La portada del 24 de noviembre del prestigioso semanario británico The Economist, ilustra al presidente argentino Javier Milei con la cita “My Contempt for the State is Infinite”. En español: Mi Desprecio por el Estado es Infinito. A ello se suman apariciones y coberturas sustantivas en los principales medios del mundo financiero (New York Times, Financial Times, entre muchos otros), además de citas personales con Elon Musk y Donald Trump, mostrando cercanía y voluntad de colaboración.
Para rematar están las intervenciones en Davos, en la reunión de líderes del Mercosur y de la Asamblea de la ONU, que se han vuelto virales en redes sociales, generado impacto con mensajes directos y radicales. Mediáticamente, un año redondo, ya que puso a Argentina en el centro de la discusión en el mundo.
En el ámbito económico, el análisis es algo más complejo, producto de una política de shock sin precedentes en una sociedad democrática y sub desarrollada. A un año de la asunción de Milei, es interesante analizar los pros y contras de su primer lustro de gestión, además de los desafíos y riesgos para los años que restan:
Los pros:
Los contras:
Desafíos:
Los riesgos:
En síntesis, el primer año de Javier Milei cierra con un balance positivo desde la dimensión económica, sin duda alguna, pero con desafíos importantes en la contención de las fricciones políticas y sociales. Si el 2025 se logra el probable rebote en crecimiento económico en un rango de 7-10%, esto debiera condicionar las elecciones legislativas del próximo año en favor del oficialismo.
Sumado a un contexto de estabilización económica y financiera, y al despliegue de una estrategia energética de envergadura, permitirían dar un salto cualitativo en inversión extranjera, comercio internacional, y crecimiento de largo plazo en el país trasandino, que debieran inclinar la balanza en favor de la continuidad presidencial de Milei en el 2027.
Que Argentina tenga buenas expectativas, es bueno para Chile y la región, dado que China, Estados Unidos y Latinoamérica, son los principales socios comerciales de cada uno de los países de la región. De igual manera, un PIB creciendo en Chile a 2% anual y de 5% en Argentina durante 5 años, bastaría para igualar el ingreso per cápita entre ambos países antes del 2029, lo que debiera generar un efecto spillover (la idea de que algunos se benefician (o perjudican) indirectamente de ciertas actividades o acciones realizadas por otros) en torno a la necesidad de más crecimiento económico, eficiencia y productividad, no sólo en nuestro país sino que en toda América Latina.
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