El año 2025 comienza con una nueva alza del salario mínimo hasta 512 mil pesos. Esto será una buena noticia para los trabajadores que permanecen en sus puestos de trabajo. Sin embargo, los costos laborales de contratar aumentan para los trabajadores de menor calificación y podría tener efectos negativos sobre la contratación e incentivar despidos. El alza del salario mínimo de julio de 2024 impactó a un 18% de los trabajadores asalariados de jornada completa, mucho más que el 3-5% que había sido afectado por alzas previas.
El último IPoM del Banco Central de Chile muestra evidencia de una fuerte reducción en el empleo formal de trabajadores que ganan el salario mínimo. Este nuevo incremento de enero 2025 podría ralentizar aún más la contratación de los grupos más expuestos: mujeres, jóvenes, personas de bajo nivel educacional y trabajadores en regiones de bajo salario promedio, como en La Araucanía, Maule y Coquimbo. Aunque se requiere más evaluación, la evidencia preliminar y el sentido común auguran complicaciones.
Por otro lado, la tasa de desempleo por sobre el 8% empieza a formar parte del paisaje. Además, la fracción de personas que potencialmente podría trabajar, pero no encuentra oportunidades laborales apropiadas, ya sean formales o no, alcanza un preocupante 16.4%. La modesta expansión de la actividad económica prevista para 2025, la dinámica de los avisos laborales en internet y el nulo incremento de la productividad laboral presagian pocas oportunidades de empleo formal y un bajo crecimiento de los salarios.
Otro punto importante es la alta tasa de informalidad laboral, que bordea un 27%. Este antecedente es fundamental para evaluar la posible reforma previsional que sigue en una discusión como si siguiéramos en el escenario de hace 7 o 10 años atrás, antes de los retiros previsionales y de la Pensión Garantizada Universal (PGU). Ambos cambios han hecho más atractiva la opción de trabajar informalmente en Chile, ya que el menor ahorro individual eleva las chances de recibir la PGU, sin necesidad de cotizar.
El proyecto actualmente en negociación en el Congreso propone el 6% de aumento de cotizaciones que inevitablemente contribuye al encarecimiento del trabajo formal, lo cual se suma a otros cambios regulatorios. En un contexto de un mercado laboral bastante débil, la informalidad y la subdeclaración de ingresos pueden aumentar especialmente entre los grupos de menor ingreso debido a la cotización extra.
Este efecto del costo laboral sobre la informalidad está estudiado por Joubert (International Economic Review, 2015) y tendría mayor importancia hoy que en el mercado laboral de hace una década. Si bien es cierto que la reforma actual elevará la previsión, especialmente para el empleo calificado formal, los trabajadores más vulnerables, con lagunas previsionales por informalidad, inactividad, desempleo y bajos salarios, tendrán menos incentivos a cotizar y serán más dependientes de la PGU. Toda una paradoja.
A diferencia de algunas opiniones, creo que el costo fiscal de llevar a cabo esta reforma podría ser cuantioso. Es cierto que más ahorro a raíz de la mayor tasa de cotización evitaría pagar PGU en el futuro a un grupo de la población, pero también veríamos que el mayor costo laboral formal podría hacerlos cotizar con mucha menos frecuencia. Desde luego, no es un punto para zanjar en una columna, pero la respuesta no es obvia y depende de la sensibilidad del empleo de los trabajadores vulnerables frente al alza de costos laborales.
En un escenario de creciente automatización y alta rotación laboral en empleos formales, creo que la informalización pesa más. Hoy corremos el riesgo de celebrar un acuerdo político sobre una reforma inadecuada para el presente, haciéndonos creer que el asunto previsional está resuelto cuando, en realidad, solo habremos sembrado la semilla de la siguiente crisis.
Estrés de Fin de Año: ¿Un clásico inevitable? Por Dra. Cynthia Zavala. https://t.co/A84owFQfKt
— Ex-Ante (@exantecl) December 28, 2024
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