Durante estas Fiestas Patrias, lamentamos la ocurrencia de 563 accidentes de tránsito, más de 400 detenidos por conducción imprudente, y 23 fallecidos en accidentes viales. Más allá de las cifras, lo preocupante es el patrón que se repite: año a año persisten conductores y peatones cuyas conductas riesgosas se han normalizado, a pesar de conocer sus peligros y consecuencias.
El estudio “Trayectos en riesgo: velocidad, apuro y seguridad vial”, desarrollado por la Achs y Datavoz, revela una paradoja inquietante: el haber tenido un accidente vial de gravedad no necesariamente implica un cambio en las actitudes a la hora de manejar. El estudio arroja que uno de cada cinco conductores admite exceder los límites de velocidad para llegar a tiempo, y la mitad lo hace una o más veces por semana.
El 32,7% reconoce la dificultad de evitar mirar el celular mientras maneja, y cerca de un tercio señala que la fatiga o los horarios laborales afectan directamente su nivel de alerta. Además, el 10,5% de los automovilistas y el 8,8% de los motociclistas declara conducir sin la licencia correspondiente.Todo esto ocurre incluso cuando el 21,3% ha sufrido —o conoce a alguien que en los últimos 5 años ha sufrido— un accidente grave que requirió atención médica y licencia.
Estas cifras hablan de un problema profundo: hemos naturalizado prácticas que ponen vidas en riesgo y que muchas veces pueden tener consecuencias graves o incluso fatales. Cuando los accidentes son graves, los siguen un camino de recuperación y rehabilitación que puede tomar meses o años de trabajo arduo para retomar o recuperar funcionalidades y capacidades.
En la Achs creemos que la prevención debe estar basada en evidencia. Nuestro rol como mutualidad es también, generar conocimiento, levantar datos, identificar patrones y traducir esa información en políticas de prevención, herramientas como simuladores de manejo, estrategias y campañas ciudadanas que promuevan una convivencia vial más segura que estén disponibles tanto para trabajadores de entidades adheridas como a la comunidad en general.
La seguridad vial no se construye únicamente con leyes o fiscalización: requiere responsabilidad individual y compromiso colectivo.
Fechas como las Fiestas Patrias nos recuerdan que celebrar debe ser sinónimo de encuentro, no de tragedia. Por eso, el llamado es claro: respetemos las normas, conduzcamos a la defensiva, pongamos atención al entorno, usemos los cruces peatonales habilitados, miremos hacia ambos lados al cruzar una calle y hagamos de cada trayecto un espacio seguro. Avanzar hacia un Chile sin accidentes viales es una tarea compartida, y cada decisión cuenta.
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