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Mercados emergentes sin China. Por José Manuel Silva

Director de inversiones en LarrainVial Asset Management
Canva.

De seguir incrementándose el apetito por mercados emergentes sin China, una región que recibirá muchos flujos financieros será Latinoamérica. México y Brasil han sido beneficiados durante el 2023 por esta tendencia y por sus sorpresas macroeconómicas.


Durante los últimos 20 años, la suerte de muchos de los llamados mercados emergentes dependió del gran auge económico chino. Desde la entrada del gigante asiático a la Organización Mundial de Comercio, su comercio exterior se transformó en uno de los motores de la economía global que tragaba materias primas y bienes industriales sofisticados. Los grandes beneficiados fueron tanto Chile (y su cobre), como Taiwán y Corea (la que produce, no la otra), con sus semiconductores.

Dado lo anterior, la fuerte desaceleración económica que ha enfrentado China en los últimos dos años preocupa a muchos y de prolongarse, puede cambiar el escenario global sustantivamente. No trataremos de explicar aquí el por qué de esta desaceleración, son múltiples causas: explosión de una burbuja inmobiliaria, estatismo de sus actuales autoridades, fuerte caída en su demografía, proteccionismo de EE.UU. con renovada rivalidad geopolítica. Pero frenazo hay y preocupación también.

En paralelo despega India y se transforma en el país más poblado del mundo. Su economía crecerá al 6,5% durante el 2024 y creció 7,2% durante el 2023, liderada por un boom de inversión público y privado, y por las exportaciones de servicios. Otros grandes países emergentes han sorprendido positivamente: México, Brasil, Indonesia. Entre los tres suman más de 500 millones de personas.

Dado lo anterior, se habla cada vez más de una nueva categoría de activos: mercados emergentes sin China. Como Rusia es hoy ininvertible, esta categoría estaría dominada por India, Latinoamérica, Medio Oriente y Asean. Especialmente en Estados Unidos, en donde hay un creciente rechazo a invertir en acciones o bonos chinos, ya hay numerosos fondos y algunos ETFs que siguen esta categoría. Su índice rentó un 20% durante el año 2023, mientras que el de mercados emergentes lo hizo un 9,8%. El país principal es India (22,8%), seguido por Taiwán (21,8%), Corea del Sur (17,6%), Brasil (7,9%) y Arabia Saudita (5,7%).

La razón precio/utilidad de este índice es de 16 veces y de 13 veces a 12 meses. Su retorno por dividendos 3% y la relación precio/libro 1,9 veces. Ya existe un ETF para invertir en esta realidad, su código es EMXC. Su principal acción es Taiwan semiconductors (9%), la segunda en importancia es Samsung Electronics (5%). De Latinoamérica encontramos a Petrobras (1,3%), Vale do Rio Doce (1%), Femsa (0,5%) o Walmex (0,4%). Los principales sectores son tecnología de la información (27%), Financiero (25%) y materias primas (9%).

Si uno dibuja en un gráfico la relación entre el S&P 500 y cualquier índice de mercado emergentes, se dará cuenta que estamos en uno de los puntos mínimos de los últimos 25 años. Las acciones emergentes nunca han estado tan baratas relativamente. Ello coincide con un dólar en máximos históricos frente a una canasta de monedas emergentes. Sin duda, el auge de las empresas tecnológicas norteamericanas, la sorprendente colaboración entre sus universidades y el capital de riesgo y su institucionalidad jurídica, le entregan a Estados Unidos y a su mercado de capitales una gran ventaja.

Pero como suele ocurrir, una parte de esas buenas noticias está ya en los precios. Así como las malas noticias que suelen afectar a los emergentes también lo están en sus valorizaciones. Paralelamente, Estados Unidos está manejando su política fiscal y monetaria como lo hacían antaño muchos emergentes: con bastante irresponsabilidad. Un déficit fiscal gigante, unido a derechos sociales que son difíciles de conculcar, hacen que el panorama fiscal norteamericanos se vea complejo. En los próximos años el tesoro deberá emitir trillones de dólares en nuevos bonos y a su vez deberá refinanciar otros tantos trillones en bonos que vencen. Es poco probable que el mercado absorba tanta emisión y es más probable que el FED vuelva a tener que salir al rescate. En ese contexto, el dólar probablemente se depreciará, especialmente frente a los mejores emergentes, cuyos bancos centrales hoy son más ortodoxos que el FED.

Es por ello que pensamos que durante el año 2024 volverán a ser atractivos los activos de mercados emergentes, en especial la nueva categoría antes descrita, así como los bonos latinoamericanos en moneda local que cuentan con un jugoso retorno por intereses. De seguir incrementándose el apetito por mercados emergentes sin China, una región que recibirá muchos flujos financieros será Latinoamérica. México y Brasil han sido beneficiados durante el 2023 por esta tendencia y por sus sorpresas macroeconómicas. México, además, sigue cosechando el NAFTA y el llamado “reshoring”, la relocalización de numerosas plantas industriales en su territorio para poder acceder a los mercados del norte, frente al proteccionismo de EE.UU. Paralelamente, la reciente ley que incrementa sustancialmente las nuevas cotizaciones a las Afores (AFPs mexicanas) ya hace presagiar un robusto mercado de capitales para el próximo decenio. Brasil, a su vez, sigue realizando reformas positivas en la dirección correcta. Las que partieron durante el mandato de Temer, siguieron con Bolsonaro y hoy con Lula, se han mantenido e incluso lograron aprobar una revolucionaria reforma tributaria centrada en el IVA, la que permitirá en los próximos años eliminar cinco ineficientes impuestos a las ventas, dos estatales y tres federales. Lentamente Brasil reforma su economía y en paralelo se transforma en una super potencia agrícola y petrolera. Este país ya produce más petróleo que México o Venezuela.

Chile se beneficiará de esta tendencia por rebalse. Podría encabezarla si tuviésemos un gobierno que creyera en los beneficios del crecimiento por sobre la redistribución. Es poco probable que ello ocurra en el corto plazo. Ahora, si Milei tiene éxito… eso da para otra columna.

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