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Octubre 15, 2022

Proceso constituyente: menos encuestas, más política. Por Cristián Valdivieso

Director de Criteria
Crédito: Agencia Uno.

Para quienes genuinamente quieren cerrar este proceso pendiente, ha llegado la hora de ejercer la política, de mirar menos encuestas sobre lo que la gente dice y definir de una vez si seguir -o no- y cómo. Cuanto más demoran, más tiempo ganan los relatos populistas y polarizadores.


El proceso constituyente se ha transformado en monedita de oro para la polarización. Basados en partisanas interpretaciones de lo que dicen las encuestas sobre cómo continuar, los partidos políticos están abusando de la opinión pública para llevar agua a su molino.

Hoy las encuestas están diciendo lo que cada quien, según su agenda, quiera escuchar. La Criteria de la semana pasada da buenas luces al respecto. Por lo pronto muestra que la población está dividida en dos: un 50% ve que tras el rechazo aumentará el interés por cambiar la Constitución actual; el otro 50% cree que el interés disminuirá.

Desde esa polaridad, hay artillería para todos los gustos. Si usted, al igual que los republicanos, quiere evitar un nuevo proceso constituyente similar al anterior puede citar datos como que este vendría a ser la novena prioridad de la ciudadanía, muy lejos de la seguridad y la economía. O bien puede apelar a que sólo ¼ de la población optaría por elegir una Convención para redactar una nueva carta magna. La mayoría preferiría saltarse una elección y apostar directamente porque se designe un comité de expertos (64%).

Ahora, si Ud. está más cerca de lo planteado por el PC, y no está dispuesto a soltar el mecanismo de una Convención 100% electa, paritaria y con escaños reservados (similar a la anterior), también puede buscar su número de la suerte. Para ello se puede justificar en la reciente Cadem que muestra que la gran mayoría del país sigue queriendo cambiar la constitución apostando por un organismo electo 100% entre ciudadanos, o bien entre un mix de ciudadanos y expertos. Lo que nadie quiere es que el cambio constitucional lo lleve adelante el parlamento.

Y si desea un nuevo proceso constituyente, pero con unos bordes gruesos como algunos en ChileVamos, también encontrará datos en esa minería. Incluso si busca asegurar un estado social y democrático de derecho como quiere el socialismo democrático, es cosa de picar un poco más y descubrir que se lo prefiere al estado subsidiario.

No vale la pena seguir pisándose la cola apelando a las encuestas. Sobre el proceso constituyente hay miradas variadas y contradictorias entre una opinión pública. Es evidente, para cualquiera que lea esta columna, que la ciudadanía está cansada de la conversación constitucional y que en su escala de prioridades ha descendido varios peldaños. Pero también es evidente que esa misma ciudadanía no ha cerrado el proceso y quiere hacerlo de manera compatible con una agenda poderosa y prioritaria en los temas más agobiantes como seguridad, empleo e inflación.

Por razones sociales, políticas y económicas, no podemos seguir agudizando la incertidumbre. Chile no ha cerrado su herida constitucional y mientras eso no se haga (de alguna manera) será imposible repensar el pacto social que hoy se mantiene quebrado, sin rumbo ni mínimos comunes compartidos.

Un escenario sin pacto social y cargado de vacilaciones que resulta propicio para alimentar la polarización política y el populismo en sus distintas variantes. Y es que son precisamente los extremos y los populismos los que más se están favoreciendo con una discusión sobre el proceso viscosa, circular y recursiva.

Mientras los maximalistas constitucionales, aquéllos que quieren repetir un proceso a semejanza del anterior, azuzan el relato de una clase política (como si ellos no lo fueran) que busca acuerdos en la cocina para escamotear el proceso al pueblo y diseñarlo al servicio de los señores feudales, los minimalistas, aquellos que a lo más quieren cambios cosméticos, apuntan a los políticos (como si ellos no lo fueran) como desconectados de las urgencias centrales de la gente, ensimismados en su propios intereses partidarios y componendas personales.

En fin, para quienes genuinamente quieren cerrar este proceso pendiente, ha llegado la hora de ejercer la política, de mirar menos encuestas sobre lo que la gente dice y definir de una vez si seguir -o no- y cómo. Cuanto más demoran, más tiempo ganan los relatos populistas y polarizadores.

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