Vladimir Putin lo logró. En medio de una ceremonia grandilocuente y rodeado de cientos de sus partidarios en el Gran Palacio del Kremlin, el gobernante que lleva más de dos décadas manejando las riendas de esta potencia, asumió oficialmente su quinto mandato como presidente de Rusia. Lo que significa que -salvo que ocurra algo inesperado- continuará en el poder hasta 2030.
Pero ¿qué implica que Putin esté a la cabeza del gobierno ruso por los próximos seis años?
En primer lugar -y aunque suene obvio-, que la comunidad internacional tendrá que seguir lidiando con el autócrata que en 2014 anexó ilegalmente la península ucraniana de Crimea, que en 2015 envió tropas a Siria para combatir al Estados Islámico, pero que acabaron luchando contra los rebeldes que buscaban derrocar al presidente Bashar al Assad; el mismo que interfirió en las elecciones estadounidenses de 2016 y que en 2022 inició la primera guerra en Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Y que, con eso, asestó un golpe mortal al orden internacional vigente desde la desaparición de la Unión Soviética y el término de la Guerra Fría.
Ya en su tercer año, la guerra en Ucrania sigue siendo el principal tema que enfrenta a Rusia con Estados Unidos y los países de Europa. Un conflicto que no tiene perspectivas de término en el corto o mediano plazo, y cuyo futuro depende de importantes y estratégicos factores.
Para Putin, la apuesta es mantenerse firme, esperando que el tiempo acabe por desgastar política y económicamente a EE.UU. y sus aliados, hasta el punto de comenzar a retirar su apoyo económico y militar a Ucrania. Y que eso, finalmente, obligue a Kiev a sentarse a negociar con Moscú.
Este año hay elecciones en la Unión Europea, comicios generales en Reino Unido y presidenciales en Estados Unidos. Por eso, Putin estará muy atento a esos resultados, para comprobar si cambian sus interlocutores y, sobre todo, su relación con Rusia.
Asimismo, es importante destacar que, desde el inicio de la invasión a Ucrania, Vladimir Putin ha ido construyendo nuevas e importantes alianzas. Por ejemplo, reforzó su relación política y económica con la China de Xi Jinping, que se ha transformado en su principal aliado, en la medida que ambos comparten la visión de que Estados Unidos es su rival común.
A eso se suman sus vínculos con los regímenes de Irán y Corea de Norte, que le han vendido desde drones hasta piezas de artillería con los cuales continuar su guerra contra Ucrania. Y cuyos lazos solo prometen crecer y estrecharse en el futuro.
De esta forma, Rusia ya ha definido un eje de aliados directos y poderosos, que parecen dispuestos a seguir respaldándolo.
A su vez, en América Latina, Putin cuenta con el abierto apoyo de Cuba, Venezuela y Nicaragua, que si bien no ofrecen un respaldo en términos militares, sí lo hacen en términos políticos en todos los foros en los que participan, comenzando por Naciones Unidas.
Pero eso no es todo, porque un día antes de asumir su quinto mandato, Putin dio la orden de realizar “en breve” maniobras militares con armas nucleares tácticas debido a las “amenazas” de Occidente, en directa alusión a las declaraciones del presidente francés, Emmanuel Macron, y de algunos altos funcionarios británicos.
Macron ha planteado en varias ocasiones la idea de desplegar tropas de la OTAN en Ucrania, aunque el resto de los países de la Alianza Atlántica han desestimado esa posibilidad. Principalmente, porque se necesitaría la aprobación unánime de los actuales 32 países que integran el bloque.
Paralelamente, Putin demuestra un control firme y seguro de toda Rusia. No hay figuras que, dentro de sus filas, “le hagan sombra”. Prueba de ello fue la muerte -llena de interrogantes- de Yevgeny Prigozhin, el líder del Grupo Wagner, en agosto de 2023, tras un levantamiento de esta fuerza mercenaria en contra del gobierno ruso.
Y en términos de la oposición extraparlamentaria, con la muerte de Alexei Navalny, en febrero pasado, desapareció la última figura capaz de organizar y movilizar a las pocas fuerzas opositoras que van quedando dentro de Rusia.
Vladimir Putin es responsable de pavimentar -al menos en parte- el camino hacia una Nueva Guerra Fría, en la que un Estados Unidos agotado tras dos décadas de Guerra contra el Terrorismo, hoy intenta liderar un Occidente que ve con preocupación las amenazas nucleares de Putin, su cercanía con China y sus vínculos con Irán y Norcorea.
¿Soportará el mundo seis años más de Putin en el Kremlin? Probablemente sí, aunque a un alto precio. Y sin olvidar que, si su salud no le falla, en 2030 Putin aún podría repostularse a un nuevo mandato de seis años, lo que le permitiría gobernar Rusia… hasta 2036.
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