Cuando los reclutadores o head hunters buscan ejecutivos para ocupar cargos relevantes en las organizaciones suelen valorar algunas características comunes como liderazgo, orientación a resultados, habilidades negociadoras o de convencimiento, entre otras.
El problema es que este tipo de personalidades o habilidades son comunes también en los denominados psicópatas corporativos.
El famoso doctor en psicología, el canadiense Robert Hare, dice que es más habitual encontrarse individuos con rasgos psicopáticos en el sector empresarial. ¿Por qué? Porque los psicópatas corporativos tienen cualidades y virtudes que les hacen particularmente hábiles para la lucha competitiva de alta exigencia en el ambiente de los negocios actual.
Hare, que desarrolló sus investigaciones en centros penitenciarios de Canadá, ha llegado a señalar que: “si no pudiese estudiar a los psicópatas en la cárcel, mi siguiente elección sería probablemente la Bolsa de Valores de Vancouver”.
Un psicópata corporativo no es un criminal que asesina masivamente y sin remordimiento, sino un delincuente que pasa desapercibido. El problema es que cuando muchos de ellos llegan a la alta dirección, pueden causar daños a muchas personas.
Y no solo se trata de delitos, un psicópata corporativo interpreta las emociones de forma diferente a las de un ejecutivo “normal” y por ello no sufren ansiedad ni remordimientos, son calculadores, crueles y no toman responsabilidad por sus actos y pueden liderar empresas incrementando el acoso laboral, el ambiente desagradable en el trabajo y el pobre compromiso de los colaboradores.
Un psicópata corporativo sabrá que estas actitudes son incorrectas, pero al no experimentar remordimiento ni tener empatía, las ejecutará sin problema.
Pues bien, hay ocasiones en que los puestos de mayor relevancia los asumen personas con rasgos psicológicos cercanos a la psicopatía porque muchas empresas buscan emplear precisamente a sujetos carismáticos, arriesgados y altamente resolutivos pero incapaces de formar equipos viables.
Pero además, estos sujetos no son rentables para la empresa. Los equipos de trabajo que forman no duran, se multiplican los despidos y el mal ambiente y además, no dudan en recurrir a prácticas indebidas que ponen en riesgo a la propia organización en el mediano y largo plazo.
La pregunta que surge entonces es si los reclutadores (de ejecutivos o proveedores incluso) están utilizando filtros adecuados en los procesos de selección para detectar este tipo de personalidades.
No solo se trata de evaluar técnicamente a los candidatos, sino también sus competencias para desenvolverse éticamente.
¿Se puede contratar a personas que han traicionado la confianza de sus empleadores previos? ¿Y a aquellos que incumplieron flagrantemente principios éticos o normas internas?
¿Existen en verdad procedimientos que eviten abrir las puertas de la empresa a individuos peligrosos, incluyendo los que carecen de conciencia y, por lo tanto, de capacidad para adaptarse a reglas distintas de las que dicta su limitada conciencia?
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Responsabilidad penal de las empresas. Lo que viene. Por Rodrigo Reyes. https://t.co/84X3Yor59H
— Ex-Ante (@exantecl) October 3, 2024
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