– ¿Cómo se debe avanzar en materia de inmigración, un sector como la agricultura ha dicho requiere en esta temporada un número importantes de trabajadores?
– Primero, veámoslo a nivel país. Creo que hay consenso en que no queremos inmigrantes irregulares en Chile. Decimos: ´Bienvenidos los inmigrantes con visa de trabajo, de forma regular y formal, porque los necesitamos para el crecimiento económico y para desarrollar proyectos en distintas partes del país’. Por eso, es fundamental “ordenar la casa”.
Vivimos en un mundo globalizado. Un millón y medio de chilenos han salido al extranjero a trabajar, y un millón y medio de inmigrantes han llegado a Chile. Sin embargo, una parte importante de ellos son inmigrantes irregulares. Necesitamos trabajar en una fórmula que nos permita saber quiénes son, cuál es su nombre, su carnet de identidad, sus huellas dactilares. No podemos desconocer quién está en el país.
-¿Cómo?
Muchos de estos inmigrantes tienen arraigo familiar y laboral, y debemos abordar esta realidad. Aunque sé que esto puede no ser popular, considero que la regularización acotada que implementó el presidente Sebastián Piñera en dos periodos es un buen ejemplo: en un caso se regularizaron más de 130.000 personas, y en otro, más de 140.000. Hoy necesitamos encontrar una nueva fórmula para avanzar en este proceso.
-¿Qué implicaría una regularización acotada?
-Significa que los inmigrantes se autodenuncien y que se estudie su situación caso a caso. Esto beneficia al país, ya que no podemos tener un número tan alto de personas en la irregularidad. Por ejemplo, en un periodo reciente se empadronaron 192.000 personas.
-¿Cuál es el principal temor frente a este tipo de procesos?
-El miedo radica en que podría incentivarse la llegada de más inmigrantes irregulares. Esto se soluciona con medidas prácticas: delimitar que el proceso de regularización solo para quienes ingresaron al país hasta una fecha específica. A partir de ahora, debemos reforzar el control en las fronteras y tener una ley de migración acorde a un mundo globalizado.
-Algunos argumentan que regularizar inmigrantes podría incentivar su llegada. ¿Qué opina de este planteamiento?
-Es un argumento válido, pero invito a quienes tienen esta aprensión a debatir el tema. No podemos permitir que la irregularidad se mantenga. Tener un alto número de inmigrantes irregulares en Chile es insostenible.
-¿Es viable expulsar a todos los inmigrantes en situación irregular?
-No, es inviable. Además, tiene un costo altísimo. Por eso, el llamado es a que los inmigrantes se autodenuncien, como se ha hecho en otros países, como Estados Unidos y Canadá. Esto permite evaluar si tienen arraigo familiar, laboral, antecedentes intachables y no enfrentan problemas penales. Es una fórmula práctica que beneficia al país. Invito a dejar las ideologías de lado y abordar este asunto de forma técnica, porque es urgente para nuestra sociedad saber quiénes están en Chile.
-Desde el sector agrícola, ¿qué rol juegan los inmigrantes en sus labores diarias?
-Nosotros, como sector agrícola, no podríamos realizar nuestro trabajo sin inmigrantes. Por eso decimos: bienvenidos, pero con visa de trabajo. Un ejemplo claro es la cosecha de cerezas: en seis semanas debemos recolectar 125 millones de cajas, lo que requiere 400.000 personas. Sin inmigrantes, esta labor sería imposible.
Muchos inmigrantes, como los bolivianos, vienen a trabajar temporalmente y luego regresan a su país. Por eso es crucial contar con visas temporales por faena específica. Necesitamos una ley de inmigración moderna que aborde esta realidad. También hay inmigrantes que optan por residir en Chile, lo cual plantea desafíos distintos. Pero el mensaje desde la agricultura es claro: necesitamos regularizar y ordenar la casa.
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