonio Kast, por su parte, comenzó muy bien la campaña de segunda vuelta incorporando rápidamente a toda la derecha, recibiendo además una señal de legitimación por parte del expresidente Frei, que sin apoyarlo explícitamente, hace algo equivalente a lo que hizo el expresidente Lagos en el plebiscito de 2022, es decir, abrir la puerta para que puedan cruzar el río electores que se identifican aún con la Concertación. Positivo para su opción ha sido despejar con claridad que su eventual gobierno no sería exclusivamente republicano, sino que buscará ampliar al máximo su base de apoyo y participación. Buena parte de los dirigentes de Amarillos y Demócratas también le han entregado su apoyo, además de figuras del Partido Radical.

El problema principal de Kast en esa fase final de la campaña es que a la hora de los quiubos la disyuntiva para muchos electores se plantea entre dos personas y su capacidad para gobernar. A pesar de tener una ventaja muy significativa en el reconocimiento de los atributos clave para la mayoría de los electores -capacidad para combatir la delincuencia, controlar la migración y recuperar la economía-, ha mostrado comparativamente mucho menos solvencia que su rival, incluso para responder con la claridad necesaria cuestiones básicas sobre sus puntos programáticos más señeros y, por tanto, resulta extraño que no hayan desarrollado respuestas plausibles y que no generen dudas.

Todas estas disquisiciones no cambiarán el curso de la elección, cuyo resultado tiene escasa incertidumbre.  No cambiaré mi proyección inicial (58,5/41,5) porque estaba hecha previendo una cierta remontada de la candidatura oficialista por su superioridad en los debates y el paso a la ofensiva, pero sí apostaría a que los Blancos y Nulos subirán al 12,2%. 1,1 millón más que en la primera vuelta no se definirá ni por Jara ni por Kast, aunque eso significa que 82% de los casi 6,4 millones que optaron por otros candidatos en primera vuelta, sí expresará preferencia válida el domingo próximo. Si esto ocurre, habrá fracasado la demostración de fuerza de Franco Parisi, pues aunque intentara interpretarlos a todos como sus seguidores, estará muy lejos de su votación en primera vuelta.

Gracias al voto obligatorio, José Antonio Kast será el presidente electo con más votos en la historia de Chile, unos 6,9 millones. El récord hasta ahora lo ostenta Gabriel Boric, con 4,6 millones en la segunda vuelta de 2021, la última con voto voluntario. Apostaría que Jeannette Jara también destronará al presidente Boric, pues unos 4,9 millones de votos le permitirá amanecer el lunes 15 como la segunda candidatura presidencial más votada de nuestra historia.

​​​​​​​​​Pepe Auth

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