¿Qué significa que 8 de cada 10 personas dejen de comprar una marca porque dejaron de confiar en ella?; ¿Qué genera que un ciudadano indeciso decante su opción electoral por uno u otro candidato?; ¿Qué motiva que escojamos entre un modelo u otro a la hora de comprar un vehículo?; ¿Por qué a la hora de contratar un seguro de salud lo hacemos con determinada prestadora?.
En todas estas respuestas, los criterios entre una u otra persona por cierto que pueden variar. En el caso del auto, puede ser el precio o características de seguridad. En el seguro, la recomendación de un familiar por su experiencia positiva. Sobre la candidatura electoral, la cercanía a las ideas económicas o de seguridad pública puede ser un movilizador y ayudar a conquistar el voto de un indeciso. En el día a día, son innumerables las instancias en que actuamos y reaccionamos en base a la (des)confianza.
La primera pregunta es uno de los datos reflejados en el Estudio de Confianza de PwC Chile junto a la UDP y la Asociación Chilena de Seguridad (Achs), y responde específicamente a qué hicieron los consumidores una vez que ocurrió un hecho que dañó su confianza. La calidad deficiente del producto, incumplimiento de posventa y cobros indebidos, aparecen como las experiencias principales que han provocado esta reacción.
El trabajo desarrollado en este proyecto permite contar con una radiografía profunda de cómo perciben la confianza los consumidores, colaboradores y directivos en todo el país.
La economía, los negocios, las decisiones de compra, los criterios de inversión (o de no invertir), están estrechamente vinculados a la confianza, ya sea en personas, instituciones, productos o en las reglas del juego. Por ejemplo, en el marco institucional para promover la inversión y reducir la incertidumbre que desalienta proyectos. O también en cómo nos relacionamos, respondemos y nos comportamos entre distintos actores para aportar a una cultura de las cosas hechas de buena manera.
La confianza se ha convertido en un activo estratégico para las organizaciones, ya sean públicas o privadas, y en el caso específico de las empresas, es un factor que influye en la sostenibilidad, el crecimiento y la legitimidad.
Chile tiene un marco empresarial cada vez más robusto, con gremios y liderazgos que ayudan a impulsar un clima de responsabilidad frente al rumbo del país, promoviendo espacios de diálogo constructivos y agendas de colaboración.
En términos concretos, la actividad empresarial es fundamental en el progreso de Chile y su camino hacia el desarrollo integral. Por distintas razones, la meta de alcanzar el desarrollo se ha ido desdibujando pero no podemos quedarnos en el diagnóstico crítico y urge pasar a la acción.
En ese desafío, seguir generando puentes de confianza es uno de los elementos clave para que avancemos en una dirección más positiva de mayor crecimiento, empleos formales, aumento de salarios y mejores políticas públicas en materias tan fundamentales como la seguridad, educación, salud, entre otras. En tiempos tan exigentes, es tarea de todos avanzar en ese propósito.
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