Finalmente, la campaña de la primaria oficialista tuvo una evidente utilidad pública. Sirvió para mostrar no solo las diferencias políticas, programáticas y culturales entre los partidos asociados, sino también los recelos que existen entre ellos y que ya no pueden disimular. Solo imaginar que gobiernen otros 4 años es como para provocar mareos a cualquiera.
Todas las encuestas muestran que el bloque gobiernista representa actualmente a una minoría. Sin embargo, el resultado de la primaria puede incidir en la situación general del país, por ejemplo, en las expectativas de los inversionistas. De un modo u otro, influirá en las decisiones del resto de las fuerzas políticas con vistas a la votación de noviembre.
Si gana Jeannette Jara, ello constituirá un relevante logro del PC, impensado para sus propios dirigentes, que dudaron mucho en proclamarla por no representar fielmente “el espíritu de partido”. Fuera de Chile, se interpretaría probablemente en el sentido de que las fuerzas que gobiernan con Boric han decidido doblar la apuesta y radicalizar su línea de acción. Al fin y al cabo, Jara representa a un partido que respalda incondicionalmente a las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua, está alineado con Putin contra Ucrania y cultiva estrechos vínculos con China.
El eventual triunfo de la candidata comunista sería recibido como una buena noticia por los comandos de Evelyn Matthei y José Antonio Kast. Se trata de la competidora que más les acomoda, puesto que reforzaría en amplios sectores de la sociedad la idea de que la amenaza comunista es completamente real. Les ahorraría muchos argumentos respecto de cuán gravitante ha sido la influencia del PC dentro del gobierno de Boric. Incluso, algún publicista podría aludir a la historia del Caballo de Troya.
Jara ha realizado un estimable esfuerzo por disimular su militancia y dotar de glamour a su candidatura. Incluso Carmona, en un alarde de amplitud de criterio, sugirió que ella podría suspender su militancia si fuera políticamente necesario. O sea, buena onda, sin hoz ni martillo. ¿Le alcanzaría con eso para pasar a segunda vuelta? Es poco probable. La mochila es demasiado pesada.
Un eventual triunfo comunista en la primaria puede determinar que, por fuera del bloque oficialista, se levante un postulante de centroizquierda, el cual, en el caso de ser independiente, tendría la tarea de reunir las firmas requeridas de aquí al 18 de agosto. Ello no sería necesario para el representante de un partido legalmente inscrito. La DC podría sentirse estimulada a llenar ese espacio.
¿Y qué pasa si el próximo domingo gana Carolina Tohá? Los comandos de Matthei y Kast lo interpretarían, con razón, como un reto de verdadera competencia. Tohá tiene posibilidades de crecer hacia un segmento del electorado que recela por igual del PC y de la derecha, y que expresa una sensibilidad de centro y centroizquierda. No pocas personas verían en ella una alternativa de equilibrio, de opción por los cambios graduales. Naturalmente, todo dependería del sello distintivo que la propia candidata pudiera darle a su campaña.
¿Es mayor la chance de Tohá que la de Jara de pasar a segunda vuelta, lo que implicaría desplazar a Matthei o a Kast? Mayor, sin duda. Le favorecen sus credenciales concertacionistas y la experiencia como parlamentaria, alcaldesa y ministra. Está en condiciones de debatir con solvencia sobre el futuro del país. Si, además, no dudara en reconocer errores personales o colectivos, ello sería valorado por mucha gente.
Si Tohá triunfa en la primaria, no puede descartarse que irrumpa por fuera un candidato de la izquierda radical u octubrista, como el gobernador Mundaca, de Valparaíso. Un candidato de ese talante buscaría, desde luego, atraer los votos comunistas y frenteamplistas. Tal escenario no sería necesariamente negativo para Tohá, sino una oportunidad de marcar diferencias y acentuar un perfil socialdemócrata de su candidatura. Sería el momento de apostar fuerte por un nuevo camino.
Aunque esta vez no alcance la Presidencia, Tohá puede marcar un hito significativo. Ha llegado a un punto de su trayectoria en el que, sobre la base de asimilar las duras enseñanzas de los últimos años, podría liderar el empeño por ganar un lugar bajo el sol para una corriente de centroizquierda moderna, liberada de complejos revolucionarios, que actúe con sentido de Estado y se muestre dispuesta a defender la democracia en cualquier circunstancia
Jeannette Jara y el almacenero. Por Andrés Velasco.https://t.co/Y6SbfebOOU
— Ex-Ante (@exantecl) June 21, 2025
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