Cuando tenía unos 11 años, en las calurosas tardes de un verano en La Granja, leí La Isla del Tesoro. Del mismo autor, R.L. Stevenson, leí unos años más tarde en la magnífica biblioteca del INBA el libro que titula esta columna. Un investigador, Gabriel Utterson, se dedica en la novela a develar la relación entre un antiguo amigo suyo, el Dr. Jekyll y una serie de crímenes cometidos por Edward Hyde. Spoiler alert: Jekyll y Hyde eran una misma persona.
En conversaciones y chats con destacados economistas y empresarios es un tema recurrente una pregunta parecida a la que se hizo Gabriel Utterson, pero referida a nuestro ministro de Hacienda ¿Qué le pasó al ministro Marcel, a ratos es el economista serio y brillante que conocimos siempre y a ratos uno desconocido? La pregunta se la hacen desde ex concertacionistas hasta simpatizantes de Chile Vamos.
Cuando en el verano del 2022 el Presidente Boric anunció que Mario Marcel sería su Ministro de Hacienda en esos mismos grupos hubo una gran alegría, incluso varios amigos se aventuraron a decir que este sería un gobierno socialdemócrata. Entre la turbulencia del covid, los desatinados pero reveladores anuncios de “meterle inestabilidad al sistema”, y el febril entusiasmo refundacional del proceso constituyente de la época, la noticia del ministro Marcel apareció como una balsa a la que todos abrazaban su esperanza.
Yo lo puse en duda y, como es frecuente, quedé en minoría y fui tildado de pesimista.
Mi razonamiento era:
Me pareció hace dos años que el acto de aceptación de Mario Marcel estaba al borde del heroísmo. Era obvio que el Presidente si estaba en la disyuntiva de abandonar las promesas absurdas de campaña y hacer caso a su ministro, abandonando con eso el ADN de sus convicciones y el sueño afiebrado del PC y el FA, la decisión sería seguir con el programa.
Y eso tenía solo dos caminos posibles para el ministro, abandonar el barco y salvar su prestigio profesional, o ser leal a cuidar lo que se pueda de las políticas fiscales y continuar dando la cara. Lo primero lo habría dejado como un ingenuo, que nunca ha sido, lo segundo refleja su esencia y compromiso por Chile. Ha devenido en un Mr. Hyde sacrificando al honorable Dr. Jekyll que todos conocíamos.
Pocos profesionales son tan generosos y valientes.
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