Como es habitual en esta fecha, los fanáticos del running entramos en tierra derecha en la preparación de las maratones de comienzos de año. Estamos a siete semanas de la maratón de Santiago, por lo que básicamente ya pasamos la mitad de un calendario tipo de 16 semanas de entrenamiento. Parece que vamos muy avanzados, pero quedan 2 a 3 “largos” (trotes eternos de unos 30 km) y, lo más importante, correr y terminar con la frente en alto la maratón y estar dignos al día siguiente. Literalmente, faltan muchos kilómetros por recorrer para declarar tarea cumplida.
Algo parecido pasa con la actividad económica. Bastante a menudo tratamos de concluir el ciclo antes de tiempo, y aunque pareciera que el año vuela, hay que recorrerlo completo. Y recién vamos en el primer trimestre.
Hacia el cierre del 2024 e inicios de 2025, festejamos las buenas cifras de crecimiento, lo que incluso abrió un debate entre economistas pesimistas y autoridades optimistas. Tomando algo de altura, el debate no tiene demasiado mérito, considerando que décimas más, décimas menos, las lecturas de crecimiento no se alejan mucho de la tendencia de 2% anual, el potencial de Chile.
Sin ir más lejos, el dato de febrero en bruto mostró una caída de 0,1% anual para el Imacec total y un incremento de 0,9% si excluimos minería, uno de los sectores que mayor efecto mostró por el día menos de febrero en 2025, y el apagón.
¿Debiéramos deprimirnos ahora con este registro y dejar nuestra preparación para la maratón? No, porque limpiando las cifras, la expansión de febrero estuvo en un rango de 1,5% a 2% anual y, aunque sea obvio, estos shocks no se repetirán. De hecho, las estimaciones ya apuntan a una expansión cercana a 2,5% anual para marzo. En otras palabras, pasado el evento, volvemos a nuestra ruta.
Pero hay eventos que, aunque cada vez es más difícil dimensionar y estimar su impacto, están latentes y algunos anunciados. No se han gatillado del todo, pero tienen una muy elevada probabilidad de ocurrencia. Además, es bastante más visible el periodo en que se darían, o al menos, más que un apagón por una falla involuntaria del sistema.
La agenda de tarifas de la administración Trump es uno de ellos. Destaca el comentado Liberation Day, donde la guinda de la torta serían los aranceles recíprocos con los que Estados Unidos busca “equilibrar la balanza” con sus socios comerciales que aplican aranceles o impuestos al consumo que perjudican a sus empresas.
En base a algunos datos efectivos bajo lo esperado, estimaciones de cómo reaccionaría la economía a estas medidas, y un notorio pesimismo en algunas encuestas de confianza a hogares, se comienzan a acumular las correcciones a la baja en crecimiento para EE.UU. para 2025 (y en algunos casos también para 2026), ciclo que inició la propia Reserva Federal en sus proyecciones publicadas en marzo.
Se suman escenarios menos optimistas para la bolsa americana, tasas de interés de largo plazo marcadamente a la baja en esa economía (y por debajo de las tasas de corto plazo, la temida pendiente negativa de la curva de rendimiento).
Si bien hasta el momento el resto de los mercados ha tenido un mucho mejor desempeño que EE.UU., incluidas las economías emergentes, de la mano principalmente de un dólar que ha perdido prácticamente todo lo ganado desde la elección de Trump, y precios de metales al alza en el caso de Chile (no sabemos por cuanto tiempo), no conviene tentar a la suerte.
Una cosa es que EE.UU. se desacelere, otra muy distinta es que sufra un frenazo significativo (o incluso una recesión). En escenarios así de adversos, si bien podríamos llegar a ver recortes de tasas de parte de la mayoría de los bancos centrales desarrollados y emergentes, el flujo de salida desde activos emergentes podría más que compensar ese paliativo. En línea con esto, la actividad local se resentiría, de la mano de una caída en términos de intercambio (precio del cobre), menor crecimiento global, junto a condiciones financieras globales (costo del crédito) más elevado.
Así, conviene mantener la disciplina, algo que ha venido retornando lentamente a nuestra economía, estar cautos a las señales externas y ser flexibles para ajustar la política económica en caso de ser necesario. Algo muy parecido a entrenar una maratón, para no solo completar los 42 km, sino que estar dignos al día siguiente.
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