El arco iris vuelve a brillar. Algunos en tono de broma ponían el símbolo del arcoiris que usaba la Concertación como el nuevo logo del gobierno actual, para mostrar que el Presidente optó por personas probadas, con capacidad de gestión, vínculos en el sector privado e historia profunda en la centroizquierda chilena. Actuó como la Nasa en la película de Clint Eastwood “Los jinetes del espacio” donde ante una crisis imposible de resolver por los jóvenes actuales convocan a viejos estandartes que al ritmo de “Fly me to the Moon” de Frank Sinatra arreglan el entuerto.
La compensación del dolor en Apruebo Dignidad: Ávila y Grau. Si bien la ministra Vallejo deslizó que fue un error de producción, es un hecho de la causa que había más sillas para los ministros nuevos. Según información que circulaba en Palacio, bajo la lógica de los problemas de gestión debieron haber salido Grau y Ávila, pero el presidente habría optado por no golpear tanto a Apruebo Dignidad, y plantearles otra oportunidad. En el segundo caso, se le había culpado injustamente por la caída de la Reforma Tributaria. Las peticiones desde el Congreso para que saliera terminaron afirmándolo. En el caso de Grau, la salida de Claudia Sanhueza de la subsecretaría de Hacienda obligaba a dejar a alguien del Frente Amplio en los ministerios económicos.
Los subsecretarios, la marca del socialismo democrático. La revisión ministerio por ministerio muestra que ahora sí se buscó equilibrios políticos en cada una de las carteras. Algunos cambios emblemáticos son la subsecretaría general de gobierno, donde entra una conocida dirigenta con trayectoria y nexos en la mesa actual o en Bienes Nacionales donde ingresa el ex secretario general del PPD. La tesis del “castigo al PPD”, que circuló ampliamente en medios y destacaron algunos analistas, demostró no tener sentido alguno. El presidente quiere a sus detractores internos más cerca aún.
Marcel y Tohá son los grandes ganadores, pero tuvieron la sabiduría de no salir a celebrar. Con la habilidad que les caracteriza, ambos tomaron nota que las lupas de la opinión pública y, por tanto, las cuentas en las libretas van a centrarse en ellos. Por ello Marcel, después de colocar a una subsecretaria muy afín y mandar a un lugar donde no hay mucho que hacer a la actual, salvar a Grau de la salida y mover las aguas en un ministerio con alta inversión como el MOP, optó por un discurso tranquilo y bajar la belicosidad en la Reforma Tributaria. De la misma manera Tohá, jugadora clave en todas las negociaciones, salió a desmentir a Peña quien en el suplemento D de El Mercurio la marcó como la nueva factótum. En otras palabras, los ganadores estimaron más prudente no salir a celebrar.
El inédito descabezamiento de la cancillería tiene explicación solo en el empate. Si bien había optado por mantener a Urrejola y sacar a Ahumada, en este caso por presión desde Hacienda, era insostenible castigar solo al Frente Amplio. Por la misma razón, Ximena Fuentes también debió salir y así la responsabilidad no era atribuible a alguna coalición. El lamentable episodio de la filtración suena como buen pretexto para ello.
Al igual que el cambio de gabinete pasado, la puesta en escena fue un desastre. La vez pasada el símbolo de la desprolijidad fue la brevedad de Cataldo como subsecretario del interior, esta vez el cambio de hora con los ministros ya instalados en La Moneda, acompañado del episodio de las sillas. Si el presidente cambia a sus ministros sectoriales por problemas de gestión, será insostenible mantener a sus equipos más cercanos responsables de estas puestas en escena. En comunicación política los detalles importan mucho. Las explicaciones posteriores sobre el enredo de las sillas parecen más un sketch humorístico que un acto de comunicación política.
Al igual que la vez pasada las filtraciones hicieron lo suyo. Eso habla muy bien de los medios, que tienen plenamente pinchado el Palacio de la Moneda, pero esa seguidilla de filtraciones también habla de una táctica comunicacional poco estructurada. El mejor ejemplo de ello es la filtración del nombre de la nueva Canciller, que ante la aparición de unos tuits debió ser bajado. Algo huele mal en Dinamarca, diría Hamlet ante un asunto misterioso como este.
La jugada ahora es aprovechar la experiencia y mostrar avances en temas sectoriales Los 5 nuevos ministros tienen capacidades de sobra y por ello pueden en efecto desplegar una agenda que muestre resultados, con buenas pautas de prensa, y sacar esa sensación de estancamiento instalada. A la larga, el viejo cosismo de Lavín es una buena receta para pasar el trago amargo de la caída de la Reforma Tributaria
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