La salmonicultura es uno de los grandes motores del sur de Chile. Genera más de 86 mil empleos directos e indirectos en las cinco regiones sur australes de nuestro país y, en apenas cuatro décadas, ha llevado a nuestro país a competir de igual a igual con Noruega, una de las economías más avanzadas del mundo, en mercados internacionales exigentes por su calidad y certificaciones.
Para dimensionarlo, Chile exporta el doble de salmón que lo que Argentina exporta en carne, siendo el salmón la proteína animal con menor huella de carbono y el mayor aporte nutricional de entre todas las proteínas terrestres. Es un reconocimiento que aún nos debemos como país.
Lo anterior, posiciona a Chile como el segundo productor más relevante del mundo en la producción de esta proteína, pero enfrenta un momento crucial. Corremos el riesgo real de perder terreno frente a competidores que avanzan con rapidez. Si no tomamos acciones concretas, podríamos ver erosionada nuestra posición global, afectando no solo a la industria, sino también a miles de familias chilenas que dependen de ella.
Mientras Noruega avanza con una visión de Estado que alinea a autoridades, sociedad civil, empresas y comunidades, en Chile enfrentamos una realidad distinta. En la última década, la industria salmonera nacional creció apenas un 1,6% anual, mientras que Noruega está ejecutando un plan para quintuplicar su capacidad en pocos años, consolidándose como líder indiscutido del mercado global.
Por el contrario, en Chile nos enfrentamos a trabas que frenan nuestro desarrollo. Por ejemplo, la relocalización de centros salmoneros lleva 14 años sin avances significativos. Esto no es una cuestión técnica que se deba a falta de recursos, sino a una falta de coordinación y visión estratégica a nivel país. Quien no avanza, retrocede.
Es importante reconocer que, como toda industria productiva, la salmonicultura enfrenta desafíos. Sin embargo, los avances tecnológicos y de infraestructura han reducido significativamente estos efectos, posicionando al salmón chileno como una de las proteínas animales más sostenibles del mundo, según entidades como la Food and Drugs Administration (FDA) de Estados Unidos.
La salmonicultura puede ser una fuente de orgullo para Chile, no desde la arrogancia, sino desde la certeza de que procuramos hacer las cosas bien y que podemos mejorarlas. Para lograrlo, necesitamos un diálogo amplio, constructivo y orientado al futuro, que integre a todos los actores y priorice soluciones por sobre críticas destructivas.
El sur de Chile es un lugar único, lleno de oportunidades. Trabajemos juntos para protegerlo, potenciarlo y asegurar que siga brillando en el escenario global como merece.
La industria salmonera abre sus puertas para quienes quieran conocer más, preguntar, sugerir y colaborar con ideas para avanzar en un camino estructurado y real. Las críticas que busquen dividir o apagar las esperanzas de las familias del sur de Chile no son bienvenidas, sino aquellas que efectivamente nos desafíen a ser mejores.
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Opinión | “La inflación en Chile ha enfrentado varios desafíos en los últimos años […]. Aunque el Banco Central ha tomado medidas importantes para controlarla, aún queda trabajo por hacer”.https://t.co/mvy2gAMkGH
— Ex-Ante (@exantecl) February 19, 2025
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