Mis hijos llevaban días viendo los despiadados juegos de Mr Beast. Esos en que, a través de distintas pruebas, los participantes se enfrentan a una serie de agrios dilemas en que se debe escoger entre salvar a su mejor amigo o compañero de competencia, o al más adecuado para la siguiente etapa. Finalmente, tratando de ser empático con ellos, les sugerí que hicieran cosas más productivas y enriquecedoras. La dinámica de este “juego” me recordó la clásica escena en que Donald Trump despide a los concursantes en El Aprendiz, su programa de emprendedores, sin piedad alguna.
Hace unos días, Trump lo hizo de nuevo, pero no en un programa de televisión. Despidió a la jefa de la oficina de estadísticas laborales porque no le gustó que los datos de empleo resultaran tan débiles para el mes de julio, con la creación de 73 mil puestos, a lo que sumó una gran corrección a la baja en los datos de los meses previos. Es como si el presidente Boric o el ministro Marcel despidieran al jefe del INE (Instituto Nacional de Estadísticas) luego que se publicara que se crearon solo 141 empleos a nivel nacional en los últimos doce meses o, lo hiciera en caso de que el incremento del IPC para julio, que conoceremos este viernes, superara con creces el 0,7% mensual que se espera.
En el caso de la Reserva Federal, con su presidente Jerome Powell a la cabeza, el resultado a la fecha ha sido distinto. Si bien ha habido múltiples rumores, y comentarios explícitos de Trump, no se ha querido (o podido) remover Powell a pesar del desaire que ha hecho a la “recomendación” de recortar las tasas de interés por parte del gobierno.
La visita de Trump a la obra de remodelación a sus edificios históricos, para comentar, sin mayores filtros lo que, él pensaba, debía ser la conducción de política monetaria, marcó un peak de este episodio, previo a la última reunión de la Reserva Federal.
Si bien uno podría pensar que los efectos finalmente han sido irrelevantes, la verdad es que los activos de EE.UU., el dólar, los bonos del tesoro y la bolsa, han sufrido volatilidad y castigos en medio de estos hitos, junto con el ir y venir de los anuncios de aranceles. Si esto no es gratis para una economía como la americana, menos lo será para una humilde economía como la nuestra.
Por suerte, o robustez de nuestra institucionalidad, los malos datos solo se explican o se interpretan de la manera más cómoda para la autoridad de turno, pero en ningún caso se atacan de lleno cuando no son favorables para el discurso del gobierno. Asimismo, si bien algunos ministros de Hacienda han realizado en el pasado algún leve guiño a la política monetaria, siempre han aclarado la total independencia del Banco Central a reglón seguido.
Sin embargo, una versión más sutil de este tipo de decisiones o embates es el frecuente desconocimiento o desdén por los datos y el análisis robusto de parte de algunos de nuestros políticos, especialmente en épocas de campaña.
Solo por nombrar un par de ejemplos, querer desaparecer los efectos e impactos de la inflación a través de la eliminación de la UF o desconocer los efectos inflacionarios que tuvieron los retiros de fondos de pensiones y volver a respaldarlos, nos muestra que en Chile no somos inmunes a impulsar medidas que, porfiadamente, pretendan sepultar el dato más que enfrentarlo.
Y a nivel de independencia y protección del análisis y políticas aplicadas, no hemos estado exentos de llamativos emplazamientos a organismos autónomos en ocasiones en que el resultado de los informes no ha acomodado del todo a algunas autoridades, en particular en el Congreso.
Más vale cuidar la institucionalidad que tenemos y recordar que mientras fuimos los mateos del barrio gozamos de una de las épocas de mayor ganancia en desarrollo. No apostaría a que los mercados globales nos traten como a EE.UU. si nos desviamos del camino en este aspecto.
Esperemos que, más allá de las tendencias e ideologías políticas, la mayoría de las campañas presidenciales se enfoque en resolver los nudos actuales de nuestro país, dejando de lado propuestas que puedan sonar populares o con alto rating, pero que carecen de sustento institucional.
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