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Mayo 8, 2021

Opinión: Lavín, el “patas negras”. Por Jorge Schaulsohn

Ex-Ante
Agencia Uno.

Lavín entiende la paradoja que significa que, en un país que viró a la izquierda, las encuestas le den la primera opción de triunfo en las elecciones presidenciales. Lo que se necesita es que la centroizquierda compita con él, que se diferencie de la extrema izquierda. El adversario no es solo la derecha, sino que muy principalmente el caos, la violencia política, la imposición de ideas fracasadas, el regreso a un pasado muy negativo a manos de un gobierno encabezado por la izquierda radical. El objetivo principal es preservar la democracia.

Cruzar el Rubicón. En el lenguaje popular se llama “patas negras” a quien se involucra con alguien que ya tiene relaciones amorosas con otra persona. En política, eso equivale a cruzar el “Rubicón” ideológico con una propuesta de alianza de gobierno para enfrentar un momento de crisis política e institucional extraordinaria con antiguos adversarios. En eso anda Joaquín Lavín con la centroizquierda.

  • El orden constitucional que conocemos desde 1980, con sus múltiples reformas, se está cayendo a pedazos.
  • En realidad hoy nadie lo respeta. El Congreso legisla abiertamente sobre cuestiones para las cuales carece absolutamente de competencias y, pese a eso, se convierten en ley.
  • El gobierno queda paralizado como un niño al que le robaron el chupete cuando un ministro del Tribunal Constitucional planifica una puesta en escena para informar, desde el Paseo Ahumada, que rechazará el recurso del gobierno; el Presidente, atónito, responde promulgando la ley y el Tribunal Constitucional hace presente que no debió haberse promulgado sin que se publicara su fallo.
  • Un sainete vergonzante, que representa los últimos estertores de un esquema cuestionado por la mayoría en el contexto de la inminente puesta en funciones de la Convención Constituyente, cuya tarea es redactar, desde cero, una nueva Constitución.
  • Todo este proceso está repleto de contradicciones, de cosas que como que “no calzan”.
  • El Estallido Social fue un movimiento masivo contra el orden vigente cuya víctima, en un sentido amplio, fue la derecha; pero también golpeó a la izquierda que durante los últimos treinta años gobernó Chile. Contra la Renovación socialista, los amarillos del PPD, del PR y la DC.

El relato negacionista de los logros de la transición. Con el segundo gobierno de Bachelet renació la vieja izquierda “revolucionaria”, nostálgica de la Unidad Popular, que reanudó sus lazos con el Partido Comunista en desmedro de la Democracia Cristiana; se puso término a la Concertación, surgió la Nueva Mayoría y se construyó un relato negacionista de los enormes logros de la transición, denostando a sus líderes. Así, llegaron al Congreso grupos nuevos de izquierda, marginados hasta entonces por el binominalismo, con un discurso radical y rupturista que acentuó la contradicción en el seno de la izquierda social demócrata.

  • Para entender lo que se viene, hay que partir por reconocer que el modelo económico “neoliberal” se acabó; no sobrevivirá la Constituyente. El “bacheletismo aliancista” de Lavín (que en su momento pareció un chiste de mal gusto) hoy está asumido en vastos sectores de la derecha como el único posible camino para administrar los cambios inevitables con cordura y responsabilidad.
  • Joaquín Lavín lo dijo con toda claridad en el programa “influyentes” de CNN:
  1. Asume que el “mandato” del estallido social es hacer cambios sociales profundos.
  2. Que esos cambios deben hacerse la forma rápida.
  3. Que el objetivo de un futuro gobierno es lograr que todos los chilenos vivan en un mismo país en el sentido amplio del término, disfrutando de los mismos servicios y oportunidades.
  4. Que esos cambios deberían tener una impronta socialdemócrata.
  5. Que no le incomoda el impuesto a los súper ricos ni a la minería.

La invitación. Lavín está haciendo un llamado explícito a la centro izquierda para un eventual gobierno de coalición, como el de Alemania entre social demócratas y la derecha de Merkel, en torno a un programa de cambios de verdad que garanticen una transición sostenible y ordenada hacia un nuevo Chile.

La paradoja. Lavín entiende la paradoja que significa que en un país que viró a la izquierda -que aprobó abrumadoramente un plebiscito para terminar con la constitución de Pinochet, y que busca un Estado protector y cuestiona el modelo neoliberal- sea él quien tenga (según las encuestas) la primera opción de triunfo en las elecciones presidenciales 2022. También sabe que sin una coalición de verdad con la centro izquierda, su gobierno fracasará.

  • Como consecuencia del terremoto político que fue el estallido social se movieron las placas tectónicas; se aceleró exponencialmente la evolución política de la derecha hacia el liberalismo y la modernidad; que se está depurando ideológicamente.
  • Hay una nueva derecha que tiene cierta credibilidad. Una parte de ella estuvo por el Apruebo y jugó un papel clave en los acuerdos que hicieron posible el plebiscito. Desbordes plantea un plan universal de salud, fin del CAE, y sistema mixto de pensiones (quién lo habría imaginado); Lavín acepta ideas socialdemócratas y habla de la superación del clivaje izquierda-derecha; Briones es un liberal de tomo y lomo que podría haber sido ministro de la Concertación, igual que Sichel que no milita en ningún partido político y es más bien un advenedizo en la derecha, apoyado por destacados ex democristianos.
  • Lo que falta es que renazca la centro izquierda.

Competir con Lavín y con la ultraizquierda sin complejos.  No estoy sugiriendo de ninguna manera que la izquierda democrática apoye a Lavín. Todo lo contrario, lo que quiero es que compita con él en la primera vuelta, pero con un programa propio que la diferencie y distinga de la extrema izquierda radical, de los Jadue, Jiles y Boric.

  • Que rompa el ´síndrome de Estocolmo” bajo el cual se encuentra desde que surgió la Nueva Mayoría, que se destete, que despliegue las banderas del socialismo democrático y le dispute con argumentos el electorado progresista.

El dilema: Sostengo que esta vez lo más importante no es ganar a cualquier precio, que derrotar a la derecha no es el objetivo principal, sino que preservar la democracia.

  • Que el adversario no es solo la derecha, sino que muy principalmente el caos, la violencia política, la imposición de ideas fracasadas, la erosión de la democracia, el regreso a un pasado muy negativo para el país a manos de un eventual gobierno encabezado por la extrema izquierda.

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