Audacia y temeridad son dos caras de la misma moneda, pero la diferencia entre ambas puede marcar la frontera entre el éxito y la tragedia. Mientras que la audacia es valentía acompañada de inteligencia y cálculo, la temeridad es un arrojo ciego que ignora los riesgos.
En la mitología griega, la historia de Ícaro y Dédalo ilustra perfectamente esta distinción. Dédalo, ingenioso y prudente, diseñó unas alas de cera y plumas para escapar del laberinto de Creta. Sabía que debía volar a una altura moderada para evitar el peligro.
Su hijo Ícaro, en cambio, fue temerario: embriagado por la emoción, ignoró las advertencias y se elevó demasiado cerca del Sol. La cera de sus alas se derritió y cayó al mar, convirtiéndose en símbolo de la imprudencia desmedida. Así, la historia nos recuerda que la valentía sin reflexión no es una virtud, sino un riesgo innecesario que puede acabar en desastre.
Si observamos el panorama internacional, vemos un mundo girando en una dirección impensable hace apenas unos años. En Argentina, Milei y su equipo económico están desactivando la bomba de tiempo dejada por la dinastía Kirchner y sus antecesores.
Enfrentado al desastre, con una retórica explosiva, populista y temeraria —detestada por muchos pero efectiva— ha logrado lo impensado en Argentina: reducir la inflación a niveles aceptables. Sin embargo, el “Peluca” Milei también ha demostrado temeridad al respaldar una criptomoneda de dudosa reputación, lo que le ha dado a sus adversarios un nuevo aire. A Milei se le derritieron las alas; veremos si logra remontar el vuelo.
En nuestra propia y querida política chilena, ambos conceptos —audacia y temeridad— se mezclan peligrosamente en manos de presidentes, ministros, senadores, diputados y toda la vasta fronda de funcionarios que integran los poderes del Estado.
En la actual reforma de pensiones, nuestros políticos, quizás embriagados por la emoción (y la presión) de lograr un acuerdo, acabaron aprobando una reforma con muchas incertidumbres. Sus implicancias, especialmente en el empleo formal, aún están por verse. Sin duda, la reforma tiene aspectos positivos, como la consolidación del sistema de capitalización individual en un gobierno cuyo lema (uno de tantos) era “No + AFP”. ¿Audacia o temeridad? Más temprano que tarde lo sabremos.
En materia impositiva, seguimos viendo novedades temerarias de la mano del ministro de Hacienda, Mario Marcel, quien intenta impulsar una reforma tributaria incomprensible en pleno año electoral presidencial. Su enfoque apunta al aumento de impuestos a las personas, afectando directamente a la clase media.
Atrás quedaron los elogios que alguna vez la élite económica le brindó a Marcel; de pronto, nos encontramos con lo evidente: aunque técnicamente es un buen economista, es de corazón socialista y, por supuesto, ministro de Boric.
Por otro lado, parece audaz la estrategia de la derecha al sembrar dudas sobre el estado de las finanzas públicas y el excesivo gasto fiscal, preparando así el debate para esta nueva reforma tributaria. Sin embargo, hasta ahora no conocemos un texto concreto, solo ideas y anhelos.
Frente a este verdadero laberinto en el que se encuentra Chile, con un Estado cada vez más débil financieramente, lo único viable es construir, como Dédalo, unas alas que nos permitan escapar de la trampa de los ingresos medios.
Esas alas no son otra cosa que estimular la capacidad emprendedora y la generación de riqueza de los ciudadanos, con impuestos bajos, acordes a la realidad, e incentivos tributarios al ahorro y la inversión. El poder económico lo tienen los ciudadanos, no el Estado chileno como generador de riqueza, le pese a quien le pese.
Ahorro y pensiones: Lo pendiente con los independientes (y la voluntariedad). Por Paulina Yazigi.https://t.co/kiUgqQivTO
— Ex-Ante (@exantecl) February 21, 2025
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