El regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos puede tener consecuencias profundas para nuestro desarrollo económico y jurídico en aspectos insospechados.
Es uno de esos fenómenos internacionales cuya magnitud mediática puede ocultar efectos menos evidentes, especialmente en tiempos en que la política se parece más a un espectáculo de expresiones emocionales que a un ejercicio de toma de decisiones responsables entre distintos grupos para alcanzar “soluciones políticas”.
Su reciente anuncio de aplicar un alza generalizada de aranceles ya ha comenzado a desatar una nueva guerra comercial, pasando por alto tratados de libre comercio y tensionando el orden económico global.
En Chile, más allá del golpe directo a nuestras exportaciones, se abre una oportunidad estratégica menos evidente: la posibilidad de que, en las negociaciones para evitar o mitigar estos aranceles, Estados Unidos exija a nuestro país garantías y certezas jurídicas para sus inversiones.
Y aquí aparece la paradoja.
Chile fue durante décadas un referente entre los países emergentes, precisamente porque ofrecía estabilidad institucional, un Estado de Derecho confiable y reglas claras. Ese marco institucional permitió atraer inversión extranjera, consolidar relaciones económicas de largo plazo y alcanzar tasas de crecimiento que nos diferenciaron de la región. Ello fue posible gracias a un consenso entre los distintos grupos políticos acerca de la relevancia de una posición unificada de las políticas de Estado y de cómo actuar ante el resto de la comunidad internacional.
Pero ese capital institucional se ha venido deteriorando a lo largo de la última década. Pese a que estos problemas se arrastran desde antes, el estallido social marcó un antes y un después en la percepción sobre nuestro país. Desde entonces, hemos visto cómo la certeza jurídica se ha erosionado en distintos frentes: órganos del Estado que actúan sin límites claros, revisión antojadiza de normas, permisología asfixiante, discrecionalidad y arbitrariedad administrativa respecto a proyectos de inversión y una creciente politización de decisiones con impacto jurídico. Hoy, invertir en Chile implica navegar un entorno muchas veces incierto, confuso e incluso hostil.
Por eso es tan llamativo que sea precisamente un actor como Trump —emblema del desorden y la confrontación— quien pueda forzarnos a reordenar la casa, a exigir garantías frente a nuestras propias fragilidades y a retomar el camino que nos permitió posicionarnos internacionalmente como una economía abierta y un buen socio para los países más desarrollados.
En todo caso, esta no debiera ser una reacción puntual frente a presiones externas, sino una llamada de atención para recuperar la seriedad institucional que nos permitió crecer y destacar. Y también una invitación a elevar el debate público. Mientras seguimos absortos en peleas estériles y encuestas semanales, dejamos de mirar las tendencias y hechos que realmente pueden marcar la diferencia en nuestro desarrollo futuro.
Quizás, y de forma tan paradójica como inquietante, la amenaza Trump nos recuerde lo que nunca debimos dejar de valorar: la confianza, el respeto por la ley y reglas del juego claras y con objetivos a nivel del país y no de sectores políticos.
Publicaciones relacionadas
Elmer Cuba, exsocio de Macroconsult y exdirector del Banco Central peruano, cursó un magíster en la Universidad Católica de Chile, donde dice a Ex-Ante que sus “mejores profesores de la UC fueron Vittorio Corbo, Felipe Larraín y Rodrigo Vergara”. Y recordó un curso de econometría que Jorge Quiroz fue a dictar a Lima, Perú.
“El Gobierno de Chile cumple plenamente con los estándares mínimos para la eliminación de la trata de personas”, dijo el último informe del Departamento de Estado, que incluyó una revisión del trabajo forzado en el país. El documento de 2025 —que adquirió nuevo interés tras el golpe arancelario de EE.UU.— destacó las sanciones contempladas en […]
El guerrero cultural piensa, implícitamente, que el ciudadano es menos inteligente que él. Esa presunción lo lleva a convencerse de que posee la capacidad para transformar el pensamiento de los demás. A los ojos de estos sujetos, la ciudadanía sería una especie de rebaño influenciable, presa fácil de quienes buscan persuadirlos sobre cómo hay que […]
Si la preocupación es profundizar el mercado de capitales y mejorar el desempeño empresarial, la agenda debe avanzar hacia mecanismos que fortalezcan el valor del directorio como garante de confianza frente al mercado.
Salvo por los tópicos y la jerga de este tiempo, el documento del congreso suena arcaico. La perspectiva que ofrece como novedosa está emparentada con el rudimentario anticapitalismo del FRAP en los años 50 y la Unidad Popular en los 60 y 70. ¿Qué idea tienen los líderes del FA de lo que es un […]