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Septiembre 2, 2025

Es lo que hay. Por Felipe Jaque

Economista jefe Grupo Security

Un magro 1,8% de expansión en julio versus un año atrás, pasa sin mayores ruidos al encontrarse dentro de lo esperado y mostrar una recuperación respecto del mes anterior, dejando el país encaminado hacia una expansión algo por debajo del 2,5% en el año.


Estos últimos días conocimos nuevos datos económicos para Chile. Por supuesto, acompañados de la clásica controversia que se genera en torno a las cifras de empleo. Para algunos son una crisis, para otros una situación compleja. Este debate sin duda alimenta una serie de hipótesis y análisis que buscan entender un alicaído mercado laboral, que da cuenta que, en resumen, a todos les preocupa el tema de una u otra manera.

Con las cifras de crecimiento el fenómeno es algo distinto. Hay un sinnúmero de miradas a los datos sectoriales y su impacto en el desempeño general del país. Desde los extranjeros impulsando el comercio, la volatilidad del sector minero, la lentitud de la construcción, la manufactura ligada a demanda externa, entre otras situaciones. Pero un magro 1,8% de expansión en julio versus un año atrás, pasa sin mayores ruidos al encontrarse dentro de lo esperado y mostrar una recuperación respecto del mes anterior, dejando el país encaminado hacia una expansión algo por debajo del 2,5% en el año.

Algunos incluso festejan que los analistas que proyectamos un crecimiento 2025 más cerca del 2% a comienzos de año, nuevamente estábamos equivocados. Pero sin entrar en ese debate, aparecen un par de argumentos que es bueno considerar.

Como me comentaban en una muy buena conversación en la radio sobre el tema esta semana, todos estos números se dan en un contexto que, lejos de ser adverso como muchos analistas esperábamos al inicio de la disruptiva administración Trump, ha generado condiciones externas bastante positivas para los mercados emergentes y para Chile en particular.

Si bien se espera que la economía global sufra una desaceleración relevante en la segunda mitad de este año y en 2026, la actividad ha continuado mostrando una resiliencia muy notable. De las cifras de EE.UU. y China, los principales motores de la economía mundial, no podemos decir que Chile esté en problemas en ese frente.

En términos de intercambio, otra de las variables clave del escenario externo, índices como los precios de exportaciones versus precios de importaciones, con el cobre y petróleo dentro de los principales componentes, estos se ubican dentro de los más altos de las últimas dos décadas para economías como la chilena. Nuevamente, ni un atisbo de nubes grises para nuestro país.

Si bien Trump se queja de las elevadas tasas de interés en EE.UU., aunque parte de su incremento reciente sea en parte su responsabilidad (sobre todo para las de más largo plazo), sus niveles no son particularmente contractivos. Es más, las primas por riesgo que paga Chile y nuestras empresas en la deuda emitida en dólares están en mínimos histórico, lo que configura un escenario menos complejo. Podrían estar más bajas, es cierto, pero no podemos culparlas de hacer el año cuesta arriba.

Como diría un amigo estadístico, una cosa es la media, otra cosa es la volatilidad. Para ser justos, la incertidumbre que generan las dinámicas de negociación de Trump, los ruidos a los mercados financieros de sus rudas decisiones sobre las cabezas de las principales instituciones económicas no ayudan a una fluida toma de riesgo de las empresas. Tampoco ayuda la incertidumbre a nivel local que se ha generado por múltiples ruidos institucionales en los últimos años, ni las propuestas poco felices que surgen del Congreso y que desafían el buen comportamiento de políticas económicas que eran el sello de Chile.

Así las cosas, al contrario de lo anticipado, hemos tenido un año mejor de lo esperado para los mercados emergentes y, si bien vamos a terminar creciendo cerca del techo del rango que estimó el Banco Central en diciembre pasado para 2025 (con bastantes factores a favor), parece que no queda más que conformarse. En materia de crecimiento, de no mediar cambios sustantivos en cómo venimos haciendo las cosas, es lo que hay, aunque sin duda quisiéramos más.

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